INTRODUCCIÓN.
LA
ILUSTRACIÓN
1.-
Concepto.
Se trata de un movimiento cultural que se desarrolla en Europa
Occidental durante el s. XVIII, llamado por ello el “siglo de las luces”.
Como su nombre indica, la Ilustración es una época de luz, brillo y
esplendor de la Razón. Comienza con la revolución inglesa de 1688, y
finaliza con la francesa de 1789.
Francés:
Lumiéres.
Alemán:
Aufklarung.
Inglés:
Enligthtenment.
Destacan en principio Montesquieu y Voltaire.
La segunda generación cuenta con los franceses Diderot, D’Alembert,
Rousseau y el británico Hume. En la tercera generación de ilustrados destaca
la figura de Kant.
2.-
Caracteres generales.
-
Enciclopedismo.
Existe una mentalidad enciclopedista de los ilustrados, esto
es, de recopilación y ordenación de la cultura, ya que creían que era tal
el cúmulo del saber en aquella época que se hacía preciso resumirlo y
clasificarlo para su mejor conocimiento y difusión. Además, se rechaza la
especialización, pues se considera que la persona culta debe poseer varios
saberes.
Se editan enciclopedias y diccionarios, como los 27 volúmenes de la
“Enciclopedia o Diccionario razonado
de las ciencias, las artes y los oficios” de Diderot y D’Alambert, en
la que colaboran los mas prestigiosos eruditos de la época, como Montesquieu,
Rousseau, etc. La Enciclopedia refleja unas ideas filosóficas consideradas
radicales y materialistas por los defensores de la ortodoxia vigente en aquel
momento, por lo que fue objeto de persecución y condenas.
-
Secularización.
Se produce un reduccionismo de la fe a lo racional, que determina la
secularización de los grandes temas religiosos, y con ello de toda la vida
humana. Se desarrolla una cultura al margen de la tradición cristiana, aunque
no de carácter anticristiano. La religiosidad decae, sobre todo en los
sectores cultos. Se critica la religión institucional y la tradición, y se
rechaza la revelación, por cuanto es algo ajeno e impuesto a la razón.
Hasta ahora, el sentido de la humanidad y de la Historia estaba regido
por la providencia divina. Frente a este providencialismo, orientado hacia la
salvación sobrenatural y eterna por la gracia redentora divina, se instaura
la fe en el progreso continuo de la razón, que debe guiar a la humanidad
hacia la salvación del estado de infelicidad por medio del trabajo y la
investigación.
-
Autonomía de la razón, única autoridad válida para juzgar.
Hasta ahora, la razón había permanecido siempre bajo tutela: la de la
autoridad de Aristóteles, la de la Verdad revelada en las Sagradas
Escrituras, e incluso en el racionalismo, Descartes tiene que recurrir a Dios
como garante último de su método.
Los ilustrados, en especial Kant, opinan que la razón ha vivido en una
constante minoría de edad. Con su frase “sapere
aude” (atrévete a saber), Kant convirtió esta característica de audacia
de la razón en objetivo
fundamental de esta época. La razón debe atreverse a pensar por si misma de
manera autosuficiente, trazándose su propia trayectoria y ateniéndose solo a
sus propios imperativos, sin encuadrarse en otros límites que aquellos que le
vengan impuestos por su propia naturaleza. De ahí surge también la necesidad
de analizarla y reconocer sus propios límites internos, como hacen Hume en su
Tratado de la naturaleza humana y
Kant con la Crítica de la Razón Pura.
-
Cientifismo.
a)
Estudio de la naturaleza.
En el campo de las ciencias positivas se consigue un gran desarrollo, que
produce optimismo y confianza en la razón, teniendo como máxima figura a
Newton, cuyos Principios matemáticos de
la Filosofía natural exponen un sistema puramente mecanicista del
universo, tanto del mundo terrestre como del celeste. Pero si bien se aproxima
a Descartes con esta concepción mecanicista, también se aleja por completo
de él, ya que el método de Newton no es deductivo, sino inductivo y analítico,
puesto que parte del conocimiento de hechos particulares obtenido en el análisis
de la experiencia, para llegar gradualmente a formular leyes generales que los
describan.
b)
Humanismo científico.
El humanismo ilustrado se diferencia del humanismo renacentista, ya que
en este se trata de interpretar al ser humano recurriendo a los orígenes del
saber occidental y centrado en el ámbito artístico, literario y político,
mientras que en el s. XVIII se desarrolla un humanismo sustentado en el
conocimiento y estudio del ser humano, como resultado de la reflexión y el análisis
empírico. Se confía en el progreso con optimismo, en un progreso guiado por
la razón y desarrollado conforme a unos métodos racionales que han de contar
en todo momento con la experiencia.
-
Carácter crítico.
El iluminismo va mas allá del cartesianismo, pues extiende la
investigación racional también hacia la moral, política y religión. Se
trata de lograr la realización efectiva de la tolerancia religiosa y la
libertad política, para conseguir la transformación del mundo humano orientándolo
hacia la felicidad y libertad, pues como afirma Voltaire: “La
tolerancia es el patrimonio de la razón”.
Por ello, la razón debe luchar contra la tradición,
considerada como una carga o lastre, que mantiene prejuicios, esclavitudes,
privilegios e injusticias enraizadas en el pasado. Este antitradicionalismo
conlleva la crítica de la revelación y de toda la tradición religiosa, y
contrapone a la religión revelada la religión natural, o bien defiende un
agnosticismo, ateismo o materialismo, o reducen la religión, como Kant, a los
límites de la razón.
Además, mientras la filosofía iluminista se empeña en la obra de crítica y reconstrucción racional de toda la realidad humana, también ha de reconocer el límite que a esta racionalización encuentra en el propio espíritu humano, esto es, en las pasiones, sentimientos e instintos, y en ello radica otra característica fundamental del iluminismo: el descubrimiento de la categoría de sentimiento y el análisis de las pasiones (Hume).
I.
KANT (1724-1804)
I.
La crítica de la razón como tarea tarea fundamental de la filosofía.
En
su época hay diversidad de interpretaciones de lo que es razón:
-
Racionalismo: La razón es autosuficiente y no precisa de la experiencia.
-
Empirismo: Todo conocimiento deriva de impresiones.
-
Sentimentalismo: Todo se reduce al sentimiento y a la fe mística.
Es preciso, por lo tanto, delimitar qué es la razón y cuáles son los
límites de su actuación legítima. Por "crítica" entiende Kant
juzgar a la razón pura, es
decir, sin contenidos extraños a ella misma, para determinar cuándo actúa
legítima o ilegítimamente. Con ello Kant pretende combatir los usos abusivos
que se han dado históricamente, produciendo el dogmatismo en el nivel teórico
del conocimiento y los fanatismos en el nivel práctico. Si se quiere un
avance ilustrado de la razón es preciso establecer las leyes universales y
objetivas que deben servir de guía para su correcto uso.
Esa crítica es necesaria
por dos motivos:
-
Por la diversidad de interpretaciones que de ella se han dado.
-
Por el modo no ilustrado de utilizarla, dejando a otros la tarea de dirigirnos
y decirnos lo que es verdadero, bueno y bello para nosotros. Hasta ahora el
ser humano siempre se ha visto dirigido por tutores que lo consideran como si
fuera menor de edad, sin capacidad para decidir por sí mismo. Esa minoría de
edad es debida a la pereza, a la comodidad, a la individualidad, pero sobre
todo A LA FALTA DE LIBERTAD.
La crítica de Kant tendrá por objetivo LA REALIZACIÓN DE LA
LIBERTAD, superando las constricciones civiles y de la conciencia recibida por
tradición. SÓLO LA RAZÓN LIBRE PUEDE DARSE A SÍ MISMA SU PROPIA LEGALIDAD.
Si el motor de la crítica es la ilustración, la meta es la realización de
la libertad; la ilustración es entendida por Kant como mejora y progreso
hacia un orden social libre y justo. Según lo dicho, la tarea de la filosofía
es doble:
-
Criticar las desnaturalizaciones de la razón.
-
Proyectar un nuevo estado de la humanidad en libertad.
Para ello es necesario desarrollar la ilustración y ello se consigue
mediante la libertad; por ello el lema de la ilustración es " ATRÉVETE
A PENSAR LIBREMENTE".
La consecución de esos objetivos requiere esclarecer cuáles son los
principios, leyes y fines últimos que la razón quiere libremente para sí
misma, de acuerdo con su naturaleza genuina. De ahí surgirán las tres
preguntas fundamentales de la crítica a la razón:
a)
) Qué podemos conocer?, es decir, ) qué principios rigen el conocimiento
humano? La respuesta vendrá en
la obra " CRÍTICA DE LA RAZÓN PURA ".
b)
) Qué debemos hacer ?, es decir, ) Qué leyes regulan el comportamiento moral
si este es libre? Responderá en su obra " CRÍTICA DE LA RAZÓN PRÁCTICA".
c)
) Qué podemos esperar ?, es decir, ) cuáles son los fines últimos de la razón
y bajo qué condiciones tales fines pueden realizarse ? La respuesta la
encontramos en parte en " LA CRÍTICA DEL JUICIO".
Todas
estas preguntas se sintetizan en una: ¿ Qué es el hombre?
II.
¿QUÉ PODEMOS CONOCER ? Crítica de la Razón Pura.
En
este apartado Kant tratará de investigar:
a)
Los principios que hacen posible el conocimiento de la naturaleza.
b)
Los límites del conocimiento humano.
c)
Una vez respondidas esas preguntas, se preguntará si la Metafísica,
entendida como conocimiento de las substancias, se rige por esos prtincipios y
por lo tanto es ciencia o si no lo es.
2.1.
Planteamiento kantiano del problema del conocimiento.
2.1.1.
Kant frente al racionalismo y el empirismo.
La doctrina kantiana del conocimiento se basa en la
distinción de dos facultades o fuentes de conocimiento: la sensibilidad y el
entendimiento. Mientras la sensibilidad es pasividad que recibe impresiones,
el entendimiento es activo al producir espontáneamente ciertos conceptos
puros sin derivarlos de la experiencia.
Para el racionalismo el entendimiento es activo, pero afirma que puede
conocer la realidad sin necesidad de recurrir a la experiencia. Para el
empirismo el entendimiento es un resultado pasivo de la sensibilidad; no puede
haber conocimiento si éste no parte de la experiencia.
La filosofía de Hume saca a Kant de su sueño dogmático, pues
inicialmente se definía como racionalista; Kant afirmará con Hume que
nuestro conocimiento no puede pretender extenderse más allá de la
experiencia. Sin embargo, contra el empirismo Kant demostrará que el
entendimiento no es pasivo, sino activo como afirmaba el racionalismo. Kant
llegará a dos conclusiones:
a)
A favor del empirismo: La sensibilidad es pasiva, limitándose a recibir
impresiones; no puede haber conocimiento sin experiencia.
Contra el empirismo: El entendimiento no es pasivo, ya que produce
ciertos conceptos sin derivarlos de la experiencia ( sustancia, causa,
necesidad, existencia...) No todos los conceptos proceden de la
experiencia.
b)
A favor del racionalismo: El entendimiento crea conceptos sin derivarlos de
la experiencia; es activo. Esos conceptos permiten conocer, ordenar,
clasificar y unificar las impresiones.
Contra
el racionalismo: Esos conceptos sólo pueden ser utilizados legítimamente
- producen conocimiento -, cuando son aplicados a la experiencia.
2.1.2.
Condiciones del conocimiento científico.
En la Introducción a la Crítica de la Razón Pura, Kant se muestra
especialmente interesado por saber si la Metafísica puede o no ser ciencia;
es decir, se pregunta si puede haber un conocimiento riguroso sobre Dios, la
libertad y la inmortalidad del alma.
Dos
son las deficiencias que han caracterizado tradicionalmente a la Metafísica
frente a las ciencias, colocándola en una situación de inferioridad:
-
Mientras las ciencias progresan, la metafísica sigue debatiendo los mismos
problemas.
-
Los científicos se ponen de acuerdo en sus teorías y conclusiones, mientras
el desacuerdo reina entre los metafísicos.
¿Es
por tanto posible que la metafísica sea ciencia? Para contestar es preciso
preguntarse antes cuáles son las condiciones que hacen posible la ciencia.
-
a)) De qué condiciones se trata?
-
b)) Cómo investigar tales condiciones?
a)
Existen dos tipos de condiciones:
-
Empíricas, que son particulares, empíricas y alterables, como la
agudeza visual o la invención de instrumentos.
-
transcendentales, a priori, generales y necesarias. Para poder ver algo
es preciso que nuestra visión esté localizada espacio-temporalmente; es
decir son condiciones que se tienen que dar previamente a la experiencia, haciéndola
posible; esto es lo que significa " a priori". Son generales ya que
afectan a la visión de todo individuo y no se pueden alterar; son necesarias
porque no pueden dejar de darse.
Concluyendo,
esas condiciones transcendentales pertenecen a la estructura de la
subjetividad humana y siendo previas a la experiencia, la hacen posible. Esas
condiciones se encargarán de unificar, clasificar y ordenar la experiencia.
b)
¿Cómo investigar tales condiciones, especialmente las transcendentales ?
Una
ciencia es un conjunto de juicios o proposiciones; por tanto, la pregunta por
las condiciones que hacen posible la ciencia puede concretarse en
cuáles son las condiciones que hacen posibles los juicios de la
ciencia.
2.1.3.
Los juicios sintéticos a priori.
Kant
comienza haciendo una doble clasificación:
-
Atendiendo a si el predicado está incluido o no en el sujeto:
a)
Juicios analíticos: El predicado está incluido en el sujeto, conviniéndole
necesariamente. V.g: El todo es mayor que sus partes.
b)
Juicios sintéticos: El predicado no está incluido en el sujeto. V.g:
Los nativos de X miden entre 150 y 180 cms.
-
Atendiendo a cómo podemos conocer la verdad de un juicio:
a)
A priori: Su verdad puede ser conocida con independencia de la
experiencia, ya que dependen de las relaciones y no de los hechos. V.g: El
todo es mayor que la parte.
b)
A posteriori: Su verdad es conocida a partir de la experiencia. V.g:
Los nativos de X...
De esta manera hasta Kant las clases de juicios se habían resumido de
la siguiente manera:
-
Juicios analíticos a priori - los llamados por Hume
juicios sobre relaciones entre ideas -, que son universales, necesarios y sin
referencia a la experiencia, por lo cual no aportan información sobre el
mundo.
-
Juicios sintéticos a posteriori - los llamados juicios
sobre asuntos de hecho -, que son contingentes, particulares, pero que al
apoyarse en la experiencia aportan información sobre el mundo.
Sin embargo, Kant descubre algo nuevo. Tomemos el siguiente ejemplo: La
recta es la distancia más corta entre dos puntos. En este juicio el predicado
no está incluido en el sujeto, ya que la noción de línea reacta no entra en
la noción de distancia; es por tanto, un juicio sintético. Sin embargo,
sabemos que ese juicio es verdadero sin necesidad de ir midiendo distancias
entre dos puntos; no necesitamos experiencia comprobatoria, siendo universal y
necesario - carece de excepciones -; es, por tanto, un juicio a priori.
Contra
Hume, Kant afirma que existe un tercer tipo de juicios: LOS JUICIOS SINTÉTICOS
A PRIORI. Por ser sintéticos nos dan información nueva no contenida
en el sujeto; por ser a priori, son universales y necesarios. Los principios
fundamentales de las matemáticas y la física serían de este tipo.
2.2.
La doctrina del conocimiento en la Crítica de la Razón Pura.-
La tarea crítica de la razón consiste en investigar las condiciones
de posibilidad o principios de los juicios sintéticos a priori. Si tales
condiciones son anteriores a la experiencia, deben buscarse en el sujeto.
El método para realizar esa tarea es el método transcendental, porque
" se ocupa, no de los objetos, sino de nuestro conocimiento a priori de
los objetos". De la búsqueda de los principios lógicos se ocupa la
DEDUCCIÓN METAFÍSICA DE LA RAZÓN PURA. Una vez encontrados, la DEDUCCIÓN
TRANSCENDENTAL se encargará de mostrar cómo tales principios hacen posible
el conocimiento científico. Nosostros por cuestiones de tiempo abordaremos
ambas cosas a la vez.
La Crítica de la Razón Pura es estructurada en las siguientes partes:
a)
ESTÉTICA TRANSCENDENTAL: Investiga las formas a
priori de la sensibilidad; en ella se muestra cómo son posibles los juicios
sintéticos a priori de las matemáticas.
b)
LÓGICA TRANSCENDENTAL, que se divide en dos
partes:
b.1.
ANALÍTICA TRANSCENDENTAL: Investiga las formas a
priori del entendimiento y manifiesta cómo son posibles los juicios sintéticos
a priori de la física.
b.2.
DIALÉCTICA TRANSCENDENTAL: Investiga las formas a
priori de la razón y manifiesta bajo qué condiciones la metafísica podría
llegar a ser ciencia y bajo que condiciones no.
2.2.1.
LA ESTÉTICA TRANSCENDENTAL.
( Deducción metafísica)
La sensibilidad es receptividad pasiva de impresiones. No existe más intuición
que la sensible. En toda intuición hay una materia, formada por las
cualidades sensibles y unas formas a priori, que son el encuadre
espacio-temporal de dichas cualidades sensibles. El espacio y el tiempo no son
accidentes de las cosas, ni abstracciones de nuestra imaginación; no son
datos de nuestra experiencia; por el contrario, toda experiencia para poderse
dar presupone el espacio como condición previa de la
representación externa y el tiempo como condición previa,
junto al espacio, de la representación interna. El espacio y el tiempo son
las condiciones transcendentales que hacen posible la sensibilidad, es decir,
la intuición; son definidas como FORMAS A PRIORI DE LA SENSIBILIDAD, como
INTUICIONES PURAS.
-
Formas: No son impresiones sensibles particulares, sino la forma o modo bajo
la cual percibimos cualquier impresión.
-
A priori: No proceden de la experiencia, sino que la preceden haciéndola
posible.
-
Intuiciones: No son conceptos del entendimiento aplicables a una multiplicidad
de individuos; son únicos; no hay más que un espacio, divisible en parte, y
un tiempo, divisible en intervalos.
-
Puras: Ya que están vacías de contenido; son como coordenadas en las que se
ordenan las impresiones sensibles, pero sin éstas nada hay que ordenar. Las
intuiciones puras, al ser formas vacías, por sí mismas no aportan ningún
conocimiento; sólo pueden ser usadas legítimamente aplicadas a un contenido
empírico, es decir, a impresiones. Las impresiones espacio-temporalizadas son
nominadas por Kant " FENÓMENOS" o intuiciones empíricas.
(
Deducción transcendental)
En la estética transcendental, Kant se ocupa de los juicios sintéticos a
priori de las matemáticas. Tales juicios dependen de que el espacio y el
tiempo sean intuiciones puras; la geometría y la aritmética se ocupan
respectivamente del espacio divisible y del tiempo ( serie numérica basada en
la sucesión temporal). Las matemáticas formulan juicios sobre el espacio y
el tiempo; al ser estos condiciones previas a la experiencia particular, los
juicios matemáticos también lo serán; todos los objetos de nuestra
experiencia se dan en el espacio y el tiempo; por lo tanto, en todos los
objetos de nuestra experiencia se cumplirán necesariamente las condiciones de
los juicios sintéticos a priori de las matemática, siendo universales y
necesarios. Imaginemos un plano de un arquitecto donde se utiliza el triángulo
y el cuadrado como formas; esas formas poseen unas leyes independientes de la
experiencia; ese plano puede no llevarse nunca a la realidad; ahora bien, si
se efectúa la construcción siguiendo el plano, el edificio que se construya
estará sometido a las leyes de los cuadrados y triángulos del plano y no
podrá dejar de cumplir esas leyes.
2.2.2.
LA ANALÍTICA TRANSCENDENTAL.
La sensibilidad nos sitúa frente a una
multiplicidad de fenómenos. La función propia del entendimiento es
comprender lo percibido. Comprender los fenómenos es poderlos referir a un
concepto. Esta actividad se realiza siempre mediante un juicio. El
entendimiento es la facultad de juzgar, es decir, de producir juicios y
conceptos. Su función consiste en unir la diversidad de fenómenos bajo
conceptos universales; eso lo realiza en base a los distintos modos de juicios
posibles, según la modalidad, la cantidad, la cualidad y la relación: puesto
que cada clase admite tres modalidades, en total existen doce tipos de
juicios:
|
CANTIDAD |
CUALIDAD |
RELACIÓN |
MODALIDAD |
|
Universal |
Afirmativo |
Categórico |
Problemático |
|
Particular |
Negativo |
Hipotético |
Asertórico |
|
Singular |
Indefinido |
Disyuntivo |
Apodíctico |
Esos
juicios son los diferentes modos que tenemos para clasificar, ordenar y
unificar los fenómenos; ¿ qué hace posible cada una de esas maneras de
unificar los fenómenos ? Esa maneras posibles no están en los fenómenos,
sino que son producidas por nuestro entendimiento; éste, a diferencia de lo
que defendía el empirismo, no es pasivo, sino activo; produce esas formas de
clasificar; esas formas previas a los fenómenos que sirven para
clasificarlos, son denominadas por Kant " CATEGORÍAS O CONCEPTOS
PUROS DEL ENTENDIMIENTO"; cada tipo de juicio es posible gracias a
que nuestro entendimiento tiene doce formas de clasificar:
|
CANTIDAD |
CUALIDAD |
RELACIÓN |
MODALIDAD |
|
Totalidad |
Realidad |
Sustancia |
Posibilidad |
|
Pluralidad |
Negación |
Causa |
Existencia |
|
Unidad |
Limitación |
Comunidad |
Necesidad |
Las síntesis que unifican los datos de la experiencia en objetos,
haciendo posible emitir juicios son esas doce categorías. Los fenómenos son
el contenido del entendimiento, pero no pueden ser comprendidos si no son
unificados por las formas transcendentales del entendimiento que son las
categorías. La sensibilidad nos ofrece una pluralidad de figuras,
movimientos, colores...; el entendimiento al formular un juicio coordina y
unifica mediante las categorías esos fenómenos. Ahora bien, las categorías
son funciones del entendimiento, es el entendimiento actuando; esas categorías
son formas vacías; precisan de un contenido que son los fenómenos; las
categorías sólo son fuente de conocimiento aplicadas a fenómenos; más allá
de su aplicación a fenómenos su uso es ilegítimo y no aportan conocimiento.
Kant, a diferencia de Aristóteles, afirma que las
categorías no son propiedades de las cosas, sino funciones de la subjetividad
humana, de nuestro entendimiento, que unifican las percepciones produciendo
los objetos. Las
categorías convierten los fenómenos subjetivos en algo objetivo que,
sometido a leyes, tiene valor universal. Si todos los seres humanos tenemos la
misma estructura lógica, todos nos hacemos las misma representaciones. Yo
recibo sensaciones diferentes, pero todos los seres humanos las clasificamos
igual.
Las categorías se rigen por una leyes que son LOS PRINIPIOS
TRANSCENDENTALES. La unificación de diversas categorías en un objeto es
obra de LA CONCIENCIA PURA O APERCEPCIÓN TRANSCENDENTAL. De ésta
procede la unidad del objeto conocido.
Concluyendo
la deducción metafísica en el entendimiento, las formas a priori del
entendimiento son tres: Las categorías, los prinipios y la apercepción
transcendental. Estas formas sólo producen conocimiento, sólo pueden ser
utilizadas legítimamente cuando se aplican a fenómenos. Los fenómenos pos sí
solos son caóticos, dispersos; las categorías por sí solas son formas vacías,
sin contenido; para que haya conocimiento se han de dar conjuntamente.
Una vez expuestas las formas a priori del entendimiento, Kant puede establecer
la deducción transcendental, donde se muestra cómo es posible la física
como ciencia. El entendimiento
conoce aplicando las categorías a los fenómenos.
Las categorías se aplican a todos los fenómenos que el entendimiento
conoce. Por lo tanto, el principio de causalidad (categoría de causalidad) se
aplicará a todos los fenómenos cognoscibles, siendo universal y necesario.
2.2.3.
La Dialéctica transcendental: La razón y su exigencia de lo incondicionado.
a)
Deducción metafísica de las formas a priori de la razón:
La razón busca encontrar
juicios cada vez más generales, capaces de abarcer una multiplicidad cada vez
mayor de juicios particulares ; tiende a encontrar juicios, leyes, hipótesis
cada vez más generales que abarquen y expliquen un mayor número de fenómenos.
Así se construye la ciencia. De ahí la tendencia natural de la razón a
buscar condiciones cada vez más generales y, en última instancia, LO
INCONDICIONADO. Cuando la razón asocia unos elementos con sus condición
última, obtenemos:
-
Un sujeto que no puede ser predicado.
-
Una causa que no puede ser efecto.
-
Una totalidad que no puede ser parte.
-
En el orden de la experiencia interna, el sujeto absoluto es la idea de YO, O
ALMA.
-
En el orden de la experiencia externa, la idea de totalidad es EL MUNDO.
-
La totalidad absoluta de las dos ideas precedentes es la idea de DIOS.
Las ideas de YO, MUNDO y DIOS son las formas a priori de la razón, por las cuales pretende realizar la unidad absoluta de la
experiencia; estas tres ideas se obtienen sin el concurso de la experiencia;
es decir, son a priori tanto en el contenido como en la forma; eso quiere
decir que no forman parte de la ciencia como elementos constitutivos, pero
sirven para interpretar la experiencia. Son tres HIPÓTESIS
TRANSCENDENTALES, es decir, son suposiciones sobre las que se
basa la interpretación de la experiencia y sin las cuales no podría ser
interpretada; razonamos "como si" la experiencia interna, externa y
total tuviera unidad y orden. Esas tres IDEAS TRANSCENDENTALES permanecerán
como hipótesis hasta que la razón pueda descubrir un dominio que les
confiera un contenido adecuado; ese dominio vendrá dado por LA RAZÓN PRÁCTICA.
Esas tres hipótesis carecen de contenido empírico; son la forma como actúa
nuestra razón; atribuirles un contenido real, considerarlas como cosas en sí,
es UNA ILUSIÓN NATURAL E INEVITABLE, es lo que Kant denomina ILUSIÓN
TRANSCENDENTAL.
b)
Deducción transcendental de la razón:
¿Puede
ser ciencia la metafísica?.
Los elementos formales a priori sólo pueden ser legítimamente usados
aplicados a fenómenos. Esto lleva a Kant a hacer la distinción entre fenómeno
y cosa en sí. Lo que aparece al sujeto es algo fenoménico, una representación,
no las cosas en sí mismas; éstas son transcendentes, es decir, están más
allá del conocimiento científico, cuyo objeto está determinado por leyes
necesarias. El correlato del objeto que nosotros nos representamos, que
nosotros construimos, lo que no aparece, lo en sí al margen de la
sensibilidad, el NOÚMENO, es pensable, pero no puede conocerse.
Nuestro conocimiento se halla limitado a los fenómenos; el noúmeno es el límite
de la experiencia; no hay conocimiento de las cosas en sí. El acceso a las
cosas en sí no es abierto por el conocimiento teórico de la razón pura,
sino por el uso práctico de la razón - la respuesta la veremos en la Crítica
de la Razón Práctica-.
El espacio, el tiempo, las categorías, los principio puros, el yo puro y las
ideas puras de la razón, son formas vacías que hacen posible la experiencia,
es decir, permiten el conocimiento, pero no son ni propiedades de las cosas,
ni las cosas en sí mismas. A esta teoría se le denomina IDEALISMO
TRANSCENDENTAL.
De
todo
esto se deduce que la Metafísica entendida como un conocimiento de cosas
en sí, es decir, de noúmenos, es imposible como ciencia. El error de la
Metafísica ha consistido en hacer juicios utilizando como sujeto una idea
transcendental y poniendo como predicado una categoría transcendental; ambas
cosas son formas vacías de contenido empírico. Ese uso ilegítimo ha dado
lugar a errores denominados ILUSIONES TRANSCENDENTALES. La labor de la dialéctica
transcendental consiste en mostrar cómo tales ilusiones provienen de pasar
por alto la diferencia entre fenómeno y cosa en sí. Nosotros podemos conocer
fenómenos, pero no cosas en sí; el error de la metafísica radica en
confundir meras formas de la razón, meras hipótesis ( ideas
transcendentales), sin contenido empírico con cosas en sí.
Mientras la búsqueda de leyes cada vez más generales se mantiene dentro de
los límites de la experiencia, tal tendencia amplia nuestro conocimiento.
Pero esa tendencia inevitable de la naturaleza de la razón conduce a
traspasar los límites de la experiencia en busca de LO INCONDICIONADO,
preguntándose por las causas últimas de todo que a la vez no tiene ya una
causa ulterior; esos principios que carecen de condición son, como ya vimos,
DIOS, ALMA Y MUNDO.
Cuando la razón considera las ideas de Dios, alma y mundo como cosas, cuando las considera como algo más que un valor ideal incurre en juicios incorrectos:
-
Cuando el alma o yo es considerado como una cosa en sí se producen LOS
PARALOGISMOS, errores cometidos por la psicología racional. El yo es una
condición a priori, no una substancia; frente a Descartes, Kant afirmará que
una cosa es el acto de pensar y otra cosa el objeto pensado.
-
Cuando el mundo es considerado como un sustrato sustancial se incurre en la ANTINOMIAS
de la cosmología, que consisten en hacer un uso incorrecto del verbo ser;
del hecho de que lo condicionado exista como fenómeno, no se deduce que la
condición deba existir como cosa en sí. No hay experiencia de la totalidad.
-
Cuando Dios es considerado como una sustancia se incurre en FALACIAS
sobre la demostración de su existencia, utilizadas por la teología natural.
Las tres demostraciones más conocidas son las siguientes:
a)
El argumento ontológico, que olvida que todo juicio de existencia es sintético.
b)
El argumento cosmológico ( contingencia-necesidad), que hace un uso ilegítimo
de la categoría de causalidad, presuponiendo el argumento ontológico; la
causalidad se aplica sólo a fenómenos; además aunque tuviera que existir un
ser necesario no tendría por qué ser Dios.
c)El
argumento físico-teleológico que afirma la existencia de Dios en base a que
hay orden en el universo, hace un uso ilegítimo de la categoría de
finalidad, ya que por el hecho de existir orden no se puede concluir que haya
un ordenador y que éste sea Dios.
III.
LA CRÍTICA DE LA RAZÓN PRÁCTICA: ¿Qué debemos hacer?
3.1.
La razón práctica y el conocimiento moral.
La actividad racional no se limita al conocimiento de objetos;
necesitamos saber también cómo debemos obrar. La razón tiene dos
vertientes; el conocimiento científico sometido a leyes necesarias y el
conocimiento moral que se rige por la libertad; al primero se dedica la razón
teórica; al segundo la razón práctica. No es que haya dos razones, sino que
la razón posee dos usos o funciones; la razón teórica se limita a conocer cómo
son los objetos; la razón práctica se ocupa de saber cómo ha de ser la
conducta humana racional, es decir, la conducta libre. A la razón práctica
no le corresponde saber cómo es de hecho la conducta humana, lo cual es
objeto de la ciencia, sino cómo debe ser en caso de definirse por la
libertad. El ser humano es un
sujeto empírico y transcendental; en cuanto ser empírico está sometido a la
necesidad y es objeto de la ciencia; en cuanto transcendental, es libre. De ahí
que sea preciso separar los dos
ámbitos de la razón que obedecen a leyes diferentes. La razón práctica que
se ocupa de la moral debe culminar en la idea de bien. Se preguntará cuáles
son los principios de toda conducta racional, es decir, moral y libre.
3.2.El
formalismo moral.
3.2.1.
Las éticas materiales.
Según Kant, las distintas éticas que se han dado a lo largo de la
historia han sido materiales; material aquí no se opone a materialista, sino
a formal; se entiende por material aquella ética que posee contenido, es
decir, la bondad o maldad de la conducta humana depende de algo que se
considera bien supremo para el hombre; los actos serán buenos cuando nos
acerquen a la consecución de ese fin y malos cuando nos alejen de él. Por
ello las éticas materiales comienzan por determinar cuál es el bien supremo
o fin último del hombre -placer, felicidad, honor...-, y a continuación
establecen normas para alcanzarlo; ello constituye su contenido.
Kant,
partiendo del postulado de que la acción moral ha de ser libre, encuentra
tres deficiencias en estas éticas:
1.
Son empíricas, a posteriori, es decir, su
contenido es extraído de la experiencia; ahora bien, como ya señaló Hume,
de la experiencia no puede extraerse universalidad alguna; esas ética carecerían
de universalidad; no valdrían para todos.
2.
Son hipotéticas o condicionales; sus preceptos son medios
para conseguir el fin que es considerado como bien supremo; si el fin cambia,
los preceptos carecen de valor.
3.
Son heterónomas, ya que reciben sus preceptos del
exterior, desde la condición a conseguir, con lo cual se estaría negando el
principio fundamental de la moral: la libertad, la necesidad de darse uno a sí
mismo su propia ley.
3.2.2.
La ética formal de Kant.
Una ética racional y universal , es decir, que todos la puedan querer
siendo libres al mismo tiempo, ha de ser:
1.
A priori, no basada en la experiencia.
2.
Categórica, es decir, no basada en preceptos
que son medios para conseguir un fin, sino en imperativos incondicionales, que
marcan que la acción libre es un fin en sí misma.
3.
Autónoma, es decir el sujeto moral ha de
ser libre y se ha de dar la ley a sí mismo sin constricción externa, ha de
querer lo que hace.
Para
cumplir estos tres requisitos la ética no puede tener un contenido que
siempre sería empírico, de ahí que sea formal; indicará una forma de
actuar no el contenido; esa forma ha de ser universal y necesaria para todo
ser que actúe libremente. La ética formal no establece ningún bien o fin a
perseguir; no nos dice lo que debemos hacer, sino la forma a la que se debe de
amoldar toda acción para ser considerada libre o, lo que es lo mismo, moral.
Se limita a señalar cómo hemos de obrar siempre, trátese de la acción que
se trate. Esto es debido a que bueno en sí no hay nada empírico, lo único
que podría ser bueno absolutamente sería una voluntad que fuera
absolutamente racional y perfectamente sabia, de manera que entre la sabiduría
y la voluntad no hubiera contradicción, es decir, que la ley y su actuar
fueran lo mismo:
" Ni en el mundo, ni, en general, tampoco fuera del mundo, es
posible pensar nada que pueda ser considerado como bueno sin restricción, a
no ser tan sólo UNA BUENA VOLUNTAD".
"Buena en sí misma" significa que actúa por deber, que hace
lo que debe; sin embargo, ese deber no puede
venir dado por una condición exterior; así pues, ¿qué es el deber?
" Obrar por respeto a la ley". Esa ley no es una ley empírica,
sino un principio racional transcendental. Sólo los seres racionales, en
cuanto que son causas de acciones y no efectos condicionados por leyes
naturales actúan por principios que se dan autónomamente; la razón de un
ser libre deriva las acciones de principios que se da a sí misma, obligando a
la voluntad a actuar. Si la razón teórica considera al ser humano como
efecto condicionado, la razón práctica lo considera como ser libre capaz de
crear una serie causal, como ser capaz de crear lo que tan sólo es posible.
El ser humano es un ser dual, un "sujeto empírico-transcendental";
en cuanto empírico está sometido a la naturaleza, en cuanto transcendental,
es libre. Esta dicotomía será la base de la tolerancia y de los límites de
la razón contra el fanatismo, ya que es la causa de que no pueda darse un
acuerdo necesario entre la razón y la voluntad.
La libertad se mueve entre actuar sometido a condiciones externas o
actuar sin condicionamiento, es decir, actuando de manera que lo que se
hace es lo que uno quiere sin ninguna determinación.Esa es la diferencia
existente entre lo humano y la voluntad buena en sí - ideal transcendental-,
que expresa LA SANTIDAD. Esta sería la conformidad perfecta entre la voluntad
y la ley racional. La moralidad no es, por tanto, la racionalidad necesaria a
la que denominamos "Dios"; en el ser humano no hay acuerdo perfecto
entre conocimiento y acción; la moralidad es la racionalidad que puede o no
guiarse por la razón. Esto supone que la ley moral no adopte la forma de un
"hecho" necesario, sino la forma de un "imperativo", el
cual no puede ser condicional, sino "categórico".
Un ser humano actúa moralmente cuando actúa libremente, es decir, se
da a sí mismo su propio deber; ahora bien, nos podemos preguntar qué es el
deber y cómo se conjuga éste con la libertad. Según Kant existen a nivel
moral tres tipos de acciones:
a)
Contrarias al deber; por ejemplo, si
encontramos una cartera con dinero y el carnet de identidad del dueño,
quedarnos el dinero y tirar la cartera sería una acción inmoral.
b)
Conformes al deber; en el caso anterior yo podría
decidir devolver la cartera con la esperanza de ser recompensado por ello.
c)
Por deber; consistiría en devolver la
cartera por el hecho moral de que hay que devolverla, sin esperar nada a
cambio. Este tipo de acciones serían las únicas morales. Un ser humano actúa
moralmente cuando lo hace por deber, el cual es definido por Kant como
"la necesidad de una acción por respeto a la ley" y no por la
utilidad o satisfacción que nos reporte. El deber es la forma a priori de
todo juicio moral; para que un juicio moral pueda ser necesario, es preciso
que exista algo que sea el bien en sí, no limitado, un bien incondicionado y
que la voluntad no pueda negarse a quererlo. Sin embargo, como ya vimos en la
crítica que Kant hace a las éticas materiales, los bienes empíricos son
todos condicionales y relativos; sólo existe un bien absoluto e
incondicionado, UNA VOLUNTAD BUENA EN SÍ.
El
valor moral de una acción no radica en el fin que persigue, sino en la máxima,
en la voluntad que determina la realización de la acción. Para Kant, el único
sentimiento moral es el respeto racional a la ley moral; en ello consiste la
santidad; sin embargo, sólo la moralidad absoluta es santa, no el hombre, ya
que éste es incapaz de realizar en él la moralidad absoluta. La razón dicta
al hombre imperativos que éste puede o no seguir.
El imperativo categórico que
expresa el deber, es decir, la ley universal válida para todo ser racional
toma en Kant tres formulaciones:
1.
" Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que
se torne ley universal."
2.
" Obra de tal modo que se use la humanidad, tanto en tú persona como en
la de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca sólo como
un medio".
3.
" Obra según una máxima que pueda hacerse a sí misma al propio tiempo
ley universal".
Con ello Kant reconoce que el único valor absoluto,
el único fin en sí, es el ser humano: " la naturaleza racional existe
como fin en sí mismo"; de aquí derivarán todas las leyes y su
legitimidad.
La
ley moral por la que nos preguntábamos no puede mandar otra cosa que proceder
según una máxima que pueda valer para todos; esa acción se llama DEBER, ES
LA FORMA DE TODO ACTUAR MORAL, ES LO QUE SE DEBE HACER. Ahora bien, esa ley
moral no llega de fuera, no es una cuestión de la experiencia, la crea el
hombre, supone que el hombre es la primera causa de la misma, es su
incondicionado y, por lo tanto, ES LIBRE. Sin la libertad el ser humano no
podría ser moral; sería un animal más sometido a leyes necesarias. Así pues, la libertad es una condición transcendental, un
principio a priori de la razón práctica; pero esa forma a priori precisa de
un contenido empírico; sin embargo, este contenido sólo puede darse como
posibilidad histórica que hay que realizar. Para Kant la naturaleza tiene una
serie de potencialidades que hay que desarrollar; la naturaleza humana tiene
inscrito un desarrollo potencial que consiste en la producción de una
voluntad buena en sí, al margen de cualquier inclinación particular.
Si la vida moral suponía como primera condición de posibilidad la
libertad, al mismo tiempo presupone la postulación y creación de una
naturaleza suprasensible, un reino de los fines posible, donde el ser humano
como tal sería su propio legislador y súbdito; la humanidad como finalidad a
desarrollar y como idea transcendental se convierte en un reino de fines, lo
único que posee dignidad en sí. De esta manera frente al mundo de los seres
naturales se opone un mundo posible de seres racionales donde cada uno es
causa libre de sí; tal reino es una "IDEA", un "IDEAL DE LA
RAZÓN" al que hay que dar contenido, y cuya forma acabada adoptaría
la forma del ideal de Dios.
3.3.
Los postulados de la razón práctica.
Después de proponer la ley moral como el objeto a
ser conocido por la razón y deseado incondicionalmente por la voluntad, Kant
encuentra una antinomia:
-
La experiencia cotidiana muestra que la moralidad no causa la felicidad y por
otra parte, la autonomía de la voluntad (la libertad) impide que la felicidad
sea causa de la moralidad.
Esta
aparente contradicción es la que permitirá dar contenido en el plano moral
lo que carecía de él en el plano de la ciencia. LA LIBERTAD, LA
INMORTALIDAD DEL ALMA Y LA EXISTENCIA DE DIOS SON POSTULADOS DE LA RAZÓN PRÁCTICA.
Por postulado se entiende algo indemostrable en el plano del conocimiento,
pero que hay que suponerlo como condición de la moral misma; sin esos tres
postulados la moral sería imposible. La exigencia moral de obrar por deber
supone:
-
La libertad humana, como posibilidad de obrar por
deber venciendo inclinaciones y deseos.
-
La inmortalidad del alma, ya que la razón nos
ordena aspirar a la virtud, es decir, a la concordancia perfecta entre nuestra
voluntad y la ley moral; esta perfección es inalcanzable en una existencia
limitada por la muerte; su realización exige la inmortalidad.
-
Dios: La disconformidad que encontramos entre el
ser y el deber ser exisge un ideal de síntesis, una voluntad ideal, santa que
sintetice virtud y felicidad; ese ideal es Dios.
Estos
postulados son hipótesis necesarias, ya que su fundamento reside en la
naturaleza humana; son subjetivamente necesarios, aunque objetivamente
insuficientes. Con otras palabras, quien crea en la moralidad, debe actuar
como si, debe creer en la libertad, la inmortalidad y en Dios.
CONCLUSIONES:
Según hemos visto la ley moral no puede ser empírica, heterónoma ni
condicional; esto quiere decir que el deseo no puede ser un móvil, ya que todo
deseo es particular; por lo tanto, la felicidad no puede ser el fin de la
moralidad ni su fundamento. No actuamos moralmente para ser felices, sino "
para ser dignos de ser felices". No obstante, a no ser que tomemos las
leyes naturales por quimeras que no obligan a nada, cabe preguntarnos qué
podemos esperar, cabe preguntarnos por la esperanza; Kant vinculará la ley
moral y la esperanza de libertad mediante la idea de progreso. Las leyes morales
son deberes al margen de la existencia de Dios, pero carecen de fuerza al margen
de tal idea; de ahí que alla que postularla: " Cada uno tiene motivos para
esperar la felicidad en la misma medida en que se haya hecho digno de ella
". Por ello dirá Kant que " el otro mundo es un ideal moral
necesario. Sin él la legislación
moral queda sin gobierno." Eso
es posible como posibilidad ultraempírica o como posibilidad del progreso
social en el que Dios funciona como ideal de aproximación, como idea regulativa
del progreso; cuanto más se aproximen la moralidad y la felicidad a nivel
individual y colectivo más ilustración, más progreso se habrá alcanzado.
Pero
ese ideal también marca una carencia, una escisión entre la realidad y la
posibilidad, entre lo empírico y lo transcendental (ideal), de ahí que la crítica
de la razón práctica ponga el límite frente al fanatismo y la intolerancia:
"
Nosotros somos miembros legisladores en un reino moral hecho posible por la
libertad y representado por la razón práctica como objeto de respeto, pero
somos los súbditos, no el soberano del mismo." ( A, 147).
Con
ello Kant reconoce la insuficiencia de la razón humana tanto en su razón como
en su voluntad; sólo Dios es santo y sabio; los seres humanos tratamos de
aproximarnos a ese ideal; nadie se puede convertir en portavoz que imponga
mediante la supresión de la libertad la voluntad y la ley de Dios; esto sería
fanatismo.
IV.EL
DEBER. ( Cap 1º de la Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres)
1. Lo bueno en sí, el fundamento del valor moral del que depende la
valoración de las acciones, es LA VOLUNTAD.
Ni las cualidades del carácter ( talento y
temperamento)
Ni los dones de la fortuna (poder, riqueza, honra, salud..., que promueven la
felicidad), son los fundamentos del bien. Son meros medios. Pueden
hacernos felices, pero se puede ser un malvado feliz. Es decir, en sí mismos no
portan la bondad, pues pueden ser usados para la maldad.
2. La naturaleza ha dotado a los animales del instinto para que se guíen;
ese instinto los sujeta a la necesidad. Sin embargo, ella ha dado a los hombres
la razón para que guíe la voluntad. ¿ Es una fantasía el aparente propósito
o intención de la naturaleza? ¿ Existe ese propósito en la naturaleza?
3.
TESIS: La
naturaleza ha hecho que la razón y no el instinto o las inclinaciones sea la
directora de la voluntad humana?
4.
Comprobación:
Suposición:
La naturaleza no produce nada en vano, sino con un fin. El hecho de que haya
dotado a la voluntad con la guía de la razón significa que la razón debe
dirigir la razón. ( ¿ Cuál es ese
fin?)
Análisis
del supuesto:
Las disposiciones que la naturaleza da a los animales y al ser humano
tienen por finalidad conservar “la vida”. Por ello es preciso preguntarnos cuál
es el fin que la naturaleza ha asignado a la vida humana.
Si
el fin de la vida humana fuera la mera conservación o la felicidad, la
naturaleza no hubiera puesto como instrumento la razón, pues esos fines son
procurados mejor por los instintos.
Sin
embargo, la naturaleza ha producido
la razón para someter la voluntad, es decir, la facultad humana de
desear.
Por
tanto, es la razón y no los instintos e inclinaciones quien marca los fines
(y medios) humanos. ( Todavía no se han
analizado cuáles son esos fines de la razón).
Sin
embargo, encontramos que cuanto más cultivada (cultura) es una razón, más
consciente es de su alejamiento de la verdadera satisfacción. La razón, cuyo
desarrollo se manifiesta en las artes y las ciencias (razón teórica e
instrumental), ha producido más penas y dolores que felicidad.
Todo
ello conduce a afirmar que la
naturaleza nos ha creado para un fin más digno (diferente) que el de la mera
animalidad, para el cual está destinada la razón, mientras que los
instintos e inclinaciones (necesidad) no servirían. El fin de la razón no
es proporcionar la felicidad animal.
Ese
fin de la razón es producir una voluntad buena en sí misma ( siempre que sea verdad que la naturaleza siempre actúa con una
finalidad).
Esa
voluntad ha de ser:
El
bien supremo.
La
condición de cualquier otro bien racional, es decir, humano.
De
ello se deduce que la felicidad es secundaria, no es el bien supremo e
incondicionado .
La
nueva satisfacción a producir es peculiar: no está determinada por la
necesidad (inclinaciones e instintos).
Para
poder comprender qué es una voluntad buena en sí ( concepto que se halla ya en
el sano entendimiento natural, es preciso analizar el concepto de DEBER.
Las
acciones pueden ser de tres tipos:
-
Contrarias
al deber.
-
Conformes
al deber, pero realizadas en función de un fin distinto del deber.
-
Por deber, que son aquellas que son fin en sí mismas, sin ninguna otra finalidad.
Sólo
estas últimas tienen valor moral, ya que al no estar determinadas por nada
exterior a ellas se manifiestan como acciones libres realizadas por deber.
Las
acciones realizadas por deber tienen su valor,
no en el objetivo que persiguen, sino en la máxima por la que se rigen.
Fracase o no la acción, lo importante es el principio del querer (voluntad) que
la determina.
Los
fines externos a la acción y los efectos que tal acción produzca (procedimentalismo,
ética de la convicción ), no son los que confieren valor a la acción. Si actúan
como causas, tal acción no sería moral, aunque fuera conforme al deber. Pero
entonces, ¿ de dónde surge el valor moral de la acción? No puede surgir de
nada externo ni empírico, pues todo lo empírico es condicionado y no estaríamos
obrando por mero deber. Una acción hecha por deber tiene su valor , no en el
propósito que por medio de ella se quiere alcanzar, sino en la máxima que la
dirige. Por lo tanto, el valor sólo puede surgir de un principio formal a
priori del querer en general.
Sólo
es objeto de respeto aquello que se relaciona con mi voluntad como fundamento,
como causa y no como efecto. El problema radica en que la voluntad racional pura sea determinante de la acción – y por tanto, libre, autónoma-
o como determinada por el exterior o por causas ajenas a ella – no libre,
heterónoma-. La autonomía sólo se
alcanza cuando uno obra según una ley que sólo mana de la voluntad pura.
El
deber es, por tanto, la necesidad de una acción por respeto a la ley. Lo que
determina a una voluntad buena es objetivamente la ley (Ley práctica) y
subjetivamente el respeto a ella, aun en perjuicio de mis propias inclinaciones.
Ese
respeto se concreta en la máxima de obedecer siempre la ley. El principio
objetivo de la acción moral es la ley y el subjetivo es la máxima por la que
se expresa. Si en los seres humanos la razón dominara plenamente al deseo, no
harían falta máximas; siempre realizaríamos la ley. Pero como no es así, la
ley aparece como una máxima que nos ordena obrar bajo una forma racional,
como un imperativo que sería válido para todo ser racional libre.
Concluyendo
este argumento, “sólo la representación de la ley en sí misma, que sólo se
encuentra en el ser racional, en cuanto que sea la causa determinante de mi
voluntad, es EL BIEN MORAL”.
Ahora
bien, ¿ Cuál es esa ley? ¿ Qué debe determinar la voluntad para que esta
pueda ser llamada buena en sí?: LA UNIVERSAL LEGALIDAD DE LAS ACCIONES EN
GENERAL – pues, de la voluntad se ha extraído como hemos dicho toda
determinación empírica, es decir material, como son las inclinaciones, deseos,
pasiones, intereses...) .
Según
vimos esa legalidad en el ser
racional humano se expresa subjetivamente bajo la forma de un mandato
imperativo categórico, es
decir, bajo la forma de una máxima. Esa máxima carece de contenido, no dice qué
hay que hacer a cada instante, sino que nos da la forma que debemos de adoptar a
la hora de elegir. Esa máxima
puede ser expresada de la siguiente manera:
No debo obrar nunca más que de modo que pueda querer que mi máxima
pueda convertirse en ley universal.
La razón me impone respeto por esta legislación universal. Tal
legislación no la conozco, de ahí que su fundamento deba ser indagado por la
filosofía. Lo que sí podemos saber ya es que la necesidad de mis acciones por
puro respeto a la ley práctica es lo que constituye el deber, tal es el
fundamento determinante de una voluntad buena en sí. Es pues, el principio del
conocimiento moral de la razón vulgar del hombre, es decir, todos
los hombres saben, sin conocimiento teórico lo que deben hacer.
Sin embargo, hay una fuerza poderosa y contraria al deber: las necesidades e
inclinaciones cuya satisfacción define la felicidad. Por
ello se produce una dialéctica entre las leyes del deber (libertad moral) y las
leyes de la naturaleza animal, que inducen a la felicidad. Para
distinguir entre ambas es precisa la filosofía práctica.
OBRAS.
• Crítica de la razón pura
(1781).
• Idea de una historia universal en clave cosmopolita (1784).
• Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785).
• Crítica de la razón práctica (1788).
• Crítica del juicio (1790).
• La religión dentro de los límites de la mera razón (1793).
• Sobre la paz perpetua. Un esbozo filosófico (1795).
• La metafísica de las costumbres (1797).