I.
LA CIENCIA DEL HOMBRE: OBJETO Y MÉTODOS.
Los
propósitos que Hume se trazó en su quehacer filosófico, así como los
principios de su metodología están presentados explícitamente en la
introducción al Tratado. En esta obra Hume se propuso elaborar “un sistema
completo de las ciencias, edificado sobre un fundamento casi enteramente
nuevo, y el único sobre el que las ciencias pueden basarse con seguridad”.
(T., Intr.)
Hume
comienza .por defender en el Tratado la relación existente entre todas las
ciencias y su dependencia con respecto a la que él llama "Ciencia del
Hombre" o "Ciencia de la Naturaleza Humana", (también
denominada por Hume "filosofía moral", por oposición a la filosofía
natural). Sostiene Hume que esta dependencia se da no sólo en aquellas
disciplinas que se encuentran más estrechamente ligadas a la naturaleza
humana, como la lógica, moral, estética y política (T., 25-35), sino también
las matemáticas, la filosofía natural y la religión natural, "que se
hallan bajo el conocimiento de los hombres y son juzgadas por sus poderes y
facultades". La ciencia del hombre posee, pues, una importancia
prioritaria; para él, "no hay cuestión de importancia cuya decisión no
se halle comprendida en la ciencia del hombre... "), y es necesario
establecerla primeramente sobre unos fundamentos firmes sobre los cuales
puedan apoyarse las restantes ciencias. Se trata ver "si la ciencia del
hombre no admite la misma precisión de la que varias partes de la filosofía
natural son susceptibles. Parece que hay razones de sobra para imaginar que
esta ciencia puede ser desarrollada según el máximo grado de
exactitud." (T., 15-22). El propósito de Hume es el de acercarse a la
naturaleza del hombre para descubrir, mediante un riguroso examen, mediante un
análisis exacto y un justo razonamiento, aquellos principios que regulan
nuestro entendimiento, excitan nuestros sentimientos y nos hacen aprobar o
desaprobar cualquier objeto acción o conducta particular.
La
pregunta que se hace el autor es ¿por qué medio podríamos acceder al logro
de esta ciencia para la que se reivindica la misma y plena certidumbre con que
otras ciencias están dotadas? El autor rechaza los procedimientos
especulativos, conceptuales o axiomáticos de la mayor parte de la tradición
filosófica por haber intentado penetrar en asuntos totalmente inaccesibles al
entendimiento, y señala que los únicos procedimientos válidos para
establecer la ciencia pretendida son la experiencia y la observación:
"Del mismo modo que la ciencia del hombre es el único fundamento
sólido para las otras ciencias, la única fundamentación sólida que podemos
dar a esta ciencia debe basarse en la experiencia y en la observación”.
El Tratado representa, pues, un intento de introducir el método
experimental de razonamiento en los asuntos morales, y un compromiso de no
extraer conclusión alguna que no se halle autorizada por la experiencia. Como
se puede observar, la experiencia constituye no sólo la base de nuestra
ciencia, sino también su límite. Hume se propone, pues, fundar enteramente
en la experiencia sus análisis rigurosos sobre los principios de la
naturaleza humana.
Así pues, los postulados o aspectos fundamentales del programa humeano
son:
1.-Permanencia y uniformidad en el tiempo y en el espacio de la
naturaleza humana: Hume pretende llegar a conocer la extensión y fuerza del
entendimiento, la naturaleza de las ideas y las operaciones que realizamos al
razonar. La estructura y composición de la mente es en todos los hombres la
misma. Por tanto, basándose en esta uniformidad de la naturaleza humana
pretende determinar, mediante una investigación rigurosa, basada en la
experiencia y en la observación, los principios que rigen las operaciones del
entendimiento, las pasiones los sentimientos y la conducta de los hombres, es
decir, aquellos principios y operaciones. constantes y universales de la
naturaleza humana (éste es el objeto de la Ciencia del Hombre). Adviértase
la preocupación humeana por el origen y alcance del conocimiento.
2.-Carácter fundamental de la Ciencia de la Naturaleza Humana, en
tanto que fundamento de todo el sistema de las ciencias.
3.-La observación y la experiencia constituyen el único fundamento
seguro de nuestro conocimiento. La aplicación del método experimental de
razonamiento (frente al método deductivo a priori) supone el reconocimiento
de la experiencia y de la observación como el origen y el limite del
conocimiento cierto, esto es, como las únicas fuentes legítimas del
conocimiento. Ello comporta por parte de Hume el rechazo de todos los
supuestos, principios o "cualidades ocultas" que carezcan de
evidencia empírica en su favor, pues sólo serían meras conjeturas
especulativas incontrastables mediante la experiencia. La curiosidad humana,
si quiere evitar caer en el error, no debe explicar los últimos principios
yendo más allá de los límites impuestos por la experiencia. Para Hume, la
experiencia constituye la gran guía de la conducta humana.
4.-Rechazo de la metafísica racionalista y de la superstición
(eufemismo que Hume emplea para referirse a la religión), por ser
consideradas por Hume como los enemigos de la auténtica filosofía. Como
podremos comprobar a lo largo de estas páginas, Hume lleva a acabo en su obra
una labor crítica destructora de la Metafísica - de sus conceptos de
sustancia y causalidad- y de la religión, a las que Hume considera como
refugio de la ignorancia y de la superstición. Por tanto, el verdadero objeto
de su crítica será la filosofía y la teología racionalistas de su tiempo,
así como toda doctrina constituida por enunciados que resulten inverificables
por la experiencia. La pregunta que se halla en la base de la obra de Hume es
la pregunta por los límites del entendimiento humano: se trata de dilucidar
cuál es el alcance del entendimiento, a fin de evitar los peligros que
conlleva sobrepasar sus límites. "Hay que cultivar -dirá Hume- la
verdadera metafísica, para destruir la falsa y adulterada". El espíritu
ilustrado de Hume se explicita en su propósito de "liberar a la mente de
los hombres de la superstición religiosa y del fanatismo filosófico".
No olvidemos que la obra de Hume está íntimamente comprometida con
cuestiones morales y sociales: si llegamos a conocer la efectiva naturaleza
humana, sabremos cómo piensan y actúan los hombres y, de este modo, podremos
adecuar las instituciones sociales a sus verdaderos intereses y necesidades.
En
conclusión, el proyecto de Hume, abarca dos dimensiones fundamentales, e íntimamente
relacionadas, a saber:
-Una
de carácter epistemológico: determinar el alcance del entendimiento humano,
descubriendo los principios que lo regulan.
-Otra
de carácter moral: descubrir los principios que gobierna nuestros juicios
morales.
II.-
LA DOCTRINA DE HUME SOBRE LAS IMPRESIONES E IDEAS.
Hume
fue influido por el empirismo inglés de Locke (no hay ideas innatas, todas
nuestras ideas provienen de la experiencia), pero, más radical que él, negará
las reliquias metafísicas de éste (concepto de sustancia e idea de causa).
Podemos decir que el empirismo inglés alcanza con Hume su culminación
doctrinal, culminación que representa una ruptura radical con la metafísica
occidental.
La
crítica de Hume a la metafísica racionalista y a la religión se llevará a
cabo desde su Teoría del Conocimiento. Hume comienza por dividir todos los
elementos de nuestra experiencia y conocimiento ("percepciones"),
esto es, todos los contenidos de nuestra mente en dos clases: impresiones e
ideas. La "diferencia entre ellas consiste en los grados de fuerza y
vivacidad con que se presentan a la mente y se abren paso hasta nuestra.
conciencia o pensamiento. Aquellas percepciones
que entran con mayor fuerza y viveza podemos denominarlas impresiones,
y bajo este nombre comprende todas nuestras sensaciones,. pasiones y emociones
que hacen su primera aparición en el espíritu. Por otro lado, por ideas
entiende Hume "las imágenes débiles de las impresiones en el
pensamiento y en el razonamiento. Por tanto, la diferencia entre estas dos
clases de percepciones reside en su diferente grado de fuerza o vivacidad:
"el pensamiento (o la idea) más vívido es siempre inferior a la más débil
sensación".
A
su vez, tanto las impresiones como las ideas pueden ser simples y complejas.
Las impresiones e ideas simples son aquéllas que no admiten distinción ni
separación. Las complejas son las que pueden ser divididas en partes.
Se había establecido antes que las ideas son imágenes o reflejos de
las impresiones. Sin embargo, ocurre que muchas de nuestras ideas complejas
nunca han tenido impresiones que se correspondieran con ellas (puedo imaginar
una ciudad con un pavimento de oro y murallas de rubíes, aunque nunca he
visto una ciudad semejante), y muchas de nuestras impresiones complejas nunca
son copiadas exactamente por ideas (quizás nunca pueda formarme 'una idea de
la impresión de París con todas sus calles y casas en sus proporciones
reales). Por ello, concluye Hume que, aunque existe en general una gran
semejanza entre nuestras impresiones e ideas complejas, no es universalmente
cierta la regla de que son copias exactas. Esta regla de la exactitud de la
copia de las ideas respecto de las impresiones sí se cumple, sin embargo, sin
excepciones en el caso de nuestras percepciones simples: toda idea simple
tiene una impresión simple que se le asemeja, y toda impresión simple, una
idea correspondiente y esto, dice Hume, no puede comprobarse completamente,
citando todos los casos posibles, pero quien lo niegue puede ser desafiado a
citar una sola excepción. Por tanto, es cierto que, en rigor, no podemos
decir que a cada idea corresponde una impresión. Pero una idea compleja a la
que no corresponda una impresión puede ser descompuesta en ideas simples, y
preguntamos si a cada idea simple corresponde una impresión simple y a la
inversa.
Pero,
¿cuál es la relación de dependencia que existe entre las impresiones y las
ideas? ¿Provienen las impresiones de las ideas u ocurre a la inversa? La
respuesta de Hume es que las impresiones preceden a las ideas, esto es, LAS
IDEAS DERIVAN DE LAS IMPRESIONES. Es cierto que podemos constituir ideas de
ideas, pero esto no constituye una excepción al principio expuesto, ya que al
analizar la génesis de estas ideas llegaremos a largo término y en última
instancia a impresiones simples.
El
esquema sería el siguiente:
|
|
Por
tanto, queda establecido el primer principio de la Naturaleza Humana:
"todas nuestras ideas simples, en su primera aparición se derivan de
impresiones simples, que se corresponden con ellas, y a las que representan
exactamente". Por tanto, no son nuestras ideas las que producen las
impresiones, sino que son nuestras impresiones las que producen nuestras
ideas: no percibimos un color o sentimos una sensación simplemente pensando
en ello; no tenemos ideas de determinadas sensaciones cuando falta el sentido
correspondiente.
Lo
que Hume está afirmando de un modo radical con este primer principio es que,
en la génesis y justificación del conocimiento, lo prioritario es la
experiencia, lo inmediatamente dado a los sentidos. Pues bien, será sobre la
base de este primer principio y del criterio empirista del significado que de
él se deriva, desde donde Hume llevará a cabo su crítica demoledora de la
metafísica racionalista (de su tesis de las ideas innatas y de sus conceptos
fundamentales de sustancia y causalidad).
La
pregunta que se hace Hume es ¿cómo podemos saber que nos encontramos ante un
término abstruso, oscuro, carente de significado? Cuando nos asalte alguna
sospecha de que un término se emplea sin ningún significado, sólo
necesitamos preguntarnos de qué impresión se deriva la idea expresada con
tal término. Y si es imposible asignarle ninguna, esto confirmará nuestra
sospecha: la de que es un término vacío, carente de significado. La
comprensión de un término tiene lugar, o bien por referencia a una impresión
de la que tenemos experiencia directa, o bien por su definición en términos
que nos remitan directamente a impresiones. Para comprender el significado de
un término siempre hemos de descender hasta palabras cuyo significado pueda
ser enseñado de un modo ostensible, por mostración. Por tanto, los átomos
últimos del conocimiento son las impresiones o datos sensoriales (un término
es significativo si y sólo si se puede mostrar su derivabilidad a partir de
impresiones). Si podemos demostrar que los conceptos de la metafísica no
pueden ser reducidos en última instancia a impresiones o datos sensoriales,
podremos concluir que son carentes de sentido. Ésta es la estrategia que Hume
utilizará para su demolición de la metafísica y de la religión (la
exposición de este primer principio en torno a la relación entre impresiones
e ideas y del criterio empirista del significado viene recogido en T., 50-75).
III.
LA ASOCIACIÓN DE IDEAS (T. 273 -
302)
Como
se ha dicho, las impresiones e ideas pueden ser simples y complejas. Pero, a
su vez, las impresiones pueden dividirse en impresiones de sensación e
impresiones de reflexión. Las primeras surgen en el alma originariamente, de
causas desconocidas. Las segundas se derivan en gran parte de nuestras ideas
de acuerdo con el orden siguiente: impresión (por ejemplo, de calor o placer)
- percepción de calor o placer- copia de esta impresión en el espíritu y
permanencia de ella después de terminar la impresión - idea -; retorno de
esta idea al alma produciendo nuevas impresiones - impresión de reflexión -
copia de esta impresión de reflexión por la memoria y la imaginación -
idea-, producción por esta idea de nuevas impresiones e ideas. Las
impresiones de sensación son estudiadas por los filósofos naturales. Las
impresiones de reflexión (como pasiones, emociones, etc) surgen de las ideas.
Estas definiciones y distinciones de Hume son fundamentales para
comprender su pensamiento. Éste consiste en gran parte en un examen de ideas,
en un examen del entendimiento ( aspecto epistemológico de su filosofía) y
en un examen de las pasiones (aspecto moral).
La
epistemología de Hume se funda, en buena parte, en la doctrina de la conexión
o asociación de ideas. Hume sostiene que es evidente "que hay un
principio de conexión entre los diferentes pensamientos o ideas, y que en su
aparición a la memoria e imaginación se introducen unos a otros con cierto método
y regularidad. De hecho, hay no uno sino varios principios de conexión, de
los cuales tres son los predominantes, a saber: la semejanza, la contigüidad
(en el espacio y en el tiempo) y la causa-efecto (T., 273-302). No hay que
olvidar que aunque la base de la teoría de Hume era psicológica, su interés
era predominantemente epistemológico (origen y justificación de nuestro
conocimiento cierto).
Veamos
cómo opera este segundo principio (el de asociación de ideas) de la
naturaleza humana. Cuando la mente ha recibido impresiones, éstas pueden
reaparecer, según Hume de dos modos:
1.-Con
un grado de viveza intermedio entre la impresión y la idea. La facultad por
medio de la cual repetimos nuestras ideas es la memoria.
2.-
Pueden reaparecer como meras ideas, como copias de impresiones. La facultad de
reproducir estas impresiones de este segundo modo es la imaginación.
Así
pues, mientras que la memoria conserva las ideas simples, su orden y posición
-realiza una conexión inseparable entre las ideas-, la imaginación opera de
otro modo: puede componer ideas simples arbitrariamente, o descomponer ideas
complejas en otras simples y reagruparlas luego (poesía, narración). Por
tanto, la imaginación constituye la facultad de combinar libremente ideas. No
obstante, en esta libertad de la imaginación la mente va de una idea a otra
siguiendo alguna cualidad asociativa. Las cualidades de las que surge esta
asociación, por las que la mente va de una idea a otra son la semejanza, la
contigüidad y la causalidad. Por una larga costumbre, la mente adquiere el hábito
de asociar ideas que son inmediatas o mediatamente contiguas en el espacio y
en el tiempo. Como veremos más adelante, la noción de asociación y las
diversas formas de asociación son fundamentales para Hume a la hora de
resolver los problemas planteados por su crítica al conocimiento, ya que
intentará mostrar cómo los conceptos metafísicos de sustancia, causalidad y
existencia no son sino ideas complejas que resultan de una mera asociación de
ideas simples por la imaginación, asociación que es engendrada por la
costumbre, y que, a su vez, produce lo que Hume denomina "creencia".
IV.
NUESTRO CONOCIMIENTO VERSA SIEMPRE SOBRE "CUESTIONES DE HECHO" Y
SOBRE "RELACIONES DE IDEAS".
Antes
de ver con detalle qué función ejerce la doctrina de la asociación de ideas
es preciso referirse a otra distinción fundamental; es la que Hume establece
entre lo que se denomina "cuestiones de hecho" y " relaciones
de ideas".
En opinión de Hume todo nuestro razonamiento consiste en un descubrimiento de
relaciones, o dicho de otro modo, todo nuestro razonamiento versa sobre
relaciones entre cosas: entre hechos o entre ideas. Por tanto, y ésta es la
tesis de partida, “todos los objetos de la razón o de la investigación se
dividen naturalmente en relaciones de ideas y cuestiones de hecho", y la
diferencia entre ambos tipos de relaciones radica en la diferente evidencia
que tenemos de su respectiva veracidad.
a)
Relaciones de ideas: Para que se
comprenda con un ejemplo, decir que "la suma de 4 y 4 es igual a 8"
o que "la suma de los tres ángulos de un triángulo es igual a dos ángulos
rectos" es establecer relaciones entre ideas. Existen relaciones entre
ideas de las que tenemos una evidencia directa (son conocidas por intuición):
son las relaciones de semejanza, contrariedad y grado de cualidad. Y existen
relaciones de ideas cuya evidencia se obtiene por razonamiento demostrativo:
son las relaciones de proporción cuantitativa, expresadas por las
proposiciones matemáticas. Las proposiciones matemáticas (el álgebra, la
aritmética, la geometría) se refieren sólo a relaciones entre ideas. Lo que
caracteriza a estas proposiciones (que hacen referencia a relaciones de ideas)
es:
-
Que su veracidad no depende de cuestiones de existencia. El hecho de que
existan o no objetos que correspondan a los símbolos o términos empleados en
estas proposiciones no afecta a su veracidad. Su veracidad no necesita de
confirmación empírica, pero tampoco puede ser refutada por la experiencia,
pues en ella no se afirma nada acerca de cuestiones de hecho. Son
proposiciones a priori (su verdad no se funda en la experiencia). A este tipo
de proposiciones se las denominará "proposiciones analíticas".
-
Que son proposiciones necesarias, esto es, son absolutamente ciertas: esto es
así porque su negación implica una contradicción lógica. Por tanto, las
proposiciones verdaderas sobre relaciones de ideas están fundadas en la no
contradicción. La verdad de estas proposiciones no depende de su aplicación,
su verdad no se funda en la experiencia.
Como
se puede observar, con esta primera distinción Hume se enfrenta
diametralmente con la tesis racionalista cartesiana de que nuestro
conocimiento factual, esto es, nuestro conocimiento acerca de la realidad,
puede ser construido mediante un razonamiento a priori (deductivamente), esto
es, a partir de ciertos principios evidentes que son innatos al entendimiento.
Como veremos a continuación, para un empirista como Hume todo nuestro
conocimiento factual, todo nuestra información acerca de lo que hay, se basa
últimamente en la percepción, en la experiencia.
b)
Cuestiones de hecho: Para que se
comprenda con un ejemplo, que "el oro es amarillo", "que el
hidrógeno es menos pesado que el aire" o "que el sol saldrá mañana"
son proposiciones que expresan cuestiones de hecho. Con estas proposiciones
estamos haciendo referencia a la existencia de determinadas relaciones de las
que no podemos tener conocimiento con independencia de la experiencia. Pues
bien, las proposiciones que versan sobre cuestiones de hecho no tienen el
mismo grado de evidencia que las que expresan relaciones entre ideas. ¿Qué
es lo que caracteriza a las proposiciones sobre cuestiones de hecho y en qué
se funda su evidencia o verdad?:
-
Las proposiciones sobre hechos nos proporcionan un conocimiento factual, esto
es, nos informan acerca de lo que hay, y su verdad, por tanto depende de
cuestiones de existencia, depende de la experiencia. Se han venido a denominar
"proposiciones sintéticas". ( a
posteriori)
-
Pero, a diferencia de las proposiciones sobre relaciones de ideas, las
proposiciones sobre hechos son contingentes (es decir, no necesarias). Esto
significa que su negación no implica una contradicción lógica: no hay
ninguna necesidad -nos dice Hume- de que los hechos sean tales y como de hecho
son, ni ninguna necesidad de que se relacionen tal y como se relacionan.
Mientras que las relaciones de ideas expresadas por las matemáticas no pueden
ser de otro modo, las relaciones entre los hechos podrían ser de otro modo
sin que ello implique ninguna contradicción.
En
resumen, las proposiciones sobre hechos son contingentes (su negación es
posible sin contradicción) y a posteriori (su verdad se funda en la
experiencia), mientras que las proposiciones sobre relaciones de ideas son
necesarias (su negación implica una contradicci6n 1ógica) y a priori (su
verdad es independiente de la experiencia).
Ninguna
proposición sintética (que nos informa sobre los hechos) es a priori (esto
es, independiente de la experiencia); una proposición sintética será una
hipótesis empírica que comportará un mayor o menor grado de probabilidad,
pero no una verdad necesaria. Por tanto, dice Hume, todos los libros que
contengan enunciados que no sean "razonamiento demostrativo" (como
el de la lógica o la matemática) o "razonamiento probable" (como
el de la experiencia) deben "arrojarse a las llamas". Así Hume
"arroja a las llamas" los libros que, como los de teología o metafísica,
no contienen más que "falsas proposiciones" o "proposiciones
carentes de sentido", pues son sólo pseudoproposiciones. Siguiendo este
criterio, Hume someterá a crítica toda clase de ideas, para ver si caen bajo
alguna de estas dos categorías de proposiciones posibles; esto es lo que hace
con la idea de "relación causal " (o causalidad), la idea de
"existencia" (bajo la idea de mundo externo) y la idea de
"sustancia" (bajo el aspecto de la idea de identidad personal). Como
se puede apreciar, Hume ha elaborado un criterio tajante para decidir acerca
de la verdad y del sentido o sinsentido de nuestras ideas. (éste es el
sentido de lo expresado en los renglones 65-75 del
Tratado).
V. ANÁLISIS y CRÍTICA A LA IDEA DE
CAUSALIDAD. Fundamentos del
razonamiento inductivo).
Como
se acaba de decir, en la filosofía de Hume queda excluida la existencia de
proposiciones sintéticas a priori, esto es, de proposiciones referidas a
cuestiones de hecho, pero que a la vez sean absolutamente necesarias. Pero, si
todo nuestro conocimiento acerca de la realidad está fundado en la
experiencia, ¿estamos legitimados para asentir o pronunciarnos sobre
acontecimientos futuros, esto es, sobre acontecimientos sobre los que no
tenemos ninguna experiencia? Si podemos negar sin contradicción lógica las
proposiciones referentes a hechos, ¿acaso deberemos concluir que todo nuestro
conocimiento posible sobre la realidad es un conocimiento irracional, carente
de validez? ¿Qué validez tienen las proposiciones sobre cuestiones de hecho?
.
Ésta
es la cuestión con la que se enfrenta la Teoría del Conocimiento de Hume,
cuestión que remite directamente al estatus epistemológico o validez de las
ciencia misma.
Veamos
cuál es la respuesta humeana a este interrogante; partiendo del criterio
empirista de que el límite de nuestro conocimiento de la realidad es la
experiencia, diremos que nuestro conocimiento de los hechos está limitado a
nuestras impresiones actuales, a nuestros recuerdos (ideas) actuales de
impresiones pasadas, pero no puede haber conocimiento de hechos futuros (pues
de lo que aún no ha sucedido no tenemos impresiones). Ahora bien, lo que
también es incuestionable es que en nuestra vida contamos constantemente con
que en el futuro se producirán ciertos hechos: vemos caer la lluvia a través
de la ventana y tomamos precauciones contando con que la lluvia mojará todo
lo que encuentre a su paso; pero sólo tenemos la impresión de la lluvia
cayendo. Entonces, ¿cómo podemos estar seguros de que posteriormente
tendremos la impresión de los objetos mojados? La respuesta de Hume es que,
tratándose de hechos, nuestra certeza acerca de lo que acontecerá en el
futuro se basa en la INFERENCIA CAUSAL: Todos los razonamientos relativos a
cuestiones de hecho parecen estar fundados en la relación causa-efecto. (T .,
75-81) .Sólo por esta relación, por medio de la inferencia causal, podemos
ir más allá de los sentidos y de la memoria, o dicho de otro modo, la idea
de causa es la base de todas las inferencias acerca de hechos de los que no
tenemos una impresión actual.
La
pregunta que ahora hemos de hacemos es: ¿qué entendemos por causa? ¿cómo
entendemos la relación causa-efecto? La experiencia nos muestra que a un
cierto hecho sucede regularmente otro cierto hecho; el primer hecho es llamado
"causa" y el segundo" efecto". Hume observa que esta
relación se concibe normalmente como una conexión necesaria entre la causa y
el efecto: determinado hecho (causa) produce necesariamente determinado hecho
(efecto). Así, elaboramos el juicio de que todo objeto similar a la causa
producirá siempre un objeto similar al efecto. Sin embargo, advierte Hume,
que si aplicamos el criterio empirista de verdad (una idea verdadera es aquélla
que se corresponde con una impresión) vemos que no encontramos ninguna
impresión de la conexión necesaria entre dos hechos. La experiencia no puede
mostrarnos que hay necesidad en la conexión causal. La experiencia no nos
muestra que el efecto esté contenido necesariamente en la causa; ésta es una
suposición incomprobable. (El análisis de esta cuestión se aborda en el
Tratado, 214-236). La razón no puede ver en la causa nada que nos permita
inferir (a priori) el efecto (T. , 125-126) .
Lo
que la experiencia nos muestra en toda relación entre causa y efecto es:
-
La contigüidad espacio- temporal entre la causa y el efecto
-
La prioridad en el tiempo y
en el espacio de la causa respecto del efecto.
- La conjunción constante entre la causa y el
efecto. Fuera de estas tres circunstancias nada más puede decirme la
experiencia en tomo a la idea de causa. La conexión necesaria no aparece en
parte alguna.(T. , 82-109). Es en esto (contigüidad, prioridad y conjunción
constante) en lo que se funda nuestra inferencia causal cuando causa y efecto
están presentes a los sentidos. Pero, y ésta es la pregunta que se hace Hume
a continuación, ¿en qué se funda nuestra inferencia causal cuando de la
presencia sólo de un término (de la causa o del efecto) inferimos que ha
existido o existirá el otro?:
1.-
Ésta inferencia no puede ser un razonamiento a priori, pues, tal y como antes
se ha apuntado, la razón no puede ver en la causa nada que nos pueda hacer
inferir el efecto. La inferencia causal no es producto de un conocimiento
intuitivo: no hay ningún objeto cuya esencia implique la existencia de otro
(por ejemplo, los efectos de la llama no se intuyen de la esencia de la
llama). Sería necesario ver (experimentar) en varios momentos, repetidas
veces, que a la causa sigue el efecto.
2.-
Pero también sabemos que el curso de la naturaleza puede cambiar, sin que
ello implique una contradicción lógica, esto es, que un objeto aparentemente
igual a aquél que hemos observado, pueda estar acompañado de efectos
diferentes o contrarios.
La
pregunta, pues, sigue en pie: ¿en qué se funda nuestro conocimiento sobre
hechos futuros si nuestro conocimiento acerca de los hechos está basado en la
inferencia causal, y ésta no se funda en un razonamiento a priori ni en un
conocimiento intuitivo, sino en la experiencia (del presente, de lo que
actualmente experimentarnos, y del pasado, de lo que ya tuvimos experiencia)?
La respuesta de Hume es que nuestra extensión de la experiencia al futuro y a
otros hechos que en apariencia pueden ser similares (nuestra inferencia
causal) se basa en la “COSTUMBRE”, la cual produce la "CREENCIA
": la inferencia causal-y ésta es la tesis de Hume- se funda en la
repetición. El hombre corriente observa la conjunción constante de A y B.
Cuando una especie de sucesos ha estado siempre unida a otra en todas las
ocasiones, no tenemos ya ningún escrúpulo en PREDECIR una a partir de la
aparición de la otra, y de servimos de este razonamiento (inferencia causal),
que puede garantizamos únicamente una cuestión de hecho. La costumbre
-sostiene Hume- es la gran guía de la conducta y nos hace esperar para el
futuro una serie de acontecimientos similares a los que han aparecido en el
pasado. La costumbre nos permite ir más allá de lo inmediatamente presente a
la memoria y a los sentidos, produciendo en nosotros la CREENCIA en que las
cosas ocurrirán tal y como hasta ahora han ocurrido. "Todos los
razonamientos referentes a la causa y al efecto están fundados en la
experiencia; y todos los razonamientos de la experiencia están fundados en la
suposición de que el curso de la naturaleza continuará uniformemente igual
" (T. ,137-144). Lo que el autor viene a expresar con estas palabras es
que la creencia en el principio de uniformidad de la naturaleza es una
presuposición necesaria de la validez de nuestros razonamientos inductivos.
Pero repárese en el hecho de que la uniformidad de la naturaleza no es
demostrable racionalmente, sino que constituye más bien un objeto de
creencia. La filosofía de Hume está dirigida a analizar el origen y la
validez de nuestro. conocimiento, y en este análisis, el autor concluye que
la creencia juega un papel de primer orden en la vida humana.
Como
se puede deducir de toda esta argumentación, los dos elementos que
intervienen en toda creencia en cuestiones de hecho y de existencia son: un
objeto presente a la memoria o a los sentidos, y una conjunción acostumbrada
entre él y otro objeto. La unión de estas dos circunstancias da lugar a la
creencia de la existencia o presencia futura de otro objeto. La creencia es
"una idea vívida puesta en relación o asociada con una impresión
presente". Pasamos de la impresión de un objeto a la idea de otro, y lo
hacemos, no movidos por la razón, sino por el hábito y la asociación. La
creencia es un modo particular de formar una idea;<no es una mera idea y
tampoco una mera fantasía. (El concepto de creencia es desarrollado en el T.
,176-212).
De
esta operación de la mente por la que inferimos efectos similares de causas
similares y viceversa, gracias a los principios de asociación, dice Hume que
"es tan inevitable como sentir la pasión del amor. cuando recibimos
beneficios o del odio cuando nos encontramos con agravios. Todas estas
operaciones son una especie de instintos naturales que ningún razonamiento ni
proceso del entendimiento es capaz de producir ni de prevenir". La
creencia en filosofía sólo puede entenderse en términos de sentimientos.
Pero,
si la certidumbre sobre hechos futuros se basa en la repetición de la
experiencia y la repetición de la experiencia se basa en una serie de
creencias, ¿debemos concluir que todo nuestro conocimiento acerca de los
hechos es irracional? No; la conclusión a la que el autor llega tras estos análisis
es la de que nuestro conocimiento de la naturaleza y, en general, de
todos los asuntos, es cuestión de probabilidad. La inferencia causal y
la inducción no es un método con una conclusividad lógica plena; podemos
esperar un acontecimiento que no se dé de hecho. El razonamiento
experimental, que es el único método válido cuando tratamos acerca de los
hechos, de cuestiones .de existencia, no puede arrojar siempre una certidumbre
absoluta, pero sí otro grado de certidumbre, una certidumbre relativa,
denominada "certidumbre moral". No olvidemos que el grado de certeza
con que mantenemos una creencia viene dado, en opinión de Hume, por el grado
de evidencia que la experiencia nos proporciona. y este grado de certeza (la
"certeza moral"), es tan satisfactorio para la mente como el
demostrativo: no hay razón alguna para suponer que un acontecimiento futuro
ocurrirá tal como lo hemos visto desarrollarse en el pasado, que sea superior
a la que podamos tener para mantener la suposición contraria: "Haría el
ridículo quien dijera que es sólo probable que el sol saldrá mañana...Aunque
es claro que no tenemos más seguridad de estos hechos que la que la
experiencia nos proporciona. "
Lejos
de conceder crédito a aquéllos que han interpretado a Hume como el
representante de un escepticismo radical, diremos que el autor lleva acabo una
valoración positiva del método inductivo como método adecuado de
conocimiento, haciendo de la experiencia el origen y el límite de nuestro
conocimiento factual, y ello frente al racionalismo filosófico y al excesivo
dogmatismo de los físicos newtonianos por una parte, y frente a la superstición
y las creencias vulgares por otra. Para Hume sólo hay dos tipos de
conocimiento que merezcan este nombre: el conocimiento de ideas a priori,
constituido por las matemáticas; y el conocimiento de hechos, fundado en el
razonamiento experimental. Todos los intentos de extender nuestro conocimiento
más allá de estos límites son mera sofistería e ilusión.
VI.-
CRÍTICA AL CONCEPTO DE SUSTANCIA (SUSTANCIA COMO RES EXTENSA -MUNDO-,
SUSTANCIA COMO RES PENSANTE -YO- , SUSTANCIA INFINITA -DIOS-).
La
crítica al concepto metafísico de “sustancia”, es llevada a cabo por
Hume desde los principios que conforman su teoría del conocimiento, a saber:
el criterio empirista del significado, el principio de asociación como
principio operativo de la mente y el concepto de creencia fundado en la
inferencia causal.
El
principio fundamental de la filosofía de Hume es que no se da nada en el espíritu
que no sean percepciones. Toda idea significativa ha de poder ser reducida a
una impresión. Preguntémonos de qué impresión se deriva una idea. Sólo si
podemos mostrar que existe una impresión que corresponde a la idea en cuestión,
podremos afirmar que dicha idea posee significado .
Tanto
la. metafísica como la teología racionalistas entendieron por
"sustancia" aquello que no requiere de otra cosa para existir, y
postularon la existencia de diferentes tipos de sustancias (Dios, alma y
mundo). Lo que Hume se propone en su obra es llevar a cabo un análisis de
estos conceptos o ideas desde su criterio empirista del significado.
Sabemos
que, para Hume, nuestra certeza acerca de hechos no observados se apoya en una
creencia. Pero, ¿hasta dónde podemos extender legítimamente esta certeza y
esta creencia basadas en la inferencia causal? La inferencia causal sólo es
aceptable entre impresiones: de la impresión actual del fuego podemos inferir
la inminencia de una impresión de calor, porque fuego y calor se nos han dado
unidos repetidamente en la experiencia. "Estamos autorizados” a pasar
de una impresión a otra, pero no de una impresión a algo de lo cual no hemos
tenido impresión, experiencia. Si nos preguntamos de qué impresiones deriva la
idea de sustancia entendida como sujeto permanente que subyace a todos los
cambios, según Hume, no puede derivarse de las impresiones de sensación (si
fuera percibida por los ojos sería un color, si por los oídos, un sonido, si
por el paladar un sabor...). Tampoco se deriva de una impresión de reflexión,
pues éstas se reducen a nuestras pasiones y emociones, y los que hablan de
"sustancia", no se refieren a ello. Hablando en rigor -nos dice Hume-
no hay una idea de substancia. La palabra sustancia connota “una colección
de ideas simples que son unidas por la imaginación y que tiene un particular
nombre asignado por el que somos capaces de recordarnos a nosotros mismos o a
otro esta colección”. Por tanto, no hay ninguna impresión que se
corresponda con la idea de sustancia; es sólo una colección .de ideas
simples.
A) CRITICA A LA SUSTANCIA EXTENSA: LA CUESTIÓN DE LA REALIDAD DEL MUNDO EXTERNO.
La
crítica a este concepto está en relación con el problema de la existencia
del mundo externo, es decir, de una realidad distinta de nuestras impresiones
y exterior a ellas. Para un empirista como Locke, la realidad del mundo
externo se justificaba en una inferencia causal: la realidad extramental era
la causa de nuestras impresiones. Pero esta inferencia es inválida, a juicio
de Hume, ya que no va de una impresión a otra, sino de las impresiones a una
pretendida realidad que está más allá de ella, y de la cual no tenemos
impresión alguna. Por tanto, la existencia de una realidad corpórea distinta
de nuestras impresiones, esto es, la existencia continuada de las cosas con
independencia de mis percepciones, es injustificable apelando a la idea de
causa.
Cómo
sean en realidad los objetos aparte de nuestras percepciones es algo que no
podemos saber .Lo que Hume está negando no es la existencia misma del mundo
extramental, sino nuestra capacidad para demostrarla o probarla, ya que esto
último conllevaría ir más allá de mis percepciones, más allá de la
experiencia, y esto es algo para lo que -en opinión de un empirista radical
como es Hume- no estamos legitimados.
La
existencia del mundo externo es algo a lo que sólo podemos asentir. .Para
Hume, la existencia del mundo externo no es más que una suposición, una
creencia. Las causas que nos inducen a creer en la existencia permanente de
las cosas e independiente de nuestras percepciones se debe a la imaginación,
que produce la constancia y coherencia de los cuerpos. Pero, según Hume, sólo
se trata de una creencia infundada; una creencia, eso sí, de la que nadie en
su sano juicio podría prescindir.
B) CRÍTICA DE LA SUSTANCIA PENSANTE: LA CUESTIÓN DEL
YO O DEL ALMA.
La
crítica al concepto racionalista de sustancia pensante es la crítica a un
concepto en virtud del cual se postula la existencia de un yo (de la mente)
como una entidad permanente y distinta de las percepciones que le son
inherentes, a la cual todas se refieren, caracterizada por poseer una
simplicidad e identidad perfectas, y cuyo conocimiento posee una evidencia
inmediata. La existencia de una sustancia cognoscente, de un yo de tales
características, había sido considerada como indubitable por Descartes
(también por Locke y Berkeley), siendo algo que podía "ser conocido por
una intuición inmediata.
La
crítica de Hume al concepto de sustancia pensante no se hace esperar. Desde
su teoría empirista del conocimiento, el autor sostiene que la existencia del
yo como sustancia no puede justificarse apelando a una pretendida intuición,
ya que sólo tenemos intuición de nuestras percepciones (ideas e
impresiones), y ninguna impresión es permanente, sino que unas suceden a
otras de manera interrumpida: "El yo o persona no es ninguna impresión...Si
alguna impresión originara la idea de ese yo permanente, tal impresión habría
de permanecer invariable a través del curso total denuestra vida... Sin
embargo, no hay impresiones constantes e invariables. Dolor y placer, tristeza
y alegría, pasiones y sensaciones, se suceden unas a otras y nunca existen
todas al mismo tiempo ".
Hume
es, pues, radical en este punto: no existe el yo como sustancia permanente,
simple e idéntica a sí misma, distinta de las impresiones e ideas y sujeto
de la serie de los actos psíquicos. Cuando entro en lo que se llama
"yo", dice Hume, "topo siempre con alguna percepción
particular u otra" .Todas nuestras percepciones se suceden y existen
separadamente, y no necesitan de ningún sujeto de soporte de su existencia.
Nunca puedo observar nada más que mi percepción. No tiene sentido hablar de
la mente como algo específicamente diferente de mis percepciones (que es lo
que han los racionalistas). Lo que llamamos mente -apunta Hume- no es más que
un haz o conjunto de diferentes percepciones que se suceden en el tiempo unas
a otras con una inconcebible rapidez (estando en perpetuo flujo y movimiento),
y que son unidas entre sí mediante ciertas relaciones(de semejanza y de
causalidad) por medio de la memoria y la imaginación.
Entonces,
la conciencia que todos tenemos de nuestra propia identidad se origina gracias
a la memoria, por la que reconocemos la conexión existente entre las
distintas impresiones que se suceden. El error de los racionalistas consiste
en confundir la idea de una sucesión de objetos diferentes pero relacionados
con la idea de identidad, esto es, con la idea de un sujeto que permanece
absolutamente idéntico por debajo de los cambios.
C) CRÍTICA A LA SUSTANCIA INFINITA (CUESTIÓN DE LA EXISTENCIA DE DIOS).
Tanto
Descartes, como Locke y Berkeley, habían utilizado la idea de causa,
el principio de causalidad, para fundamentar la afirmación de que Dios
existe.
A
juicio de Hume, esta inferencia es injustificada, pues no va de una impresión
a otra, sino de las impresiones a una pretendida realidad (Dios) que está más
allá de ellas, y de la cual no tenemos impresión alguna. Pero, si no tenemos
percepción del mundo, mucho menos tenemos de una sustancia infinita que sería
la causa de un mundo externo (que sólo es objeto de creencia) y de un mundo
interno (del que sólo conocemos que tiene percepciones) .
Del análisis de los tres conceptos fundamentales de la metafísica (Dios, alma, mundo) , Hume concluye que ninguno de ellos procede de ninguna impresión de sensaci6n o de reflexión. La idea de sustancia es reducida a una colección de ideas simples unidas por la imaginación.
VII. LA FILOSOFÍA MORAL
Las pasiones, acciones... son impresiones de reflexión, hechos
originales y, por tanto, no pueden ser verdaderas no falsas.
La causa del actuar está en preferir algo, no en conocerlo; las
acciones derivan de las pasiones, no de la razón.
Los juicios morales no son pues relaciones de ideas, ni cuestiones de
hecho, ni derivan de la razón ni, por consiguiente, son verdaderos o falsos.
El valor moral no es una cualidad de las cosas, ni de la relación
entre ideas. Sólo en la actitud
respecto de los hechos encuentro un sentimiento de agrado o desagrado que me
lleva a aprobarlo o no. Las
distinciones morales no derivan pues de los hechos, no dependen del objeto,
sino de mis sentimientos. La
moral es sentida, no juzgada. Ahora
bien, si la razón no es el fundamento del sentimiento moral, al fijar los
objetos morales y al realizar distinciones, ayuda a tener los sentimientos
morales apropiados.
Esto conduce a afirmar que no todo sentimiento de placer o dolor es un
sentimiento moral. Los placeres
que determinan la moralidad son cualitativamente diferentes de los placeres
personales de utilidad e interés estrictamente individual.
Sólo al considerar una acción general, sin tener en cuenta el efecto
sobre nosotros mismos, se produce en nosotros el sentimiento moral de placer o
pena que nos lleva a aceptarla o condenarla.
La razón actúa como correctora de los sentimientos individuales al
universalizarlos. Esa corrección
conduce a identificar el sentimiento moral con la elección de lo útil y
provechoso para la humanidad.
Así pues, de la UTILIDAD GENERAL nace un sentimiento general de
censura o aprobación: EL SENTIMIENTO MORAL.
El propósito de las virtudes será conseguir la felicidad de la
humanidad, no su desgracia. La
satisfacción de los deseos colectivos por medio de la sociedad permite la
satisfacción de los deseos individuales.
Así pues, el fin de la moral utilitarista es conseguir la mayor
felicidad en cada instante de la existencia
para la mayoría.
-Tratado de la naturaleza humana (1739-1740), ed. de Félix Duque, 2 vols., Editora Nacional, Madrid, 1977; reed., 1981.
- Investigación sobre el conocimiento humano (1748), trad., pról. y notas de Jaime de Salas Ortueta, Alianza, Madrid, 1980.
- De la moral y otros escritos [contiene Una investigación sobre los principios de la moral (1751), Un diálogo y Un resumen de un Tratado de la naturaleza humana (1750)], pról., trad. y notas de Dalmacio Negro Pavón, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1982.
- Ensayos políticos (1741-1758), trad. y pról. de Enrique Tierno Galván, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1955; reed. , Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1982.
-Ensayos políticos (1741-1758), introd, y trad. de César Armándo G6mez, Unión Editorial, Madrid, 1975.
-Historia natural de la religión. Diálogos sobre la religión natural (1757/ 1779), trad. de A. Cappelletti, H. López y M.A. Quintanilla, pról. de Javier Sádaba, Sígueme, Salamanca, 1974,
- Mi vida/Cartas de un caballero a su amigo de Edimburgo(1776/1745), ed. y trad. de Carlos Mellizo, Alianza, Madrid, 1985.