SEPTUAGÉSIMO QUINTO ANIVERSARIO DE LA INAUGURACIÓN DEL EDIFICIO DEL INSTITUTO
Dedicaremos esta breve exposición a hacer un recorrido por la historia del instituto de Albacete, actual IES Bachiller Sabuco, que desde su creación ha conocido tres sedes distintas: el convento de San Agustín, el convento de San Francisco y su emplazamiento actual, cuyo septuagésimo quinto cumpleaños conmemoramos ahora.
1. De los orígenes a finales del siglo XIX.
Los orígenes.
Sobre el año exacto de su creación no existe unanimidad, pero en todo caso inicia su andadura entre el año 1839 y 1840 al amparo de la ley de instrucción del duque de Rivas de 1836, durante la regencia de María Cristina, que aconsejaba la creación de institutos en todas las poblaciones que tuvieran una cierta entidad. Para la creación de un centro de este tipo, en España había poquísimos, era necesario que concurrieran varios factores favorables: petición de la implantación por parte de una institución, por parte de algún personaje de renombre, recursos económicos para su financiación… Hemos de destacar el papel de Don Agustín González Rubio que luchó mucho para su implantación aunando voluntades y convirtiéndose en el verdadero promotor.
El carácter oficial del centro vino reconocido por la real orden de 15 de mayo de 1841. La sede inicial fue el convento de San Agustín, recientemente desamortizado, situado en la plaza del Altozano, donde hoy está la Audiencia territorial. Poco tiempo estaría allí ya que el lugar era inapropiado, así, en el año 1846 se trasladaría al ex convento de los franciscanos, situado en la calle Zapateros, donde estaría ubicado durante 87 años, compartiendo el edificio con otras funciones: unas veces un cuartel, otras la escuela de artes y oficios…
Las décadas centrales del XIX.
De esta nueva andadura tenemos algunos datos, el edificio disponía de una biblioteca que era a la vez salón de actos y cátedra de Dibujo, y un laboratorio de Física e Historia Natural. Las aulas, cátedras se decía entonces, sólo tenían bancos en semicírculo alrededor de la cátedra o lugar donde impartía el profesor. No había sillas, ni mesas ni pizarras.
Desde el punto de vista económico la situación era difícil, siendo la financiación, a menudo, irregular. El instituto se proveía de los ingresos que aportaban los alumnos, de dinero que entregaba la Diputación y el Ayuntamiento (del llamado entonces arbitrio de la saca de cereales), y de las aportaciones filantrópicas de profesores y prohombres de la ciudad. Esto quiere decir que la mayoría de las veces faltaba dinero y era necesario reducir gastos, la forma más sencilla de hacerlo, y la más dolorosa, era anulando asignaturas, tal y como estuvo a punto de suceder en 1860 con la Filosofía.
El director del centro, que lo sería durante varias décadas, era don José María Sevilla, párroco también en San Juan, hombre de una vasta cultura y que dedicó su vida al instituto.
En la década de los sesenta el centro se vio mejorado con la construcción de una torre para observatorio meteorológico, síntoma de que las ciencias experimentales tenían ya un prestigio considerable.
Los años setenta.
A lo largo del siglo el instituto se fue desarrollando en paralelo con la ciudad, y como Albacete, sufrió en el curso 1873-74 una terrible epidemia de viruela que se llevó por delante la vida de varios de sus alumnos. El curso 1874-75 debido a la enfermedad se inició más tarde, el 7 de enero. En el curso 1876-1877 el instituto se vio favorecido por una renovación general del material, se seguían usando los mismos muebles y enseres de 1840. El año 1877 la ciudad de Albacete se vio distinguida con la visita de Alfonso XII, como no podía ser menos, también estuvo en el centro departiendo con los profesores y alumnos. En el año 1879 hizo en este centro su examen de ingreso en bachillerato don Ramón Menéndez Pidal, eximio investigador en el campo de la Historia y la Literatura medievales, aunque por motivos familiares sus padres se trasladaron poco después a Burgos.
Las últimas dos décadas.
En la década de los ochenta señalaremos que se va ampliando el número de alumnos del centro y en algunos casos se llega a los trescientos, de los que más de la mitad eran alumnos libres. El verdadero acontecimiento de esta etapa fue que el centro pasa a depender del Ministerio de Instrucción en 1887, con ello se acaba la inestabilidad económica y la incertidumbre constante sobre su futuro, el ministerio se hace cargo de sus deudas y se proyectan mejoras. Ese mismo año Julio Carrilero, el que sería durante muchos años secretario del centro y padre del arquitecto del edificio definitivo, consigue la cátedra de Dibujo.
De la década de los noventa destacaremos dos hechos, la creación de la cátedra de Gimnasia, y que en 1898 se examina Tomás Navarro Tomás.
2. De 1900 a 1933.
Primera década.
A principios de siglo la denominación oficial es “Instituto General y Técnico”.
El viejo caserón se ve remozado en el curso 1901-1902 con la construcción de un nuevo laboratorio. Es de destacar ese curso porque se inauguró la instalación eléctrica, lo que tuvo que ser un acontecimiento de primer orden. De este curso hemos de resaltar también que en el centro se vuelven a dar clases de agricultura, normal si tenemos en cuenta el entorno de la ciudad, y se inicia el estudio de Magisterio.
Es curioso, pero al iniciarse la centuria, sin saberse el motivo, disminuye el número de alumnos, no pasando de los doscientos.
Como hecho anecdótico y reflejo del clima regeneracionista que se vivía a principios novecientos, uno de los profesores de más prestigio del centro, Don Francisco Albiñana, se ofreció a dar clases gratuitas para los obreros, la preocupación social es evidente.
Segunda década.
En la segunda década del siglo XX aumenta nuevamente el número de matriculados, pasando en el curso 1912-1914 a 591, recordemos que no sería más de un tercio los que asistían a clases, el resto eran alumnos libres. En 1914 al crearse las escuelas normales deja de impartirse magisterio en el instituto.
Si en el curso 1873-74 la ciudad se vio sacudida por una epidemia, en 1917 lo fue por la gripe, dejando un gran número de muertos.
Ante el crecimiento de alumnos el espacio del centro es insuficiente y ese problema lleva de cabeza al claustro de profesores.
Los años veinte.
En el curso 1921-1922 había matriculados 605 alumnos, de ellos sólo 168 lo eran en la categoría de oficial. En esta década la falta de espacio se agrava. Las peticiones de los profesores son atendidas y el 9 de febrero de 1923 se publica el real decreto en el que se aprobaba la creación del nuevo edificio del parque de Canalejas, colocándose la primera piedra el día 13 de abril de 1923, los autores del proyecto son Manuel Saínz de Vicuña y Julio Carrilero Prat, este último hijo del secretario del centro y catedrático de Dibujo y arquitecto municipal desde 1919 hasta 1927.
En el año 1924 se examina en este centro Don Antonio Tovar. En ese curso ingresa con 14 años Don Camilo Gaude que sería un afamado pedagogo albaceteño.
En el curso 1926-1927, durante la dictadura de Primo de Rivera, se aprueba una reforma de las enseñanzas medias, en los institutos se impartirían dos niveles: grado elemental y grado superior. A finales de los años veinte crece todavía más el número de alumnos, las obras del nuevo edificio se prolongaban y el antiguo convento la calle Zapateros estaba en estado ruinoso, la situación era asfixiante.
La inauguración.
La tan esperada inauguración se produce el 6 de diciembre de 1931, con la recién estrenada República, Marcelino Domingo, ministro de de Instrucción y Bellas Artes presidiría los actos, cesaría como ministro nueve días después, el director del instituto era entonces Don Rafael Selfa.
De todas formas el traslado no se produjo hasta los inicios del año 1933 debido a “problemas técnicos”, la alegría del claustro queda patente en el acta del claustro celebrado en febrero de ese año.
Una nueva etapa empezaba.