Etapas de la
Guerra Civil.
Julio Arostegui.
I.
De los inicios a la primavera de 1937 (18 de julio de 1936 a marzo de 1937).
a)
La
guerra de columnas (18 de julio de 1936-7 de noviembre de 1936).
En
el desenvolvimiento militar de la guerra pueden distinguirse tres grandes
ciclos con su carácter específico. Los describiremos sucesivamente.
El primero transcurre desde el inicio de operaciones militares en campo abierto
hasta ocho meses después, marzo de 1937, final de la batalla de Guadalajara, último
intento del Ejército sublevado para controlar Madrid y decidir con ello la
guerra. Sin embargo, este ciclo es el más complejo en todos los órdenes, lo
que obliga a distinguir etapas.
Podría hablarse primero de una fase de guerra de columnas—al estilo
colonial—, grupos de tropas formados con pequeñas unidades de diversas armas,
de escaso volumen y mucha movilidad. Esta es la base de la guerra hasta
noviembre de 1936 al menos.
La República declara disuelto el Ejército y a primeros de agosto intenta crear
otro sobre batallones de voluntarios. Es la época de las milicias, reclutadas
entre las organizaciones políticas y sindicales. Diversas disposiciones, a
fines de septiembre y octubre, acometen la militarización de estas milicias y
se dan los primeros pasos para la creación de un Ejército Popular Regular
sobre la base de las Brigadas Mixtas. Entre los sublevados, las milicias se
militarizarán por decreto de 20 de diciembre de 1936.
En los primeros meses, la guerra es claramente desfavorable para la República.
Navarra y Sevilla son los dos grandes centros difusores de columnas rebeldes,
centros que forman, respectivamente, el ámbito de mando de Mola y Franco.
No había un mando unificado, puesto que la muerte de Sanjurjo en accidente aéreo
privaba a la rebelión de su jefe reconocido. El objetivo esencial para los dos
generales citados era Madrid, pero también se enviaron fuerzas contra objetivos
complementarios.
Desde Pamplona, columnas compuestas de soldados, fuerzas de orden público, requetés
y, menos, falangistas, parten hacia Somosierra (García Escámez), Guipúzcoa (Beorlegui),
Zaragoza (Utrilla). En Valladolid se organiza la columna Serrador, a la que se
suman efectivos navarros, que llegarán al Alto del León, en la sierra de
Guadarrama.
Sin embargo, la expansión de Mola sobre Madrid queda detenida por las milicias
republicanas creadas en la capital —donde se integran también fuerzas
regulares—en los pasos de la Sierra.
En la zona sur, el éxito de un ejército tan entrenado como el de Africa, con
la Legión Extranjera y las unidades de marroquíes, es mucho más fulminante y
también aquí se contará con efectivos de milicias. Con centro en Sevilla, los
sublevados amplían y consolidan su dominio de la Andalucía del Guadalquivir y
establecen conexión con los sublevados de Granada.
Pero lo absolutamente decisivo para la marcha de la guerra es el paso del Ejército
de Africa a la Península por el estrecho de Gibraltar, gracias a la primera
ayuda exterior a uno de los combatientes, en este caso la de Alemania e Italia.
A partir del 5 de agosto el transporte por mar de esas tropas se consolida.
Columnas mandadas por Asensio y Castejón, a quienes se sumarán después Tella
y Yagüe, avanzan hacia el norte por Extremadura. El 11 de agosto ocupan Mérida;
el 14, Badajoz, y penetran después en la provincia de Toledo. El 3 de
septiembre ocupan Talavera, nudo estratégico de gran valor, pero entonces
Franco se inclina por acudir en socorro de los sitiados en el Alcázar de
Toledo.
El 9 de septiembre se efectúa, a través de la sierra de Gredos, el enlace
entre las fuerzas sublevadas del Norte y del Sur; el territorio y el Ejército
rebelde quedan unificados en un solo bloque.
Habiendo triunfado también en Toledo —Varela desbloqueaba a Moscardó el día
28—, se daban las condiciones y se imponía la designación de un mando único
en las fuerzas rebeldes.
El elegido fue Franco, en un proceso del que hay diversas versiones. El 1 de
octubre, Franco se convierte en Jefe del Gobierno del Estado (sic).
A primeros de octubre, los combates alcanzan la provincia de Madrid. El 21
ocupan los sublevados Navalcarnero y el 29 se produce el contraataque
republicano —anunciado en un manifiesto del jefe del Gobierno (!)— de
Illescas, donde aparecen por vez primera armamento y asesores soviéticos.
A la altura del 6 de noviembre, las columnas reagrupadas y reorganizadas bajo el
mando de Varela se encontraban en los arrabales de Madrid. Mientras tanto, en
los demás frentes, salvo el de Aragón, los progresos rebeldes eran también
incontestables.
En Andalucía, el general leal Miaja se detiene ante Córdoba, aunque había
recuperado Albacete. De Baleares, la República sólo conserva Menorca.
Desde Navarra se efectúa el ataque a Guipúzcoa, donde cae Irún el 5 de
septiembre y San Sebastián el 13, quedando el frente establecido ante Vizcaya,
sobre el río Deva, en octubre. En Asturias, por fin, los republicanos no pueden
superar la resistencia de Aranda en Oviedo y la columna enviada en su socorro
desde Galicia consigue levantar el cerco.
b)
La
batalla de Madrid (7 de noviembre de 1936/marzo de 1937).
La
batalla de Madrid fue un conjunto de acciones durante cinco meses de
combate, ciclo al que pertenecen las operaciones del Jarama y Guadalajara.
La lucha en torno a Madrid comporta el primer gran revés para los planes de
guerra de los sublevados y condiciona decisivamente la prolongación del
conflicto.
La ayuda extranjera jugaba ya su papel —Legión Cóndor alemana, aviación
italiana, armamento y asesores rusos, Brigada Internacional—y la República
mostraría una capacidad de resistencia insospechada poco antes. El frente de la
sierra madrileña no habría de sufrir modificaciones sustanciales hasta el
final de la guerra. El ataque frontal de las fuerzas de Franco se produciría
entre el noroeste y sureste de la capital.
La batalla por Madrid comenzó el 7 de noviembre. La ciudad se mostraría
inexpugnable. En ello jugó un papel importante la ayuda extranjera en hombres y
pertrechos.
El enemigo y los chauvinistas extranjeros han exagerado esa circunstancia. Los
milicianos pelearon en Madrid como no lo habían hecho antes, la propaganda
funcionó eficacísimamente para mantener la moral, la Junta de Defensa de
Madrid—sobre la que se acumulan los errores de los autores y los
enjuiciamientos sectarios—creada el mismo día 7, presidida por Miaja, general
jefe de la Defensa, canalizó el esfuerzo de guerra. Abandonada por el Gobierno
el día 6, tal vez por ello mismo aumentó su capacidad de resistencia.
Los atacantes llegaron a cruzar el Manzanares y ocupar parte de la Ciudad
Universitaria, pero ahí fueron detenidos. Se emprendió entonces por Franco la
alternativa de las maniobras envolventes para el aislamiento de la capital. Por
el Jarama para cortar la carretera de Valencia, a partir del 6 de febrero.
Fracasado este objetivo, se monta la operación desde la zona de Guadalajara,
desde donde parte la ofensiva el 8 de marzo con un fulminante avance del cuerpo
expedicionario italiano, el CTV. Detenido éste, los republicanos lanzan una
contraofensiva que hace fracasar la operación, aunque el frente no es repuesto
en su posición original.
El descalabro italiano era una victoria moral y demostraba la entidad de la
ayuda italiana a los rebeldes En otros frentes, sin embargo, el éxito no fue
parejo.
El 8 de febrero se había perdido Málaga —donde intervinieron por vez primera
tropas italianas—y el ataque vasco sobre Villarreal de Alava, en diciembre, no
trajo resultados sustanciales.
II. La etapa central y decisiva de la Guerra (Abril-mayo de 1937
a noviembre de 1938).
En torno a abril-mayo de 1937 comienza un segundo y largo
ciclo central de la guerra, que culminará con el final de la batalla del
Ebro en una situación de práctica derrota de la República, en noviembre
de 1938. En el origen de este segundo momento hay importantes acontecimientos
políticos, de organización militar y diplomáticos, en ambos bandos.
Se partía de un relativo equilibrio de fuerzas. Pero durante veinte meses de
guerra el equilibrio se fue deshaciendo progresivamente en favor de los
insurgentes.
a)
La
caída de la franja cantábrica (abril-octubre de 1937).
El
primer gran revés republicano es la conquista por Franco de toda la cornisa
cantábrica, Vizcaya, Santander y Asturias, lo que se consuma entre abril y
octubre de 1937. Al final de marzo empieza el ataque a Vizcaya con un ejército
en el que juegan gran papel los requetés carlistas, artillería y aviación
alemana e italiana, tropas italianas, que acabarían cosechando una nueva
derrota en Bermeo, y los magníficos fusiles alemanes que tienen los
requetés.
El 26 de abril sucede el célebre hecho de la destrucción de Guernica por la
aviación rebelde. El 19 de junio es tomada Bilbao. Después, los batallones
nacionalistas vascos capitulan su rendición a los italianos en Santoña, como
cuenta el cura Onaindía,
cuando le han dejado sus correligionarios. Santander es ocupada en agosto y
Asturias, tras duros combates, en octubre.
Para contribuir a la disminución de la presión rebelde en el Norte, la República
emprende ofensivas en otros frentes. Este sentido tiene la operación sobre
Brunete, en julio de 1937, y en Aragón, en agosto.
En este último frente, las milicias catalanas, compuestas fundamentalmente de
anarcosindicalistas, con jefes como Durruti y Ascaso, habían hecho retroceder
el frente primitivo hacia el Este en 1936, llegando cerca de Zaragoza y sitiando
Huesca. Ahora se desencadenaría un fuerte ataque a la altura de Belchite, donde
se formaliza una gran batalla sin un resultado final que introduzca variaciones
esenciales.
Perdido el Norte para la República, la guerra se reanuda en diciembre de 1937.
b)
La
guerra en la primera mitad de 1938.
Durante
un año crucial, 1938, uno y otro bando se esfuerzan en conseguir la iniciativa.
El Estado Mayor del Ejército republicano tiene ahora a su frente a un gran técnico,
Vicente Rojo.
La nueva etapa comienza con la lucha en torno a Teruel, a iniciativa
republicana, para impedir una nueva operación sobre Guadalajara, vía a Madrid,
proyectada por Franco. La batalla de Teruel comienza el 15 de diciembre con
iniciales éxitos republicanos, que expugnan la ciudad el 7 de enero de 1938.
La guerra se va a fijar entonces en el frente aragonés-levantino durante muchos
meses, con operaciones secundarias sólo en Extremadura. Franco planea y ejecuta
una gran ofensiva en el bajo Aragón, que dará lugar primero a la llamada
batalla del Alfambra.
El 22 de febrero reconquista Teruel. En marzo, la lucha se traslada a la zona
sur del Ebro y en una larga serie de operaciones el ejército de Franco logra
desbaratar completamente el frente de Aragón, ocupando la vertiente sur del
Ebro, el Maestrazgo y alcanzando el mar en Vinaroz, el 15 de abril.
Al norte del Ebro es igualmente efectivo el avance hacia el Este, que alcanza a
Lérida, dejando el frente establecido sobre la línea del Noguera-Segre. El
territorio republicano quedaba de nuevo partido, dejando a Cataluña aislada.
Entonces, Franco orienta su ofensiva en la región levantina hacia el Sur, con
la intención de llegar hasta Valencia. En línea desde el Maestrazgo hasta la
costa, avanza en dirección Norte-Sur. Los combates, cada vez más duros, se
suceden entre abril y julio de 1938.
El gran esfuerzo frontal del Ejército franquista se agota en las defensas de la
sierra de Espadán, con un tremendo desgaste de ambos bandos, antes de que la
ofensiva desencadenada por el Ejército republicano en el Ebro, el 25 de julio,
cambie el escenario central de la guerra.
c)
La batalla del Ebro (26 de julio de 1938-15 de noviembre de 1938).
En
efecto, la última gran batalla de la guerra comienza en esa fecha con el paso
del río por un ejército bien preparado, en el gran recodo que el Ebro describe
entre Mequinenza y Cherta. El avance republicano tierra adentro en la margen
derecha del río sigue hasta el día 30, pero entonces se detiene con resultados
mediocres.
En cualquier caso, la gravedad de la situación hace que Franco acumule
refuerzos en la zona y se lance a la contraofensiva desde el 10 de agosto.
Las batallas más duras se producen en septiembre y los franquistas van
reduciendo la bolsa sobre el río. La lenta recuperación de territorio continúa
en octubre y la definitiva contraofensiva comienza el día 28, el mismo en que
las Brigadas Internacionales se despedían de España en Barcelona. El día 15
de noviembre, las últimas fuerzas republicanas repasan el Ebro.
III. La última
etapa de la Guerra (15 de noviembre de 1938-28 de marzo de 1939).
Se
entraba, pues, en el último ciclo de la guerra, breve y de escasa actividad bélica,
que culminaría con la descomposición política interna de la República, hasta
concluir con el golpe de Estado del coronel Casado en Madrid, a primeros de
marzo, rebelándose contra el Gobierno Negrín.
El 23 de diciembre inició Franco su ofensiva final en Cataluña. Ocupadas Lérida
y Tarragona, Barcelona fue bombardeada —no por vez primera, desde luego—a
mediados de enero, y el día 26 cayó sin lucha.
Aunque aún hubo algún combate más al norte, la única posibilidad de
resistencia de la República se encontraba ahora en la extensa zona
Centro-Este-Sureste, que aún controlaba, que era lo que entendían debía
hacerse Negrín. y los comunistas
Febrero fue un mes dramático, por la sorda lucha entre los partidarios de
continuar la guerra a todo trance—con la esperanza de contar con un conflicto
generalizado en Europa que se reputaba inminente—y los que querían pactar con
Franco una paz humanitaria al menos. Pero éste promulgó la Ley de
Responsabilidades Políticas, que no daba pie a la esperanza precisamente.
En la región Centro, por tanto, ya no se combatió. Casado, el 5 de marzo,
creaba un Consejo de Defensa (frente al Gobierno), presidido por Miaja
y compuesto de socialistas, anarquistas y algún republicano.
El enfrentamiento con los comunistas era una de las causas. Pero estos hombres
cometían la ingenuidad de pensar que Franco podía pactar con ellos. No sucedió
así, y las tropas de Franco entraron en Madrid el 28 de marzo.