b) La Rusia de Boris Yeltsin.

 

Boris Yeltsin.

 

Boris Yeltsin y su papel en el hundimiento de la URSS.

 

         Boris Yeltsin fue el principal protagonista del derrumbamiento de la Unión Soviética. Su figura es muy controvertida y ha sido interpretada de muy diversas formas y aún hoy es difícil un análisis sosegado de su política.

Su carrera estuvo unida al PCUS, llegó a ser un cargo importante del partido en Moscú y un firme apoyo de Gorbachov y sus reformas. De aliado político de Gorbachov en la perestroika, se convirtió en su enemigo más encarnizado, fue marginado políticamente por éste por sus ideas radicales. Yeltsin supo resistir y encauzar un movimiento populista y oportunista que encauzó el descontento popular por el fracaso de la perestroika; cuando se decreta el fin del monopartidismo y se realizan las primeras elecciones, Yeltsin es elegido presidente de la República Socialista Soviética de Rusia (la república más extensa de la URSS), desde su cargo perseguirá dos objetivos fundamentales que están muy ligados: por un lado el afianzamiento de su posición y el incremento de su poder, y por otro el enfrentamiento con el líder soviético y padre de la perestroika, la única figura política que tenía por encima. Su momento de gloria  sobreviene con el golpe de Estado contra Gorbachov en agosto de 1991, ante el desconcierto  popular encauzó la resistencia contra la intentona golpista, se subió encima de los tanques en Moscú y arengó a la población desorganizada, entre tanto, Gorbachov, impotente permanecía retenido por los golpistas.  El golpe fracasó y aceleró la descomposición de la Unión Soviética, las distintas repúblicas proclaman su independencia, Gorbachov no tiene nada más que un poder simbólico, es el gobernante de un país que  ya no existe y el 25 de diciembre de ese año dimite como presidente de la URSS, pocos días después se disuelve oficialmente la URSS.  Yeltsin ha cumplido con creces sus objetivos, Gorbachov ha sido derrotado y él, como presidente de una  Federación Rusa ya independiente acumula poderes especiales otorgados por el Parlamento.

La creación de la C.E.I.

       

        El día 8 de diciembre de 1991 Yeltsin por la Federación Rusa, Shushkecick por Bielorrusia y Kravchuc por Ucrania, establecían la Comunidad de Estados Independiente (C.E.I.)  que asociaba a esas tres repúblicas y en la que entraron todas las demás con la excepción de las Bálticas. El objetivo era una asociación entre estados independientes que tenían muy entrelazadas sus economías y era imposible romper todo tipo de colaboración entre ellas. La organización aseguraba la hegemonía a la Federación rusa sobre todo el conjunto, Rusia tenía un potencial demográfico y económico superior a las demás, y las fuerzas militares rusas estarían presentes en los diversos conflictos internos que surgieron como consecuencia de las rivalidades internas. De todas formas la C.E.I., lejos de ser una organización que persigue la integración entre las partes, es algo provisional en tanto en cuanto las diversas partes reestructuran sus economías y sus políticas internas.

Rusia y las repúblicas herederas de la URSS. (Repúblicas autónomas de Rusia en amarillo).

         En la relación entre las distintas repúblicas ex soviéticas con Rusia cabe destacar las tensiones entre Rusia y Ucrania por la soberanía de Crimea, territorio tradicionalmente ruso situado al sur de Ucrania y que Stalin regaló a esta última; de la misma forma y relacionado con la anterior cuestión también encontramos los problemas que el reparto de la flota soviética del mar Negro ha producido entre estas mismas repúblicas.

 

El enfrentamiento con el Parlamento.

 

Aunque el Parlamento Ruso ha otorgado a Yeltsin poderes excepcionales --ante la inestabilidad política y la incertidumbre económica- el entendimiento entre éste y el presidente se caracterizará por el enfrentamiento constante. Esta institución ha sido elegida antes del golpe de agosto y  en ella hay mayoría de comunistas; el Parlamento o duma era también la única institución que podía recortar o frenar el poder de Yeltsin, de ahí que una confrontación entre el presidente y el poder legislativo se presente como algo más que probable en el panorama político ruso. Antes de seguir adelante debemos aclarar que las luchas políticas se producían sin conocer totalmente las reglas de juego de una democracia en un país que se declaraba democrático pero que acababa de salir de más de setenta años de autoritarismo. El conflicto más importante que enfrentó a ambos a finales del 1992 es la elección del primer ministro, Yeltsin supone que eso es una potestad suya y tratará de imponérselo al Parlamento, éste, celoso de su poder, se resistirá. Tras un tira y afloja que dura varios meses Yeltsin disuelve la duma y anuncia la elaboración de una nueva constitución que sería sometida a referéndum, el Parlamento ve en estas decisiones un golpe del ejecutivo contra el legislativo, se resiste y se atrinchera en su sede, como respuesta Yelsin bombardea el Parlamento causando varios muertos, el enfrentamiento estaba zanjado, por lo menos de momento, Yeltsin se salía con la suya, pero esta acción no trajo la estabilidad ni arregló nada.

Bombardeo del Parlamento.

Es de destacar que regímenes presidencialistas y el papel raquítico de los parlamentos se han dado también en las distintas repúblicas ex­soviéticas.

 

La Constitución de 1993.

 

         Supone el nuevo marco político en el que se desenvolvería la vida política de la Federación.

         Tal y cómo Yeltsin había previsto se aprobó una constitución redactada de su puño y letra. En el ejecutivo, como es lógico en ella, se reforzaba el poder del presidente al que se le entrega el control absoluto de la política interior y la exterior; el presidente nombra al primer ministro y a los 137 ministros. El papel del Parlamento queda muy menguado, Yeltsin no está dispuesto a tolerar un nuevo enfrentamiento, los 450 diputados de la duma no tienen casi atribuciones.

Sobre el papel es un sistema democrático, pero en la práctica se posibilita la existencia de un régimen personalista y autoritario que no es controlado por el Parlamento.

 

Las aspiraciones nacionales: el conflicto de Chechenia.

 

         Las distintas repúblicas que componían la Unión Soviética habían obtenido la independencia, todos los grupos nacionales habían sido apoyados por Yeltsin para debilitar a Gorbachov. Pero dentro de la Federación Rusa había también importantes minorías nacionales que, aprovechando la coyuntura, aspiraban a la independencia. Casi todas ellas fueron canalizadas y se evitó el conflicto, pero en el caso de Chechenia, tradicionalmente rebelde frente al dominio de Moscú, el enfrentamiento ha sido inevitable y la única solución ha sido el empleo de la fuerza, solución provisional e inviable a largo plazo.

         La cuestión de Chechenia sería el asunto más espinoso con el que se enfrentaría Rusia. Chechenia es una región del Cáucaso dentro de la Federación Rusa con una acusada personalidad -con lengua propia, historia independiente y religión islámica- y aspira a conseguir la independencia de Rusia. Desde el principio el ambiente se radicaliza ya que a Chechenia llegan integristas islámicos de todo el mundo que engrosan los grupos guerrilleros que conocen el terreno y contra los que el ejército ruso no puede. El país, que se declaró independiente el 11 de noviembre de 1991, desde ese momento es el escenario de sangrientos enfrentamientos en los que los rusos son derrotados en repetidas ocasiones.

La primera guerra chechena (1994-1996) y la derrota rusa.

 

         A partir de noviembre de 1994 Yeltsin decretó una movilización general contra los rebeldes, una operación que, decía, duraría quince días y que se convirtió en una auténtica pesadilla. Los chechenos,  con apoyo georgiano y de los movimientos integristas internacionales constituyen un verdadero ejército y mantienen en jaque al todopoderoso ejército ruso. La crueldad por ambos bandos es tremenda, las atrocidades rusas en la toma de Grozni –la capital chechena- fueron denunciadas por muchos medios de comunicación y organizaciones humanitarias, los atentados suicidas contra los rusos por parte de los chechenos suscitan una respuesta todavía más desproporcionada por parte de éstos. A finales del verano de 1996 se logra un alto el fuego entre las dos partes a cambio de congelar la proclamación de independencia hasta el 2001, durante ese periodo el ejército  ruso tenía que retirarse de Grozni y en ese año se celebraría un referéndum sobre la independencia, en la práctica era un reconocimiento de la derrota rusa y Chechenia siguió funcionando como país independiente en la práctica. Dentro de la parte chechena la situación no era de unanimidad y los enfrentamientos y rivalidades entre distintas facciones creaban un clima de guerra civil.

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Chechenos entre las ruinas.

Vida cotidiana de los refugiados.

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Soldados rusos.

Guerrillero checheno.

La segunda guerra de Chechenia (1999...)

 

La guerra estalló de nuevo en otoño de 1999, ya en tiempos de Putin, cuando rebeldes chechenos atacaron la república rusa de Daguestán, y después de atentados terroristas en Moscú atribuidos a grupos chechenos. Estaba claro que los rusos no habían renunciado a la dominación  sobre ese territorio.

En esta campaña, que se sigue realizando en la actualidad, el ejército ruso ha obtenido éxitos militares rotundos con la toma de Grozni y la conquista de otros territorios. Supone la revancha por la derrota en la guerra anterior. De todas formas la situación dista mucho de estar controlada, lo que desmiente la versión oficial rusa, los rebeldes se encuentran refugiados en las montañas y hostigan continuamente a las tropas rusas que no dejan de sufrir atentados.

Un rasgo característico de las campañas chechenas, que ya veíamos en la primera guerra, es la crueldad y la violación sistemática de los derechos humanos por parte de las tropas rusas, violaciones, saqueos, vejaciones a la población civil, asesinatos en masa de civiles, torturas... han sido denunciados por los medios de comunicación ante la casi total pasividad de la comunidad internacional.

 Chechenia.

 

La situación económica y la situación del pueblo ruso.

 

         Es desastrosa desde 1991, la crisis aguda de la etapa final de Gorbachov se prolonga durante este periodo, y se manifiesta en el descenso de la producción en un 10%, la bajada del PIB entre un 40 y un 50%... Es particularmente alarmante el descenso de la producción industrial. Se ha pasado de la economía planificada a una lucha encarnizada entre los distintos grupos con intereses en el control de determinados sectores, como consecuencia ha proliferado la aparición de grupos mafiosos que actúan casi con total impunidad ante la corrupción generalizada de las autoridades rusas. A finales de la década y ya en los primeros años del nuevo siglo y con Putin en el poder, parece que la situación se ha recuperado algo.

         Los años de Yeltsin presenciaron un nivel de vida bajísimo en la mayoría de la población, a la vez que se producía un aumento preocupante de las diferencias sociales. La mayoría de la población vive en estado de miseria y de desabastecimiento de productos de primera necesidad, el paro es una lacra que se ha extendido por el país.  Como consecuencia de todo esto  el sistema sanitario está colapsado, ha aumentado la mortalidad, el índice de delincuencia y de criminalidad... ante un gobierno que se siente impotente para hacer frente a la situación.

         A la vez que sucede todo esto, se desarrolla una oleada de sentimiento nacionalista e imperialista que pide el engrandecimiento de Rusia y el rechazo de todo lo extranjero, este sentimiento es canalizado por partidos extremistas para aumentar sus réditos electorales, y es una consecuencia de la expansión de la OTAN hacia los países del antiguo Pacto de Varsovia y de los ataques sobre Serbia, tradicional protegida de Rusia.

 

 

         En este ambiente el problema de Yeltsin es encontrar un sucesor dados los graves problemas de salud que le aquejaban, después de muchas tentativas lo encuentra en la figura de Vladimir Putin, que se convierte, para sorpresa de todos los rusos, en presidente a finales de diciembre de 1999, no sin garantizar la inmunidad para Yeltsin y su familia ante las posibles investigaciones de abusos y acusaciones de corrupción.

 

Vladimir Putin.