LOS DUENDES DE MI VIDA

 

 

 

 

DUENDES ALADOS

 

 

 

BUENOS DIAS , AMOR

 

Quisiera contemplarte con los ojos

limpios de un manantial o de una estrella,

pues sólo de este modo lograría

saber que mis pisadas tendrán eco.

Quisiera contemplarte con los ojos

de una gacela virgen, traspasada

por la fiebre y el pálpito abrasado,

convertido en deseo de entregarse en ofrenda.

Quisiera que mis ojos reflejaran

la película bella que has filmado

despertando mi impulso, transmitiendo

no sólo el resplandor de tu mirada

o el hechizo atrayente de tu boca,

sino el río que crece por tus venas

bajo el ala impulsora de tu fuego.

¡Es tan bello el paisaje dibujado

por el vuelo de luz y de armonía,

dejado por la estela del aroma

que viene del volcán de tu latido

que trato de copiarlo, porque anhelo

catapultar al máximo el perfume

que dimana de ti, por si sirviera

para librar al mundo de ese buitre

denominado angustia.

Trato de aupar tu voz, tu transparencia,

por si el aire pudiera contagiarse

de ese tic-tac hermoso que enarbolas

desplegando un paisaje de ilusiones,

apuntaladas por la fuerza noble

de una imaginación que sólo busca

convertirse en cimiento del que anhela

hallar un manantial donde los ojos

encuentren un motor para seguir

pensando que es posible la esperanza.

Necesito la magia de tu impulso,

propulsor de este viento que nos deja,

en medio de esta noche sin estrellas,

el asidero cierto de un relámpago. 

Necesito que temples mi mirada

en el arco tensado por el fuego

capaz de iluminar una sonrisa

en este mundo lleno de cardenchas.

Porque lograste con tu llama pura

avivar en nosotros la esperanza

de un futuro sin nubes destructoras

y pintar en el cielo un arco iris

que nos toma la mano y nos invita

a cabalgar a lo desconocido

con el mismo vigor que una cascada,

te doy la bienvenida,

me instalo en tu atalaya y te saludo

diciendo solamente: buenos días, amor.

 

 

 

HOY NECESITO, MADRE, TU RECUERDO

 

Llega tu voz de océano y me envuelve

como algodón en rama y cauteriza

tanto sueño partido por el rayo

del desamor que habita en la injusticia.

Yo necesito, madre, que el recuerdo

me devuelva tu imagen y tu aliento

aureolado de entusiasmo y ganas

de borrar escorpiones en mis ojos.

Tu afán era tan limpio ,tan hermoso,

que no dudaron nunca mis nostalgias

en extender mis manos a tus aguas

para que las abrillantase el sol

de tu sonrisa, cimentando ilusiones.

Por eso te convoca mi recuerdo

y te ruega que sigas a mi lado

porque es noche en mi aliento, y en mis alas

hizo nido el dolor, al desvelarme

la sinrazón candente que mantiene

izada la amenaza, porque intento

lavar mi desazón en el Jordán

que cada nuevo día nos oferta.

Sólo tu sombra buena me protege,

lo mismo que en los días de mi infancia,

cursando en cada caso un pasaporte

que devuelve a mis venas el sosiego.

Porque las penas llegan y se empeñan

en dejar atrapada entre sus redes

toda resurrección que nos proyecte

un deseo de luz que vitalice

los músculos dormidos por el frío,

abro, de par en par, a tu recuerdo,

cancelas y nostalgias. Necesito

respirar su perfume, instaurarme

en la calma sin olas de sus mares,

lo mismo que el enfermo desahuciado

necesita la magia del milagro.

 

 

 

 

 

TUVO POR LEMA AMAR

 

Le nacieron así: rosal en flor,

ruiseñor cantador para aliviar

tanto desgarro y noche en que nos sume

el dolor hecho herida, llaga abierta,

bañada por un mar de agua salada.

El prescindió de aquellos que portaban

saetas con la punta envenenada,

porque sólo impulsaron a su paso

desolación y campos sin alondras.

El copió de las flores y del alba

que se abren con el día para darnos

lo mejor de sí mismas, y allanarnos,

con el perfume y magia del color,

el tránsito gozoso por la vida.

El caminaba recto entre las zarzas,

hollando las espinas, enterrándolas,

para que el hombre débil y el enfermo

pudieran caminar espacios libres

y aspirar el oxígeno que ofertan

a raudales los campos roturados

después de muchos años de ser bosque.

El era un hombre con las manos limpias,

porque pasó la vida derramando

fuego que destruyeran las cadenas,

lluvia para empujar sembrados y esperanzas,

balcones donde el pobre corazón,

abrumado de angustias y avatares,

pudiera columpiarse y olvidar.

El comprendió que un hombre es algo más

que un buey o una paloma que obedecen

fielmente a sus instintos

sin preguntarse nunca, sin dudar,

si es también lo mejor para los otros.

Por eso el escogió en la encrucijada

el sendero o la góndola que arriva

a puertos donde esperan los que sufren,

para gastar su tiempo y su salud

poniendo entre sus manos la moneda

que precisan las frentes para andar

sin que la duda o penas las perturben.

Por eso le llamaban sembrador

de estrellas y luceros que ponían

norte en los ojos tristes y en las manos

vacías pan y música que alertan

los músculos vencidos por la pena.

El nació para abrir a los caídos

ventanas que conducen a la altura,

porque prendiendo el aire de esperanzas

ofrecía peldaños que llevaban

ansias de hacerse dádiva, de acercar

a todos los que habitan en un mundo

sin sueños, ni futuro, el poderío

con que arrastra y contagia el saberse

arrecife de auroras, portador

de aguas prístinas que hacen fructificar

el rosal del amor a la existencia.

Lo importante era amar, dejarlo escrito

no con letras de imprenta, sino en seres

humanos. Fue su lema y lo sirvió

ofreciendo a cada hombre que encontraba

una verde pradera o un jardín

donde poder oxigenar sus sueños.

 

 

 

 

EL SEMBRADOR DE LUZ

 

Le llamaban José. Eso no importa.

El era un fabricante de escaleras

que acercaban al hombre a los luceros.

Decía pocas cosas, pues pensaba

que lo importante estaba en ser paloma,

en saber acercar al corazón

estrellas que embriagasen los sentidos

y desatasen su caudal de sueños.

Por eso buscó siempre con linterna

o a plena luz, pues la ocasión mandaba,

el vital resplandor que alimentaba

la magia de la yerba que crecía

entre escombros, escorias, en el sitio

donde el hombre no puso la semilla.

El  encontraba allí calor bastante

para blandir su espada, cuando el frío

se empeñaba en dejar su pulso helado

o su sonrisa yerta, proyectando

desolación o angustia en torno suyo.

Fue su universidad vivir sin más,

descubrir que la noche era afluente

de todo germen bello, engendrador

de esa fuerza de luz y movimiento

denominada hermosamente vida.

Nunca asistió a las clases que enseñaron

doctrinas que restaran brillo al sol,

redujeran el tiempo de esplendor

de un clavel o una débil amapola,

o pudieran llevar las ilusiones

hasta el acantilado de la muerte.

 

 

Le bastaba saber que abrir la mano

era tender un puente para aquellos

que estaban esperando un salvavidas,

o una góndola azul donde embarcar

hacia un imperio donde el sol no muere.

José no se paraba en el camino,

porque José nació como  la antorcha

para alumbrar senderos y esperanzas.

Nunca se preguntaba. El avanzaba

lo mismo que el perfume hasta el olfato

para instalarlo en la mansión del gozo.

José cumplía siempre su misión

acercando hasta el pájaro herido

el cauterio de un beso, para abrirle

de par en par la jaula, y despertar

sus ansias de vivir en libertad,

porque José era siempre como el agua

 que nutre a cada planta de una forma

sin que por eso deje de ser agua.

 

 

 

 

 

 

TU NOMBRE

 

Voy a decir tu nombre

y no consigo disfrazarlo

porque intento leerlo con tildes y con ritmo

traídos de otros mundos

donde la luz se enciende para alumbrar

parajes con figuras inéditas

y hasta con mantos hechos                  

con el color-captura

del misterio o la túnica hermosa

de la. sorpresa o el pasmo

que anuncia el clarear

de la noche

y su acabar sumida                  

en la canción hermosa

de tanto alarde noble

que te alhaja para poner  tu suerte

en manos de una historia

que resume tu esencia

y te corona

con dibujos y frases

que te proclaman más que efigie

o bandera,                   

pues tu nombre es el mismo

de una mujer bellísima,

con figura espigada y cuello de gacela,

donde alumbran tus ojos como auroras

porque la sangre nutre,

con su empujón, la savia

de tu mirada limpia

que se posa en los ojos apagados

para darles impulso hasta hacerlo

adentrarse en un mar desconocido

para vivir con fuerza la sorpresa

de tu nombre bellísimo

recorriendo las calles y avenidas

que prolongan el manantial secreto

de tu voz-surtidor

que nos grita con brío

y se remansa

en esta paz interna proveniente

del manantial sereno de tu luz;

motor de mi velero que despliega

y se eleva,

al socaire de tu nombre María.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DUENDES DE CARNE Y HUESO

 

 

EL PUERTO

 

Si su historia quedara reducida

a saludar la entrada de los barcos

o a decirles  adiós cuando se marchan,

resultarla inútil que los puertos

ocupasen un sitio en la memoria.

Un puerto es algo más que una aduana,

que un lugar donde esperas o te apeas.

Un puerto es un balcón para los ojos

que puede liberar al corazón

de creer reducido su horizonte

a este sabor amargo puesto en pie

por la presencia cierta de las vallas.

Porque le es dado al puerto que a los ojos

les sea permitido cabalgar esta quietud

o este bregar hermoso de las olas

que rubrican las fases que componen

la fórmula de la palabra mar,

vamos hasta su dársena, y alzamos,

con el cielo por techo y el horizonte

amplio como las voces que se alargan

en repetidos ecos cuando vagan

por los pasillos de los laberintos,

allí nuestra morada. Así podemos

levar las anclas de la imaginación

y revivir paisajes. Cómo cobran

su dimensión exacta las promesas

que desataron en nosotros dádivas.

Ningún tul es capaz de arrebatarnos

este descubrimiento que fue hermoso

porque quiso tan sólo ser presente.

Saboreo el instante y con su mosto

quedo envuelto en su atmósfera de incienso

y, en su alentar gozoso, me sumerjo.

Llena mi fantasía con los duendes

que poblaron las horas que en el puerto

me vaciaron de sombras y encontraron

el remedio mejor para ahuyentar

la pesadilla de la soledad.

Como un dios poderoso es este puerto

que limpia el corazón excarcelándolo

de presagios y augurios de alas negras.

Recobro de este modo los momentos

en que abrevó mi sed en tu costado

y saciado de ti dejé los remos

quietos como este mar que se halla enfrente,

rumiando en mi interior cómo el silencio

engrandece la ausencia de las olas

comparando este estado de las aguas

con el que vive y goza en el encuentro

el amado al fundirse con la amada.

Sólo en el puerto transcendió mi vida,

porque sólo en el puerto se me dieron

los fulgores que en éxtasis acaban.

El puerto vive en mí, y su presencia

es baluarte y faro, cuando arrecia

en mi vida la pena, y los puñales

del desencanto buscan el corazón.

Porque entonces el puerto, como el símbolo,

nos descubre el rescoldo que transmite,

con sólo su presencia, un asidero,

cuando la niebla borra los caminos.

 

 

 

 

AIRE

 

Cuánta dádiva y beso hay en el aire

cuando restaña el surco que una herida

dibujó con su arado de tristeza.

Queda limpia la frente, porque el aire,

con bálsamo de amor de agua brotada

del oxígeno virgen que lo nutre,

purifica las huellas que el acero

le ha inferido al signarla con sus dientes.

Ya la imaginación alimentada

con el abono y brío, que le llega

de las cimas altísimas del aire,

rotura espacios nuevos, singladuras,

que dan pábulo al vuelo en libertad.

Se inicia así la ruta de la luz,

acompañando al sol en su camino,

compartiendo su misma trayectoria

en su rotar en torno de sí mismo.

Así la frente alcanza los lugares

donde la nieve puede establecer

morada permanente y aniquilar

las huellas que germinan noche y miedo.

Los símbolos de paz izan banderas

al socaire de nuevos manantiales

que hacen brotar la savia del sosiego.

Desnudos de temor, nos enfrentamos,

con el respaldo de la luz por guía,

a descifrar los signos que convierten

al aire en paradigma de la entrega.

Tal vez se nos franqueen las compuertas

que custodian, en su totalidad,

la razón misteriosa del amor.

 

 

 

 

IMAN DE LOS LABIOS

 

Si los labios sirvieran solamente

para poner su nota discordante

en el color que configura un rostro,

resultaría inútil compararlos

a las perlas más bellas, porque entonces

su esplendor quedarla reducido

a ser significante de belleza.

Son desembocadura del lenguaje

que hacen visible al hombre. con palabras,

los peces que decoran su universo,

transmitiendo su música y fulgores.

Los labios portan en sus vuelos mares

que seducen hablando de misterios

y laberintos donde echar las redes

por si atrapar logramos las nereidas

que, con su urdimbre, tejen una historia.

que a la imaginación la pone en vela.

La impronta de los labios catapulta

a navegar su origen y destino,

para saber qué arcángeles le ciñen

su fluir misterioso y enigmático.

Porque arden los anhelos con la llama

que su presencia alienta, y deseamos

que, tras fundirnos en sus aguas rosas,

nos hagan respirar el  ámbar puro

de su resurrección y nueva vida,

alabamos los labios y las fuentes

que hacen brotar espigas y rosales

que nos puedan brindar pan y paisaje

a nuestro exhausto espíritu y latido.

Finisterre llamamos a los labios,

pues su círculo es marco de los sueños,

donde la imagen puede desplegar

sin barreras, ni obstáculos, sus alas.

Porque lanzan sus dardos sin veneno

y apresan con más fuerza que la muerte,

en su corriente interna buceamos

hasta ver reflejada en sus espejos

la incógnita resuelta, al relatarnos

que del amor los labios son el símbolo.

 

 

 

ALAS PARA LA MAGIA

 

Alas para la magia necesito

que está mi corazón en trance místico.

Volteo de campanas por mi sangre

ilumina mi carne transcendida.

Sólo palomas veo en torno mío

limpiando con su vuelo y su presencia

el lastre que dejó la marejada.

Ni siquiera el arrullo es importante

ante este mar que impulsa mi mirada

y provoca el delirio de la entrega

en brazos de una tierra roturada

por el fuego del sol en plenilunio.

Nada más generoso que este amor

que espera solamente hacerse fértil

vaciándose en los surcos calcinados,

ofreciéndose a sí como una lluvia

hasta volver oasis el desierto

de la imaginación, ya al borde casi

de rendirte al imán de poner fin

a una vida privada de horizonte.

Descubrieron mis ojos los umbrales

que desembocan siempre en las praderas

cubiertas de fulgor y ritmo alado.

Me contagiaron con su limpio credo

ennobleciendo cálculos y números,

liberando el haber del ser amado

de vientos que sembrasen en su huerto

desolación, angustia, días tristes,

y plantando en su mente la conciencia

de que es  árbol que da frutos y sombra.

Prístina es la intención porque su zumo

lo engendra un manantial hecho con dádivas

cogidas de la viña del amor.

Por eso yo las puse entre tus manos

para darte con ellas el calor

que precisaba tu cansado pecho

para hacer que tu péndulo ritmase

el tic-tac exultante del que sabe

que tras las nubes grises y la lluvia

quedan las esperanzas fecundadas.

Te ofrecí ser cimiento de tu anhelo,

porque así lograrías desterrar

la sensación de miedo que amenaza

tu ascensión impelida por un fuego

limpio como el caudal que del sol llega.

Se hizo viable así hallar la fuente

que nos regeneraba y nos abría

las puertas donde el goce de la entrega

culminaba en destellos que nos vuelven

germen fecundador de nuevos soles.

Y así confirmarías que este impulso

no es algo pasajero sino el norte

a tanta desazón y noche oscura.

Con tu brújula ya bien orientada

me hablaste con tus manos suplicantes

y tus brazos abiertos de que había

una misión común para nosotros:

un barco que esperaba la señal

para ponerse en marcha y caminar

hacia una estrella nueva que nos nombra

autores de su luz y su latido.

 

 

 

 

VIVIR SIN HORIZONTE

 

Tuve la sensación de que un diluvio

me envolvía en su  atmósfera de noche.

Navegaban mis ojos las tinieblas

de un túnel sin salida, laberinto

que vuelve al corazón en afluente

de ese miedo terrible que atormenta,

porque sabe que nunca la mañana

saludará a sus ojos con un beso.

Oigo caer la lluvia y su mensaje

se hace palpable en mi respiración

convirtiéndola en una estalactita

impasible al vaivén de los anhelos.

Sólo la noche ya es mi compañera,

y andar de nada sirve cuando todos

los caminos son noche que conducen

inevitablemente hacia la noche.

Nada perturba ya tanta quietud

que se asemeja en forma a un erial

que nunca albergará  en su pensamiento

el propósito firme y decidido

de ser revolución ante un destino

florecido de anhelos derrotados

que acepta y reconoce como suyo.

Alzaron sus banderas poderosas

las garras contundentes y mortíferas

que nutren la palabra desamor.

Exángüe me dejaron. Sin estela

donde apoyar mis pies o mi mirada

sin que se resquebraje cuanto toco.

De ahí surge 1a mano que aprisiona

todo ritmo empeñado en ascender

saltándose peldaños y riberas.

Sus carreteras son los bulevares

donde acampan los ríos de la muerte.

Triste momento es éste en el que toma

raíz, en nuestras almas, la certeza

de que ya no es posible  que un relámpago

abra un cauce a la noche que habitamos.

El pensamiento mora en las cavernas

del que busca la luz y ,como Dante,

tiene que abandonar toda esperanza.

Se hace el dolor así herida abierta

donde florece y grana el desaliento

sin que a un viento posible o a una ventana

les sea permitido sacudirnos

del letargo en que sume el aceptar

que no hay resurrección que nos libere

de andar siempre la senda que nos lleva

indefectiblemente, sin remedio,

a un mundo sin futuro, ni horizonte.

 

 

 

 

 

 

TU CARTA

 

Hoy quisiera decirte con mi carta

que de cipreses tengo el alma llena.

 

He leído la tuya tantas veces

que me ha desarbolado de tal modo

que anunciarte ya puedo que soy páramo.

Tengo la boca seca y no me importa

que el cielo no presagie, emborronando

su purísimo azul, que se abrirán

los grifos de las nubes.

 

Tu carta ha aniquilado esa fontana

que alimentaba en mí cauces, resortes

capaces de embrujar mi soledad.

 

Se han quedado sin duendes mis proyectos

y mi desolación luce pletórica

el desmadejamiento

de todas mis palancas empeñadas

en prolongar mis ecos.

 

Me sé campo sin  árboles, ni pájaros,

inmensidad terráquea sin gérmenes

que puedan desterrar de mi horizonte

la amenaza segura de la muerte

sin que les sea dado a los espejos

prolongar una brizna

de este hálito tan mío.

 

Tu carta es un estanque

que arrastra mi velamen hasta el fondo

donde la luz jamás podrá llegar.

 

¿Y qué haré yo sin sol,

si necesito remos

para que las palomas aniden en mis ojos?

 

Caminaré las sombras,

buceará en la noche

seguro de que nunca

saldré del largo túnel

en el que me has sumido con tu carta.

 

 

 

 

 

CARA Y CRUZ DEL AMOR

 

1

 

Tenla ya las velas preparadas

deseando que el viento de tu aliento

impulsase hacia arriba

el vuelo aletargado

por el cansancio y la monotonía.

 

Pero llegaste tú

y desataste las velas de mi anhelo

y me diste un velamen

donde anidar los sueños

que poblaron de rumbos mis deseos

con un amanecer iluminado

por la luz de tus ojos,

por el fulgor latente

de tus manos,

sedosamente suaves,

para mi corazón habituado

a la aspereza de los dientes y heridas.

 

Tú me dejaste limpio tu mensaje,

en forma de caricia

o vuelo puesto en pie,

que me abrió tu sonrisa,

me disparó a la altura

y fue una fiesta inmensa

comprobar que me abrías las compuertas todas,

inaugurando la suavidad de un río

fascinante que embrujaba,

que hacía de mi mar ese remanso

que recobra la esperanza perdida a tu contacto.

 

 

2

 

Pero te fuiste tú,

sin acordarte

que no existen heridas

si tu presencia alivia,

con su color y fuego,

la sensación de saberse arropada

por la esfinge aferrada

a la armonía de tu cuerpo.

 

Pero te fuiste tú

y te llevaste

la magia de tu risa,

el recreo seguro de tus ojos

poblados por la luz de esa ventana

que proyectaba vuelos

con su mensaje de futuro y gracia.

 

No podías marcharte

sin dejar huellas,

sin que pueda cruzar tus recovecos

a través de tus pasos o tus estelas.

No podías marcharte,

pero te fuiste para siempre,

como niebla ante un sol potente y rubio,

y me dejaste

un recuerdo que el tiempo difumina

y enardece lo mismo

que un tesoro que ahonda más tu  ausencia

clavándome tu olvido

cada vez con más fuerza.

 

Te fuiste como un día terminado

y me hiciste palpable

tu adiós definitivo

grabándome con fuego

estas duras palabras

"hasta siempre"

que abrían una sima a mi esperanza.

 

 

 

 

 

 

REINO DE  LOS DUENDES

 

 

 

 

FRONTERA INEXPUGNABLE

 

Sí el canto de sirenas pudiera desvelarnos

al menos una brizna de este dolor intenso

que acumula preguntas ,tal vez al elixir

de los interrogantes que ensombrecen los sueños

le fueran entregadas las llaves de lo ignoto.

Y abierta la ventana del reino de los duendes

un tanto aliviaríamos nuestra respiración,

ritmadora perenne de músicas compuestas

con arpegios nacidos al calor del misterio.

Tal vez las galerías de la imaginación

lograran embullirse en la región celeste

y la luz de la magia se posara en sus labios.

Así liberaríamos de escarcha nuestros pies

y nos sería dada la posibilidad

de adentrar nuestros pasos en el bosque habitado

por tantos vericuetos que llamarle podemos

laberinto o infierno. Y palpable se haría

que son los espejismos, con su moneda falsa,

los que venden verdades donde el sol no se pone,

o estados permanentes donde nunca se nubla

el esplendor de un hálito hecho flor de alegría.

Y más se adentrarían en nosotros las dudas,

y se haría evidente que el fulgor de lo ignoto

seduce como un hada deseo y fantasía,

al tiempo que inaugura la certeza, en el alma,

de que andar laberintos cada vez encadenan

más y más la mirada hasta que la zambullen

en el inexpugnable límite del misterio.