PLATÓN
(427-347
a.C).
I. CONTEXTO HISTÓRICO DE PLATÓN
1.1.- El surgimiento de la de
la Democracia.
Durante los siglos VIII y IX a de C., Atenas estaba formada por una
serie de aldeas alrededor de la Acrópolis. En el siglo VII a. de C. apenas
podía considerarse una ciudad, y estaba regida por los nobles o eupátridas,
que habían abolido la monarquía hereditaria,
y gobernaban con pleno poder y autoridad para administrar la justicia,
a menudo de forma arbitraria. En el 621 a. de C.. el político Dracón
modificó la ley ateniense, por la que el poder judicial de los nobles
quedaba limitado. Posteriormente, el
político y legislador Solón, en el 594 a. de C. continuó reduciendo el
poder hereditario de los eupátridas, reformando
el código draconiano y otorgando la ciudadanía a las clases bajas.
Durante el mandato del tirano Pisístrato, (560 al 527 a de C.) las
formas de gobierno empezaron a adoptar elementos democráticos. Pero sus hijos
Hiparco e Hipias, ejercieron el poder de forma despótica, hasta que Hipias
fue expulsado por una insurrección popular en el 510 a. de C. (Hiparco había
fallecido antes). Durante el consiguiente conflicto político, los partidarios
de la democracia obtuvieron la victoria, bajo el mando del político Clístenes,
en el año 502 a. de C., comenzando una nueva etapa política basada en
principios democráticos, que supuso el más brillante periodo de la historia
de Atenas.
1.2.-Hegemonía de Atenas
En el 478 a de C., un gran número de estados griegos formaron la
alianza llamada Liga de Delos, encabezada por Atenas, con el propósito de
expulsar a los persas de las ciudades griegas costeras de Asia Menor. Tras la
victoria de la Liga dio comienzo el periodo de hegemonía conocido como la Edad
de Oro de Atenas, o también el siglo de Pericles, que se
extiende durante el siglo V a. de C.
Bajo el mando de Pericles, la ciudad alcanzó su mayor esplendor
cultural y artístico. Se construyeron el Partenón, el Erecteion y otros
grandes edificios. El teatro griego alcanzó su máxima expresión con las
tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides, y las comedias de Aristófanes.
Destacan también los historiadores Tucídides y Heródoto, y escultores como
Fidias y Mirón. Surge la figura de Sócrates (470 al 399 a de C.)
En el -429 termina la Democracia de Pericles. La Democracia había
supuesto un cambio de mentalidad que influye en la eliminación del lenguaje
dogmático, propiciándose la “democratización del Logos”. La verdad es
patrimonio público, siendo preciso desvelarla mediante la investigación
filosófica.
1.3.- La Guerra del Peloponeso: Atenas cede la supremacía a
Esparta.
A pesar de la excelente situación interna de la ciudad, la política
exterior de Atenas no era óptima. Surgieron fricciones entre los descontentos
miembros de la Liga de Delos, que temían el proyecto hegemónico de Pericles,
y trataron de derribar la dominación ateniense. Además, esta supremacía
despertaba los celos de otras ciudades-estado griegas, en particular de su
eterna rival Esparta, que había fundado otra liga entre las ciudades del
Peloponeso.
Desde el 550 a. de C. la liga del Peloponeso empezó a oponerse a
Atenas activamente, hasta que en el 431 a. de C. se inició la Guerra del
Peloponeso, que duró hasta el 404 a. de C.
Precisamente durante esta
guerra nace Platón (427 a.C.),
desarrollándose su juventud en una época convulsionada por profundos e
incesantes cambios sociales y políticos, que incidirán en sus obras, sobre
todo República y Leyes, y parte del Timeo.
Desde el 429 en que termina la Democracia de Pericles, hasta el 411, se
produce la alternancia de poder entre los dictadores Nicias y Alcibíades.
Este era sobrino de Pericles, y su carácter ambicioso le llevó a intentar
conquistar Sicilia, siendo derrotado.
Como consecuencia de esta derrota, en el 411 dan un golpe de Estado los
oligarcas, con el pretexto de reinstaurar la Democracia. También se aducen
como causas que la educación sofística estaba minando los cimientos morales
de la sociedad. La Oligarquía instaura un régimen de terror.
En el 411 se reinstaura la Democracia. Entre sus adalides se encuentran
Sócrates, el político Cleon y el escritor Eurípides, autor de obras como
Las Troyanas, en la que proclama la inutilidad de la guerra, su crueldad y sus
consecuencias desastrosas. Platón
conoce a Sócrates en el 407, cuando contaba 20 años de edad.
En el 404, se produce el asedio y capitulación de Atenas frente a
Esparta, que marca el final de la Guerra del Peloponeso (-431 a –404) y el
establecimiento de la hegemonía espartana sobre Grecia. Esta derrota
representa una catástrofe para Atenas, que en el plano político pierde la
democracia y la independencia. Al final de la guerra, Esparta promovió un
gobierno de carácter oligárquico llamado de los Treinta Tiranos para
gobernar Atenas, creando similares cuerpos regentes en las ciudades e islas de
Asia Menor.
En la oposición a este gobierno títere de Esparta se encuentran
algunos amigos y parientes de Platón, como Critias, Cármides y Trasímaco,
que le piden colaboración. Pero Platón muestra en la carta VII su decepción:
“Pensé que iban a gobernar la ciudad sacándola de un régimen de vida
injusto, conduciéndola a un orden mejor. (...) Y vi que en poco tiempo
hicieron parecer bueno como una edad de oro al régimen anterior.”
(Carta VII, 324b –325a)
1.4.- Expulsión de los espartanos y restauración de la
democracia. Primer viaje de Platón a Italia.
Tan solo un año después, en el 403 a. de C., los atenienses,
comandados por Trasíbulo, se sublevaron y expulsaron a la guarnición
espartana que había apoyado a los oligarcas, y restauraron la Democracia e
independencia, siendo secundados en su rebelión por otras ciudades griegas.
Pero durante este periodo democrático se produce la condena de Sócrates, en
el –399. También es perseguido Protágoras, que huyó cuando le quemaron
los libros para no morir como Sócrates.
La nueva Democracia anima a Platón a participar en Política. Pero la
condena de Sócrates le impresiona profundamente, y desde entonces no dejó de
investigar sobre la forma de mejorar la vida política. A la muerte de Sócrates,
Platón se dirige a Megara con un grupo de socráticos, y después a Cirene
(Egipto).
Posteriormente, en el –388 realiza su primer viaje al sur de Italia,
la llamada Magna Grecia, atraído por la fama de los pitagóricos. En
este primer viaje a Sicilia trabó amistad con Dion, cuñado del tirano de
Siracusa Dionisio I el Viejo. Dión era gran admirador de Platón, y le
convenció de que sus teorías políticas podrían llevarse a la práctica.
Platón interviene activamente en política, y critica al tirano Dionisio I
intentando moralizarlo. Pero este, temeroso de sus proyectos reformadores, le
hace vender como esclavo en el mercado de Egina, donde es reconocido por un
ciudadano adinerado que lo rescata y pone en libertad, retornando a Atenas en
el –387, donde funda la Academia en el –387.
1.5.-Declive de Esparta
En el 382 a. de C., Esparta invadió Tebas, polis enclavada al noreste
de Atenas, de la cual era aliada. Como consecuencia de esta invasión, se
inició una nueva guerra entre Esparta y la alianza tebano-ateniense, que
finalizó con la batalla de Leuctra en el 371 a. de C., en la que triunfaron
los aliados, poniendo fin definitivamente a la dominación de Esparta.
1.6.- Segundo y tercer viajes de Platón a Italia.
En el –367, cuando han transcurrido veinte años desde la fundación,
ingresa en la Academia Aristóteles –con 17 años de edad-, enviado por su
tutor a estudiar a Atenas. Durante este mismo año fallece Dionisio I, a quien
sucede su hijo Dionisio II el joven, sobre el que ejercía gran influencia su
tío Dión, que llama nuevamente a Platón para que de su aportación a nuevas
reformas políticas.
De manera que al año siguiente, en el –366, realiza Platón su
segundo viaje al sur de Italia, regresando a Siracusa, pues no se consideraba
a si mismo como “hombre de pura teoría”, pero las intrigas
internas por el poder provocan que Dionisio II sospeche de Dión, y le
destierra. Platón permanece como huésped de Dionisio, al que intentó
encaminar hacia la investigación filosófica, pero no obtuvo resultados
positivos y regresó desanimado a Atenas este mismo año.
En el –361 se produce el tercer viaje a Italia, ya que Dionisio II se
arrepiente y requiere nuevamente la presencia de Platón, que emprende su
tercer viaje acompañado por miembros de su Academia, animado también por Dión,
que vivía desterrado en Atenas y deseaba que se le conmutara su pena. Pero
tampoco tuvo éxito, ya que Dionisio no seguía sus directrices, e incluso le
impidió regresar a Atenas, siendo rescatado por mediación del matemático
pitagórico Arquitas de Tarento, logrando regresar a Atenas en el
–360. Por su parte, Dión logró regresar a Siracusa y expulsar a Dionisio
II, pero no gozó de la simpatía del pueblo, siendo finalmente asesinado en
la conjura promovida por el ateniense Calipo.
Platón
permaneció dedicado a escribir y a su labor docente en la Academia, hasta su
fallecimiento en el –347.
II. BIOGRAFÍA Y PROBLEMÁTICA A LA QUE
SE ENFRENTA PLATÓN.
Platón nace en el año 427 a. C. Sus padres, Aristón y
Perictione, están emparentado con algunas de las familias más importantes de
Grecia. Tiene dos
hermanos y una hermana, uno de cuyos hijos, Espeusipo, le sucede a su muerte
al frente de la Academia.
A la muerte de su
padre, su madre vuelve a casarse con uno de los hombres más ricos de la
ciudad, Pirilampes. Son familiares de Platón los políticos Cármides y
Critias, que forman porte del gobierno de los Treinta tiranos, gobierno títere
impuesto por Esparta cuando derrota a Atenas en la guerra del Peloponeso (404
a. C
A
los dieciocho años conoce a Sócrates, convirtiéndose en el más fiel y
entusiasta de sus discípulos, y, a su muerte (399 a. C.) huye a Megara con un
grupo de socráticos. Viaja también a Egipto y de allí pasa a Italia a través
del norte de África. En la Italia meridional se pone en contacto con
Arquitas, pitagórico, estadista y matemático, y este encuentro puede
explicar la influencia en su obra de la filosofía pitagórica y la reverencia
que siente hacia las matemáticas. En filosofía tiene como maestro a Crátilo,
discípulo de Heráclito, y las enseñanzas que de él recibe influyen en su
afirmación de que sobre lo sensible, que está en continuo cambio, no puede
haber conocimiento estable.
En
el año 388 a. C., pensando que se podría organizar una ciudad conforme a las
pautas que recogerá pocos años después en la República, viaja a Sicilia,
donde conoce a Dión, ferviente admirador suyo y cuñado del tirano de
Siracusa, Dionisio. Se le permite tratar de organizar la ciudad de acuerdo con
sus ideas y el resultado del intento no es otro que su venta como esclavo
cuando intentaba regresar a Atenas en una nave espartana, gracias a un plan
urdido por Dionisio. Un amigo suyo lo reconoce en Egina, lo rescata y lo pone
en libertad. A su vuelta a Atenas, 387 a. C., funda la Academia.
En el año 367 a. C. muere Dionisios y le sucede su hijo Dionisios II. Platón vuelve a Siracusa, pero las luchas internas por el poder que se producen en la ciudad le obligan a abandonar y a volver a Atenas al año siguiente. Todavía lo va a intentar Platón una tercera vez, en el año 361 a. C., cuando es requerido nuevamente por Dionisios II, pero otra vez fracasará en su intento y, al año siguiente, vuelve de nuevo a Atenas, donde permanecerá, dedicado a escribir, hasta su muerte, que se produce en el año 347 a. C.
Obras:
a) período socrático:
Apología de Sócrates, Critón, Ión, Lísis, Protágoras, Laques, Cármides,
Eutrifón.
b) período de transición:
(388 al 385 a. C.): Hipias Menor, Hipias Mayor, Gorgias, Menéxeno, Eutidemo,
Crátilo, Menón.
c)
período de madurez (385 al 370 a. C): Banquete, Fedón, Fedro y
República.
d)
período de vejez: Teeteto, Parménides, Sofista, Político,
Filebo, Timeo, Critias y las Leyes.
El problema al que se va a enfrentar Platón es el de la crisis de su polis,
Atenas, envuelta en la injusticia por las luchas intestinas, su mala
organización y sobre todo por una crisis de los valores (conflicto fisis-
nomos); todo ello condujo a la condena a muerte de Sócrates, broche
culminante de la injusticia. Esa lucha de valores se manifestaba en el fenómeno
sofístico. Si la polis estaba en crisis por la lucha de intereses partidistas
o particulares que impedían la justicia y el bien común, a nivel ideológico
esa crisis se manifiesta en el fenómeno sofístico que defendía posiciones
relativistas, convencionalistas cuando no puramente escépticas. Los sofistas
tienden a poner de relieve aquellos aspectos del conocimiento por los
cuales éste puede pretender
presentarse como verdad
necesaria, sino que se constituye sólo como opinión individual y antinómica,
o como simple sensación. Esto es lo que hace que no quepa posibilidad de
una verdad común. Si todo depende de los intereses, de las sensaciones
particulares o de la cultura a la que se pertenece, no existe la posibilidad
de una verdad objetiva común; todo es cuestión de opinión y todas las
opiniones tienen el mismo valor. La política, es decir, la organización de
la vida en la polis con sus leyes e instituciones no sería más que la
expresión del interés particular y de la violencia física o económica.
Frente
a esta situación va a reaccionar Platón, primero retirándose de la vida política
para centrarse en los viajes y el estudio que terminarán en la fundación de
la Academia; el prisionero ha salido de la caverna. Pero después, hará su
propuesta crítico-utópica donde reflexionará sobre cómo solucionar esa
crisis de la polis. Gran parte de su obra se centrará en este problema: ¿ Cómo
organizar la polis según el bien, la verdad y la justicia de manera que sea
posible la armonía y la felicidad ? La República será una respuesta
a ese problema. La polis sólo podrá encontrar un orden justo cuando sea
organizada de cara al bien por alguien que lo conozca y lo practique, por
alguien que conozca las verdades objetivas más allá de los intereses
particulares. De ahí que para poder organizar la polis armónicamente, ha de
ser posible encontrar valores objetivamente válidos para todos ( problema del
conocimiento y del filósofo) y en base a ellos organizar la ciudad ( problema
de la paideia o educación) .
En
primer lugar vamos a abordar el problema de la posibilidad de los valores
objetivos , del modo de conocerlos y de si cualquiera puede llegar a
conocerlos.
III.
EL CARÁCTER CONCEPTUAL DE LA UNIDAD DE LO MÚLTIPLE.
En el pensamiento de Platón confluyen todos los temas y problemas de la
filosofía precedente; y con el pensamiento de Platón se mantiene en
constante y explícita relación todo el desarrollo sucesivo del saber filosófico..
A través de la profundización de la postura socrática, Platón se encuentra
a su vez frente al gran problema, planteado por Parménides, de la conciliación
de experiencia y razón.
En la búsqueda del elemento unificador de lo múltiple la filosofía
presocrática se remite tanto al concepto al concepto más universal.
Desea establecer no simplemente qué hay de
idéntico en un grupo de objetos (por
ejemplo, lo que hay de idéntico en las acciones justas), sino lo que es idéntico
en todas las cosas, o sea el concepto de la totalidad de lo múltiple.
La inteligibilidad del ser se convierte, pues, en Platón en un verdadero
componente ineliminable del principio unificador de lo múltiple. Al determinar
qué hay de idéntico en todos los entes, antes que nada deberá reconocerse
que todas las cosas son inteligibles, o sea que la inteligibilidad
pertenece a lo que hay de más idéntico en cada cosa. Y dentro de esta
nueva perspectiva Platón
IV.
LA IDEA .
El concepto difiere tanto del conocimiento de lo particular como de la sensación. El contenido del concepto es lo que hay de idéntico en cada cosa particular y sensible, o en ciertos grupos de cosas. Lo cual difiere de conocer una cosa en su particularidad. ¿En qué relación se encuentra el contenido del concepto con las cosas particulares y sensibles?
La inmutabilidad de la idea. – Un
hombre concreto, Pepe, nace, se transforma al crecer y perece; en
cambio, “el hombre”, su ser esencial, se presenta constante y eternamente
idéntico a él mismo. No
puede existir momento alguno en el cual el ser-hombre, la magnitud, la
blancura, la justicia, etc., no sean, respectivamente, ser-hombre, magnitud,
blancura, justicia, etc., o sea que son eternamente iguales a ellos mismos. Pero existen momentos en los
cuales este hombre, esta cosa grande, esta cosa blanca, esta cosa justa aún
no existe o ya no existe: cuando este hombre es aún embrión o se ha
convertido en polvo, cuando esta cosa grande es aún pequeña o lo ha vuelto a ser.
Al
contenido del concepto Platón lo llama idea. Por lo tanto,
mientras los entes particulares devienen y son mutables, la idea es
inmutable y eterna, y por lo tanto es el ser por
excelencia. El término “idea” no indica algo creado mentalmente , sino
algo que preexiste al ser humano y que este lo puede
captar con su inteligencia. La idea es el ser en su aparecer a la mente
y no ante los sentidos.
Si
se tiene presente que el sentido originario de la physis, en el pensamiento
filosófico, es la aparición del ser, la idea es la physis misma. Pero
esta no se muestra de manera sensible, sino de manera inteligible.
El
mundo inteligible.- La idea es pensada (concebida)
no sentida. Podemos tocar, ver, oír a este hombre, pero no tocar, ver, oír
al “hombre”. La idea es un significado: el significado que muestra qué es
cierto ente, y los significados no se tocan ni se ven. Su manifestación es
algo diferente de ser sentidos; los significados son pensados. Veo
esta superficie roja; pero el significado "rojo” no puede ser
visto; es pensable, inteligible a la razón. Ya que las ideas son tantas como
conceptos hay, las ideas constituyen un mundo inteligible, diferente,
pues, del mundo sensible, formado por los entes particulares y mutables.
El mundo de las ideas es el
contenido del conocimiento
conceptual; el mundo sensible, el contenido del conocimiento particular y
sensible. El ser inmutable y eterno, la idea se manifiesta en el
conocimiento conceptual; mientras que el conocimiento no conceptual, es
decir, el sensible, tiene como contenido el ser que deviene y llega a
corromperse.
Si
consideramos qué es cualquier cosa perteneciente al mundo sensible,
siempre se tratará de una idea: la idea de hombre, por ejemplo, es lo
que cierto hombre -supongamos Alcíbíades- es. La idea constituye, por lo
tanto, el ser del mundo sensible; o sea que el mundo sensible es en
virtud de este ser de la idea.
Cuando
un ente sensible se genera, todo su ser ya preexistía (ya que su ser es la
idea, en virtud de la cual éste
existe), y cuando se corrompe,
todo el ser continúa existiendo. El mundo sensible es el ser derivado
V.
LAS CAUSAS DEL MUNDO SENSIBLE.
Las causas del mundo sensible son tres: la idea, verdadero ser, inmutable y esterno,
modelo, forma y esencia de las cosas sensibles. Las cuales son lo que son
porque participan de la idea; el demiurgo, que da forma a la materia
copiando el modelo de las ideas y la jora, materia informe que es
modelada o estructurada por el demiurgo.
a) La idea
es por lo tanto la “verdadera causa” del mundo sensible: todo que es lo es
porque en él de alguna manera
está presente el mundo inteligible. Por ejemplo, si una cosa es bella, por
ninguna otra causa es bella sino por la presencia en ella de lo bello en sí,
(o sea de la idea de lo bello); y por ninguna otra causa Sócrates es hombre,
si no es porque en él está presente el “hombre en sí”, la idea o
esencia de hombre. Por lo tanto, los entes sensibles se generan porque
participan de cierta idea (o sea aquella por la cual son lo que son), y se
corrompen cuando ya no logran participar en ella. Platón expresa de varias
maneras la “presencia” de la idea en lo sensible: diciendo que lo sensible
“participa” o "imita" la idea, o que es su "copia" e
“imagen”.
b) El Demiurgo. Si
lo sensible se genera porque participa de lo inteligible, por otra parte es
necesaria una causa de la generación , o sea una causa que haga lo sensible
partícipe de lo inteligible. En otros términos: todo lo que nace puede nacer
sólo en cuanto participa del eterno ser inteligible; pero también se
requiere una fuerza que tenga la capacidad de realizar tal participación, o
sea de producir lo sensible a imagen y semejanza de lo inteligible. No puede
tratarse, pues, de una fuerza ciega, sino de una potencia que es a la vez
suprema sabiduría que conoce totalmente el mundo inteligible y, por lo
tanto, puede adoptarlo como modelo en la producción de lo sensible. A esta
suprema potencia de la sabiduría -este Demiurgo del universo- Platón lo
llama Dios.
c) La Jora o “Madre”
de la generación.
Si
la idea está presente en el mundo sensible por obra del Demiurgo, la
constitución del mundo sensible requiere finalmente también la existencia de
lo que recibe lo inteligible, o sea de aquello en lo que está presente lo
inteligible y por lo tanto en lo cual se genera el universo. Si lo sensible es
imagen de la idea, la imagen puede existir sólo en cuanto está constituida
por “algo” que por obra del Demiurgo,
se transforma justamente en imagen de la idea .
Esta
naturaleza materna Platón la
llama jora;, de por sí no tiene ninguna inteligibilidad- o sea que no
es tierra, ni aire, ni fuego, ni agua, sino que es absolutamente indeterminada;
es, por tanto, la pura capacidad de recibir cualquier forma. Una
capacidad eterna que no puede generarse o destruirse y coexiste
eternamente con el mundo inteligible y con el Demiurgo. Ya que de por sí
está privada de toda inteligibilidad, es el caos originario, al que
transforma en cosmos ordenado el demiurgo. Y como la idea es el principio de
todo bien, el caos originario es, como tal, principio de todo mal.
VI.
VERDAD Y OPINIÓN.
El objeto estudiado por la ciencia, a la que denomina “episteme” es el ser inmutable, es decir, la idea.
Como ya habían
observado Parménides y Heráclito, el encuentro con la verdad es algo insólito
en la vida del hombre: la mayoría vive en la no-verdad; y aun aquellos pocos
que tienden a ella -y que por esta tendencia deben ser llamados “filósofos”
(o sea amantes de la verdad, de la sabiduría)- la encuentran al término de
un laborioso proceso, que conduce más allá del común modo de pensar y de
vivir.
La
verdad, como saber incontrovertible, es conocimiento de la idea o sea
el ser inmutable, del ser que es absolutamente: la mayoría, en cambio, sólo
conoce el mundo sensible: ignora lo bello en sí, lo bueno en sí, lo grande
en sí y todas las otras ideas, y sólo sabe de cosas bellas, de cosas buenas,
de cosas grandes; conoce únicamente las imágenes de los seres vivos, sin
saber que son imágenes y, por lo tanto, viven como en un sueño, porque soñar
es justamente considerar que las imágene
son realidades verdaderas. Al igual que Parménides, Patón llama opinión
(doxa) a este saber que consiste en el conocimiento vulgar del
mundo sensible.
El
objeto de la opinión es el ser que deviene.
- Por otra
parte, si la ciencia (la episteme)
se refiere al ser que es de manera
absoluta, no puede sostenerse que la opinión se refiera a la nada (a
esta consecuencia no podía escapar Parménides); el objeto de opinión no
puede, ciertamente, coincidir con el objeto de la ciencia, sino que es siempre
algo que, aun no siendo el ser absoluto, participa de él. En efecto, las
cosas sensibles, objeto de opinión, son lo que son en cuanto, como hemos
visto, participan de las ideas
correspondientes; pero ya que participan de las ideas eternas e
inmutables, pero no coinciden con ellas, las cosas sensibles participan también
del no-ser; por ello se generan y se corrompen.
La opinión tiene, pues, como contenido algo de “intermedio” entre el ser y el no- ser; este intermedio es justamente la realidad sensible que, en cuanto que está sometida al movimiento y el cambio, participa del ser y del no-ser.
En la primera parte del "mito de la caverna" el camino
que conduce de la opinión a la verdad representa a la filosofía. La opinión
es la situación en la que el hombre vive comúnmente; hasta las mejores
opiniones son “ciegas”: quien las posee se asemeja a un ciego que camina
recto por la calle; en efecto, no conoce las razones de aquello de
lo que está convencido. Por ejemplo, si se pregunta a alguien qué pasará si
tiro una piedra hacia arriba, lo normal es que conteste que “caerá”. Eso
lo dirá porque está acostumbrado a ver caer las cosas por sus sentidos. Su
opinión será correcta; pero si se le pregunta por la razón de que caiga,
esa razón ya no es sensible. Precisa del conocimiento científico.
Igualmente, si vemos a una persona cualquiera diremos, porque así lo hemos
aprendido, que es un ser humano. Pero, si se nos pregunta ¿ por qué? No creo
que digamos que es porque tiene cabeza, tronco y extremidades.
En el libro VII de La República, Platón compara al que vive
en la opinión con un prisionero que, atado desde el nacimiento en el fondo
de una caverna, no puede moverse y menos volver la cabeza. Detrás de él,
arriba, arde un fuego; y entre él y el fuego hay un pequeño muro del que
sobresalen, llevados por ciertos portadores, estatuas y simulacros que
representan todo tipo de cosas. Desde el nacimiento, el prisionero ve sus
sombras proyectadas sobre la pared de enfrente y está convencido de que las
sombras son la verdadera y única realidad. Pero si logra liberarse de las
cadenas, puede descubrir las simulaciones que se mueven detrás de él, y si
sale de la caverna puede contemplar finalmente -cuando se haya acostumbrado a
la luz del día- las verdaderas realidades de las que esos simulacros son
copias e imágenes.
La vida en la caverna corresponde a la opinión (doxa);
la de fuera de la caverna, al conocimiento de lo inteligible, o sea a la
ciencia (episteme). Opinión y ciencia se dividen a su vez en dos grados.
En la vida cotidiana (que es justamente el mundo de la opinión) se pueden
encontrar o no cuerpos sensibles (que corresponden a los simulacros del mito
de la caverna) o las imágenes de éstos (las sombras del mito) de cualquier
manera que se formen: en los sueños, en las fantasías, en los productos del
arte humano, etc. Estos dos momentos de la opinión son llamados por Platón "fe"(pistis)
e "imaginación" (eikasia) respectivamente. Como la opinión
respecto de la inteligencia es no-verdad, también la imaginación es
no-verdad respecto de la fe.
También la ciencia está constituida por dos momentos, el primero de
los cuales es no-verdad respecto del segundo. En efecto, la inteligencia también
puede ser conocimiento geométrico-matemático . Este tipo de
conocimiento -llamado por Platón "raciocinio"- en la filosofía
platónica recibe una de las caracterizaciones más fundamentales y duraderas.
El conocimiento geométrico-matemático ( dianoia)
se sirve de ciertas figuras sensibles: las figuras geométricas dibujadas en
el papel, en la arena o de otra manera. Pero estas figuras sensibles no son el
objeto propiamente dicho de la geometría, sino sólo la imagen de tal objeto.
En efecto, cuando la geometría considera las propiedades, por ejemplo, del
cuadrado, refiriéndose a un cuadrado concreto dibujado en una hoja, no
afirma que tales propiedades competan justamente a este cuadrado sensible y
específico, sino que las atribuye al cuadrado en sí: tiene como
objeto la idea del cuadrado, en la que participa y a la que imita todo
cuadrado sensible. Las disciplinas geométrico-matemáticas son, pues, formas
de conocimiento conceptual, sin embargo aún no son verdad y ciencia.
En efecto, parten de hipótesis no justificadas, y al asumirlas
como conocimientos indudables y evidentes, construyen sobre ellas todas sus
demostraciones. Su saber es hipotético.
El conocimiento conceptual debe liberarse del carácter hipotético y
controvertible que aún compete a las disciplinas matemáticas; en general,
debe superar todo tipo de conocimiento hipotético y opinable a fin
de llegar al "principio no hipotético de cada cosa", es
decir, a ese contenido inteligible originario, cuya inteligibilidad no depende
de ninguna otra cosa y de la que en cambio depende todo conocimiento del mundo
inteligible.
Platón
llama intuición ( noesis) a esta forma suprema de la inteligencia
humana. Esta superación de todo conocimiento carente de verdad, que se eleva
al principio no hipotético y desde él desciende hasta los términos últimos
del mundo inteligible, es llamada por Platón dialéctica.
El
principio no hipotético, del que depende el conocimiento de todo el mundo
inteligible, es la idea del "bien".
No
puede conocerse cosa alguna (sensible o inteligible) si no se sabe en
qué consiste su “bien”, su
perfección, su esencia, y si por lo tanto no se conoce el “bien” en sí
mismo.
Cada
cosa, en efecto, es un “bien” determinado.
La
idea del “bien” es el supremo vértice del ser; es
pues, a la vez, la causa por la cual puede conocerse en la verdad y la
causa por la cual todo lo cognoscible existe y es o que es. De ella es
imagen el sol , que en el mundo sensible ilumina y a la vez hace que las cosas
sean.
Como
toda idea es la unidad de un múltiple (por ejemplo, la idea de “hombre”
es lo que hay de idéntico en los muchos hombres sensibles), así la idea
del “bien” es la unidad de lo
múltiple ideal ( o sea que todas
las ideas participan de él.. La dialéctica es la ciencia que, por un
lado, sabe ver el orden según el cual lo múltiple sigue unificado en ideas
cada vez más amplias, hasta en la idea del “bien”; por el otro lado, ve
el orden según el cual la unidad suprema sigue estando dividida en
ideas cada vez más restringidas hasta aquellas que no son ulteriormente divisibles.
(La amplitud-restricción de las ideas consiste en su capacidad para ser
compartidas por una cantidad mayor o menor de entes. Por ejemplo, la idea de
“animal” es compartida por el hombre, el caballo, etc; la idea de cuerpo
participa en la de todos los animales, pero también en la de aquellas
cosas -piedras, casas, estrellas, etc.- que son cuerpos, pero no animales.)
Resumiendo
lo dicho, podríamos sintetizar la teoría la teoría del conocimiento de Platón
en el siguiente esquema:
|
MUNDO SENSIBLE |
MUNDO INTELIGIBLE |
||
|
Imaginación o Conjetura (Eikasía
) |
Fe
o Creencia
(
pistis) |
Discurso o
Raciocinio
(dianoia) |
Intuición
(noesis) |
|
Imágenes
(Sombras
de la caverna) |
Objetos
sensibles
Imágenes
de los porteadores |
Objetos
matemáticos Ciencias
hipotéticas: Aritmética, Astronomía, Música, Geometría. (objetos
nocturnos) |
Ideas Dialéctica: Estudio de las relaciones entre ideas (ascenso y descenso jerárquico) hasta llegar a la unidad, EL BIEN. (sol) Objetos
diurnos |
|
OPINIÓN (DOXA) |
CIENCIA (EPISTEME) |
En
el mundo físico nada permanece, por ello pensará Platón que sobre él nada
podemos saber con seguridad. Sobre lo que pertenece al mundo de los sentidos sólo
podemos tener hipótesis poco seguras, que además están alteradas por
nuestros intereses y pasiones particulares. Sólo podemos tener conocimientos
seguros de aquello que vemos con la razón. Esta es opuesta a la mera opinión
o parecer. La razón busca contenidos eternos y universales que creerá
encontrar en las matemáticas y en la dialéctica. Los círculos podrán ser
imperfectos, pero el círculo ideal siempre medirá 360º o los ángulos de un
triángulo no podrán jamás dejar de medir 180º, o el caballo ideal siempre
tendrá cuatro patas, etc.
VII.
LA SUPERACIÓN DE LA NEGACIÓN PARMENÍDEA DE LA MULTIPLICIDAD DEL SER.
La distinción entre ser sensible y ser inteligible, el reconocimiento de que
tanto lo inteligible como lo sensible están constituidos por una multicidad
de entes y, en general, la afirmación del carácter plural y diferenciado del
ser, exigen que la negación parmenídea de lo múltiple sea definitivamente
superada.
Parménides
niega la existencia de una multiplicidad de entes:
cada uno de éstos no es el ser (así, árbol no significa ser) y por lo tanto
cada una de las cosas que pertenecen al mundo es no-ser. Afirmar entonces que
las varias cosas del mundo existen, significa afirmar que el no-ser es y
por lo tanto significa violar el supremo principio de la razón, por el cual
el ser no es no-ser. Por ello Parménides negaba la existencia de la
multiplicidad de cosas sensibles, afirmando que eran producto de un falso
conocimiento (doxa) proporcionado por los sentidos
Empédocles, Anaxágoras y Demócrito comprenden la imposibilidad de
detenerse en esta negación de lo múltiple -que está presente, manifiesto,
dado en la experiencia y como tal no puede ser negado. Pero no saben
indicar de qué modo puede afirmarse la multiplicidad de los entes, sin verse
a la vez obligados a negar el supremo principio de la razón: Si el ser es no
puede no-ser.
Platón vuelve a proponerse la tarea de mostrar cómo, más allá de la idea
del ser, es posible la existencia de las otras
ideas y de todos los entes sensibles.
En El sofista, Platón distingue dos significados del
“no-ser”: 1) el "no-ser" como opuesto o contrario del ser
(la nada) ; 2) el "no-ser "como diferente del ser
(“no-ser” relativo).
Como
contrario del ser, el no-ser es la nada absoluta. Entendido de esta
manera es imposible que el no-ser sea, y hasta es imposible pensarlo. Platón
está, en este sentido, en la misma línea que Parrnénides. Pero hay también
un segundo significado del “no-ser”. Ciertamente, árbol no
significa ser; y, en este sentido, es " no-ser.". Pero árbol
no significa nada: significa "árbol" y no "nada"; no
significa lo contrario, sino algo diferente
de “ser”.
Al
afirmar, pues, que el árbol es, se afirma que un no-ser es (o sea
existe): pero esto no significa que la nada es, sino más bien que al tener
un significado diferente del “ser” es.
Cada una de las muchas cosas que constituyen el mundo inteligible y el mundo
sensible puede, pues, tenerse por existente, sin que esto obligue a violar
el principio supremo de la razón. Este principio rechaza el principio de la
nada, o sea de lo contrario del ser; pero no rechaza la existencia de
lo diferente del ser. Y la existencia de lo múltiple exige la existencia
del “no-ser”, entendido como diferente del ser. Y la existencia de
lo múltiple exige la existencia del "no-ser"
entendido como diferente del ser (puro), y no como opuesto o
contrario ser puro .
Al afirmar la existencia de lo múltiple, Platón
logra mostrar que el “ser” ya no debe entenderse como el puro
ser parmenídeo (que justamente deja fuera de él lo múltiple, o sea la
determinación del universo), sino como la síntesis entre el puro
ser y las determinaciones. Para Parménides sólo el puro ser es; Platón
muestra que la razón no se niega al afirmar que cada determinación
(o sea cada "diferente" del puro ser) es; “ser” significa,
pues, lo que es, o sea toda determinación que es. La
determinación puede ser ente inteligible, idea
o ente sensible -o sea cualquier cosa que es, pero
empieza y termina de ser, o sea que deviene-.)
Desde Platón en adelante, el ente es esa síntesis entre el algo y
su ser. Y desde Platón en adelante, una "cosa" es un
"ente" en el sentido señalado. La "ontología" es la
ciencia del "ente".
En todo ente, en definitiva, la idea es lo que el ente es, es la esencia de
cada ente.
Si
Heráclito ve que cada cosa es lo que ella es, sólo en cuanto negación de
todas las otras, Platón profundiza esta visión, mostrando cómo la afirmación
de la multiplicidad de los entes no implica, como pensaba Parménides, la
afirmación de la existencia de la nada.
Pero
Platón descubre además que entre las ideas hay una relación más compleja
que aquella en lo que consiste su recíproca negación: aquello por lo cual
si “hombre” no es (y no significa) “blanco” y no es (y no significa)
"caballo", por otra parte, mientras que “hombre” y “blanco”
pueden conjugarse (y esta conjugación se expresa diciendo que “el
hombre es blanco”), viceversa “hombre” y “caballo” no pueden
conjugarse (o sea no puede afirmarse que “el hombre es caballo”). La
“dialéctica” es justamente la episteme, la ciencia
que conoce con cuáles ideas cada idea puede conjugarse y con cuáles
no.
VIII.
LA VERDAD Y LA EXISTENCIA DEL INDIVIDUO.
La filosofía, como elevación de la opinión hasta la verdad, no es sólo el
perfeccionamiento de nuestro modo de pensar, sino que es a la vez el perfeccionamiento
de nuestro modo de vivir. Quien ama la verdad, según Platón, no pone como
fin de la propia vida el goce del mundo sensible. La vida sensible y corpórea
más bien perturba e impide la contemplación de la verdad, la cual se
entrega en toda su pureza cuando el interés que tenemos en nuestro cuerpo se
mantiene aparte y casi se apaga. El eterno ser de la idea que es el contenido
de la verdad, en efecto, lo capta el pensamiento y no los sentidos.
Si
la vida corpórea obstaculiza la visión de la verdad, la muerte del cuerpo
es entonces 1a condición de la pura contemplación de lo verdadero, ya
que la muerte es la separación del alma comtemplativa del impedimento del
cuerpo. La muerte realiza por lo tanto lo que el verdadero filósofo persigue
durante toda su vida, purificando de los sentidos la visión de la verdad.
Fedón
-el diálogo que describe las últimas horas de Sócrates-
está sustancialmente dedicado a la demostración de inmortalidad del alma, ya
que la inmortalidad es la condición esencial de la superación definitiva
y completa de la no verdad de la vida corpórea.
La
demostración de la inmortalidad se basa sobre todo en el significado mismo
del término "alma": con él se designa lo que anima a cada
viviente, aquello por lo cual está vivo todo lo que vive. Por
lo tanto, si algo vive porque
participa de la idea de la vida (al igual que algo es grande porque participa
de la idea de magnitud) el alma es la idea de la vida en cuanto el viviente
participa de ella.
Al
igual que es imposible que la magnitud presente en una cosa grande se
convierta o sea pequeña, de la misma manera es imposible que el alma, o
sea la vida presente en cada cosa viva
llegue a la muerte. Hablar de alma muerta
es como hablar de fuego frío, belleza fea, grandeza pequeña, etcétera.
Como es necesario que el fuego no sea frío, el tres no sea par, etc., de la
misma manera es necesario que el alma no sea mortal.
Para
Platón, no sólo el alma es inmortal, sino que preexiste también
en su unión con el cuerpo: antes de vivir en el mundo
sensible, el hombre vive
como alma y tiene la posibilidad de contemplar el eterno mundo inteligible ,
a cual el filósofo vuelve después de la muerte del cuerpo.
La tesis de la preexistencia del alma está basada en el modo en que se efectúa
el conocimiento humano en el ámbito de la vida sensible. Consideremos, en
efecto, dos cosas iguales: por ejemplo, dos pedazos de madera. Una es la
igualdad de estos dos pedazos de madera (o sea la igualdad sensible), otra es
la igualdad en sí, o sea la idea de igualdad. Pero nosotros llegamos a
conocer esta idea sólo si, en la vida sensible, una y otra vez chocamos con
cosas iguales, como pueden serlo dos pedazos de madera : el conocimiento de la
igualdad sensible nos lleva al conocimiento de la igualdad inteligible.
Pero
somos conscientes de que la igualdad sensible nunca es rigurosa, sino
defectuosa en varios aspectos: con una observación atenta podemos ver que las
cosas más iguales siempre presentan alguna diferencia. La igualdad sensible
tiende a ser como la igualdad inteligible, pero no lo logra. Ahora
bien; si al percibir dos cosas iguales pensamos que esta igualdad tiende a ser
como la igualdad inteligible, pero no lo consigue entonces es necesario que
esta última sea conocida por nosotros antes e independientemente de la
percepción de la igualdad sensible.
Para confrontar lo sensible con lo inteligible es necesario que lo inteligible
sea conocido antes e independientemente de lo sensible.
Esto quiere decir que el conocimiento de lo sensible tiene la función de
recordamos lo que ya conocíamos y que evidentemente habíamos olvidado,
y es necesario el encuentro con lo sensible para que lo inteligible se nos
haga notorio.
En
la vida presente, el conocimiento humano es, pues, reminiscencia (anamnesis),
recuerdo de un saber ya poseído y luego olvidado. Y como el nacimiento
del hombre es también el inicio de su conocimiento sensible, es necesario
que el conocimiento del mundo inteligible -o sea el conocimiento de la
verdad- preexista al
nacimiento. Y ya que el alma es justamente el conocimiento de lo
inteligible, debe afirmarse que nuestra alma preexiste a la vida presente, que
preexiste antes de encarnarse en la materia, en un cuerpo.
El
alma no es sólo inteligencia y razonamiento. También existe en ella la
tendencia a la satisfacción de nuestros apetitos (deseos, instintos,
celo). Esta tendencia no puede identificarse con la parte racional del alma,
que más a menudo está en contraste con ella (como sucede, por ejemplo,
cuando con razonamientos nos prohibimos secundar algunos de nuestros
instintos).
Finalmente hay un tercer aspecto del alma: aquél por el cual nos unimos y nos
rechazamos. También esto difiere de la facultad racional del alma, pero se
distingue también de la apetitiva, tanto que a menudo la desdeñamos por
acciones realizadas bajo el impulso de los apetitos. El alma humana tiene,
pues tres partes: La facultad racional
, la apetitiva y la pasional. Cada parte cumple una función específica y
es necesaria para el ser humano, pero para que este encuentre la armonía es
preciso que cada parte actúe de manera “excelente”, es decir,
virtuosamente. Cada parte, pues, puede actuar según la virtud (areté) o
el vicio. La excelencia de la parte racional es la prudencia;
la de la parte pasional es la fortaleza y, finalmente, la virtud
de la parte apetitiva es la templanza. La armonía total del
individuo se alcanza cuando en él se dan las tres virtudes. Entonces decimos
que un individuo es justo consigo mismo.
Si
la facultad apetitiva es irracional (ya que tiende simplemente a la satisfacción
de nuestros instintos), la pasional, en cambio, es llevada por su naturaleza a
dejarse dominar por la razón siempre que no sea estropeada por una mala
educación.
La
persona justa es aquella en quien la razón domina y guía los
instintos y las pasiones, de manera que unos y otras no le impidan elevarse al
conocimiento de la verdad. En esta
definición del hombre justo, la razón no debe entenderse de cualquier
manera, sino como aquel conocimiento de la verdad que constituye a través
de la liberación de la opinión. Por lo tanto, sólo el filósofo puede ser
“justo “, y esta justicia suya le garantiza, en la vida futura, la pura y
plena contemplación de la verdad.
IX.
LA VERDAD Y EL ESTADO.
Pero esta definición de “ justicia” concierne sólo al individuo: debe
ser integrada en una dimensión más amplia, la de la relación de los
individuos con el Estado.
En
la segunda parte del “mito de la caverna”., el prisionero ha
logrado liberarse de las cadenas y salir de la caverna. Al recordar su vida
precedente, la lamenta y se considera bienaventurado, pero si vuelve a la caverna
e intenta liberar a los que han quedado allí, es inevitable que aparezca como
un intruso y un subversor del orden umbroso que reina allí, y es, pues,
inevitable que en nombre de ese orden lo maten.
Sin
embargo, el filósofo conoce la verdad, hasta el punto de que si él guiase la
vida que se desarrolla en la caverna, ésta se hallaría más acorde con la
verdad y el bien.
Tal es la gran propuesta de Platón: justamente porque la filosofía debe
guiar la vida del hombre, la filosofía debe guiar los Estados. “A los
Estados no les es posible acabar con los males, y tampoco al género humano,
si los filósofos no reinan en los Estados, o aquellos a los que hoy llamamos
reyes y príncipes no practican una genuina y buena filosofía y si no se
conjugan juntos poder político y filosofía y no se expulsa por la fuerza a
todos aquellos que tienden sólo a uno u otra ".
La liberación del hombre, que lleva de la opinión a la verdad, no puede ser
una aventura del individuo singular que como filósofo, se aísla de la
sociedad en la que vive: es la sociedad misma la que debe organizarse con
vista al logro de la verdad y la justicia. Si la liberación del hombre es
un proceso que no compromete sólo al individuo, sino a toda la comunidad,
se trata entonces de aceptar cómo debe estar constituido el Estado para que
sea posible instaurar la verdad y la justicia.
El
aislamiento del filósofo (su no querer volver a la caverna) es inevitable en
aquellos Estados que no se preocupan por vivir de acuerdo con la verdad y el
bien, y son todas aquellas formas de Estado con las que históricamente
Platón tuvo relación. Pero esta crítica negativa de las formas históricas
del Estado debe ser una crítica positiva y conducir a una propuesta práctica
dirigida a la edificación del Estado
ideal.
En esta situación diferente, el filósofo no puede aislarse: aunque
haya experimentado una forma de vida superior a la de regidor del Estado (la
vida fuera de la caverna), es más bien por esta experiencia por lo que no
desea el poder ni la riqueza, y tiene el deber de colocarse como guía
del Estado (o sea volver a la caverna y guiar a los hombres que la
habitan) para que en el bien participe toda la comunidad.
En el Estado ideal, antes que nada debe tenerse en cuenta la naturaleza en
la que cada hombre nace, y que es diferente en cada uno. La afirmación de
la eternidad del alma permite a Platón hipostasiar una vicisitud cíclica de
la existencia, donde las almas se encarnan sucesivamente en vidas diferentes
revistiendo formas humanas o animales y recibiendo después de la muerte el
premio o el castigo por la vida que han llevado.
En
Fedro, Platón describe el comienzo del ciclo, comparando cada alma a
un auriga que en un carro alado guía un caballo bueno y otro malo, en una
divina procesión que mueve a la contemplación del mundo inteligible. Por la
incapacidad del auriga para dominar el caballo malo (que representa una
originaria tendencia a la no-verdad, la parte apetitiva del alma), el alma
pierde las alas y cae a tierra. Encarcelada en un cuerpo, vive un tipo de vida
en proporción con lo que logró contemplar del mundo inteligible. Sólo la
razón del filósofo puede devolver, pues, las alas y remitir el alma al séquito
de los dioses felices.
En
la filosofía de Platón, la existencia del hombre se proyecta, pues, en un
horizonte extremadamente amplio y complejo. El alma del hombre es eterna;
preexiste a la actual vida sensible, y sigue existiendo inmortal después de
la muerte del cuerpo. Pero, en contraste con la concepción mitológica
desde Homero a Esquilo, Platón se esfuerza en poner de relieve cómo es la
misma alma la que decide su propio destino: la inescrutable voluntad de los
dioses no otorga a los hombres al azar el bien y el mal, la felicidad y la
infelicidad, sino que uno y otras son lo que la misma alma quiere. El
alma vive la vida que ha querido.
Si el alma preexiste a
su encarnación , la naturaleza y
el carácter que el hombre posee en su vida sensible son los que .el alma ha
querido ser al encarnarse, y esta voluntad originaria es inmodificable en la
vida presente. Cada uno nace, por lo tanto, con la naturaleza de
agricultor o de artesano, de poeta, de guerrero, de rey, de
filósofo. Pero no toda naturaleza humana puede insertarse en el Estado
ideal. Si, en efecto, se origina porque cada uno de nosotros no se basta a sí
mismo, en él deberá existir la clase de los productores de bienes (agricultores,
artesanos, comerciantes), de los guerreros, para la defensa de los
enemigos exteriores, y de los gobernantes-filósofos; pero no habrá
lugar en él para todas aquellas naturalezas que son la degeneración de las
clases fundamentales (por ejemplo, los tiranos, los demagogos, los sofistas) y
que, al igual que los poetas y artistas, alejan al pueblo de la verdad.
De esta manera el Estado se estructuraría de la siguiente manera:
|
Alma racional |
prudencia |
Filósofos-Reyes |
|
Alma irascible |
fortaleza |
Guerreros |
|
Alma concupiscible |
Templanza |
Productores de bienes
|
Custodios
del Estado, los guerreros y los filósofos forman la clase dominante.
Unido a su propia naturaleza, cada uno nace dominador o dominado. No se puede
pasar de una clase a otra, de una naturaleza a otra , al igual que no existe
transformación de un olivo en un lobo y de un lobo en un hombre. Por otra
parte, la clase dominante no tiene ningún otro fin que el bien de los
dominados, al igual que el fin del pastor es el bien del rebaño. Por lo
tanto, los custodios del Estado no deben transformarse en opresores de la
clase inferior. Con ese fin deben eliminarse todas las ocasiones que puedan
alimentar la avidez y el egoísmo de los custodios; sobre todo se eliminará
toda forma de propiedad privada y la misma familia; en la clase dominante,
mujeres e hijos se tendrán en común y común será la educación. Reyes serán
sólo aquellos que en la filosofía y en la guerra sean los mejores. “Aristocracia”
significa justamente “dominio de los mejores” y es la forma perfecta de
gobierno.
Hay, pues, una estrecha analogía entre estructura del alma individual y
estructura del Estado. A la facultad apetitiva corresponde la clase de
los productores de bienes, o sea aquellos que tienden a la satisfacción
de las necesidades materiales; a la facultad pasional, la clase de los
guerreros; y a la racional, la de los filósofos. Por lo tanto, la
“tempIanza” es la virtud propia de la parte apetitiva del alma y de la
clase de los productores de bienes: consiste en dejarse guiar por a razón,
de manera que el goce de los bienes sensibles no se convierta en el fin último
de la vida. La “fortaleza” es la virtud de la facultad pasional y
de la clase de los guerreros, y consiste en saber afrontar, aun a través
de los dolores, lo que la razón individual y la clase de los filósofos-regidores
del Estado prescriben. La “sabiduría”, finalmente, es la virtud de
la facultad racional y de la clase de los regidores: consiste en la
capacidad de guiar en el individuo las facultades, y en el Estado, las clases
inferiores; y tal capacidad se basa en el conocimiento de la verdad y del
bien.
Al igual que un individuo es justo porque en él las facultades del alma
cumplen la tarea que les es propia, en el Estado se realiza la justicia cuando
cada clase respeta su propia naturaleza guiándola de acuerdo con la virtud
que le corresponde.
No todos pueden
convertirse en filósofos: lo impide la naturaleza de cada uno. En el Estado,
la culminación de la plenitud humana sólo puede ser alcanzada por unos
pocos.
La
educación -que
consiste en la predisposición de los medios que permiten al individuo
alcanzar la propia plenitud humana- está, pues, dirigida a unos pocos,
o sea a los custodios del Estado. Idéntica para hombres y mujeres, e
impartida no por particulares (como por lo general sucedía en la antigüedad),
sino por el Estado. Éste se ocupa del futuro custodio aun antes de que nazca,
preestableciendo los matrimonios entre las mejores naturalezas pertenecientes
a la clase de los custodios) y eliminando a aquellos que nacen con
imperfecciones. Los nacidos según las previsiones del Estado en seguida son
confiados a los lugares públicos de educación, donde sus padres carnales ya
no los reconocen. De esta manera, dentro de la clase de los custodios, padres
de cada joven son todos los adultos, y cada adulto tiene como hijos a todos
los jóvenes.
El criterio general educativo está dado por el armónico desarrollo del cuerpo
y de la mente ( o sea por la gimnasia y la música, entendida exactamente esta
última como educación global del alma), aunque el cuidado del cuerpo y el
del alma no deben ser fines en ellos mismos. El Estado vela antes que nada por
eliminar los peligros que puedan nacer de una mala educación religiosa y artística.
En los poemas de Homero, en los que está basada sobre todo la educación
religiosa de los griegos, los dioses tienen los mismos vicios y debilidades que
el hombre, y se instila de la manera más sutil el terror a la muerte y la vida
del más allá. Es, pues, una educación equivocada, que aleja a los jóvenes de
la verdad y que en el Estado ideal debe ser sustituida por una imagen
apropiada de los dioses (éstos son buenos y no envidian a los hombres) y de
la ultratumba. Aunque no se trata de educación filosófica, incluso en este
nivel más elemental la educación debe dejar entrever el sentido auténtico de
la verdad.
Para Platón, los poetas no sólo cuentan muchas y grandes mentiras, sino que en
sus obras la belleza, en vez de servir como vía de conducta de lo sensible a lo
inteligible, es el vínculo con el cual cierran lo sensible al hombre. El amor a
la belleza, en efecto, en primer lugar sí es amor hacia los cuerpos bellos (por
lo tanto, es amor sexual), pero también es insatisfacción por la simple
belleza sensible y es, pues, tendencia a la belleza de las almas y, finalmente,
a la belleza de la verdad. Amor
(Eros) expresa por lo tanto el sentido mismo de la filosofía. En la poesía y
en las artes, en cambio el amor a la belleza se concreta de manera que impide
la elevación hasta la belleza inteligible,
ya que poesía y arte construyen objetos hechos a imitación del mundo sensible.
Los
guerreros que hayan demostrado particulares aptitudes de inteligencia serán
educados para convertirse en filósofos y regidores del Estado. Después del
estadio de la aritmética, geometría, astronomía y música (como estudio de
las relaciones matemáticas de los sonidos) (Dianoia), la pequeña minoría
que demuestre que sabe captar el uno en lo múltiple será introducida,
no antes de los treinta años, en el estudio de la dialéctica. De los
treinta y cinco a los cincuenta años los filósofos se acercarán a la conducción
del Estado.
El fallo de la educación lleva a la degeneración del Estado. La perfecta forma
de gobierno - la aristocrática- se convierte entonces en “timocracia”
(dominio de la ambición): es la forma de gobierno de los espartanos.
La corrupción de la timocracia lleva a la "oligarquía"
(dominio del patrimonio) y la
crisis de esta última, a la “democracia”, que elimina los
privilegios económicos de unos pocos. A su vez, por un movimiento de reacción
a la excesiva libertad , la democracia es
destruida por el peor de 1os
dominios: “la tiranía”, que sofoca cualquier verdad y libertad.