Evolución política del bando sublevado.

 

 

 

l. La militarización de la sociedad.

 

Signo muy distinto tuvo la evolución política en el bando rebelde. La muerte del general Sanjurjo en accidente de aviación, el día 20 de julio de 1936, cuando se dirigía a Burgos para encabezar la rebelión, puso en primer plano la figura de Franco, a quien solamente podían hacer som­bra figuras como Mola, quien también fallecería en junio de 1937.

La junta técnica, creada por los rebeldes en Burgos, funcionó como em­brión de un nuevo gobierno; hasta que en septiembre de ese año una reunión de generales en una finca de Salamanca acordó nombrar a Fran­cisco Franco generalísimo y jefe de un nuevo Estado aún sin definir. En los meses siguientes, Franco -designado interlocutor privilegiado por Hitler y Mussolini y jefe incontestable de las tropas marroquíes- lograría ha­cerse con la jefatura política y militar del nuevo Estado.

La sublevación, que en el sur se había hecho al grito de "Viva la Repú­blica", fue adquiriendo nueva orientación cuando Franco adoptó en agos­to la bandera roja y gualda y oficializó el grito de "Viva España", con lo que se ganaba la adhesión de monárquicos de distinto signo. La inexis­tencia de una dirección clara en la Falange -preso en Alicante su líder, José Antonio Primo de Rivera, que sería juzgado y fusilado en noviembre­ le permitió, con el concurso de Ramón Serrano Súñer y más tarde del líder falangista Raimundo Fernández Cuesta, ponerse a la cabeza también de ese cada vez más numeroso contingente. Con respecto a la CEDA, aun­que Gil-Robles se adhirió con entusiasmo a la sublevación y se puso a las órdenes de Franco, este no permitiría su presencia en España y, al igual que el dirigente carlista Fal Conde, permanecieron retirados en Por­tugal. Mala, por su parte, tampoco había permitido a don Juan, hijo del destronado Alfonso XIII, permanecer en sus filas.

 

2. La unificación política.

 

De hecho, todas las actividades políticas habían sido suspendidas en sep­tiembre de 1936. A comienzos de 1937, toda la España sublevada esta­ba disponible para ser liderada por el general más prestigioso, y este era Franco. En febrero de 1937 estableció como himno nacional la Marcha Real, y a finales de mes, tras algunas refriegas entre falangistas en Sala­manca y la condena a muerte del jefe nacional de Falange, Manuel Hedilla, el generalísimo se constituyó en jefe nacional del partido único que, con el nombre de Falange Española Tradicionalista y de las Jons, surgía para agrupar políticamente a toda la España rebelde a la República.

 

3. El nuevo estado totalitario.

 

Aún seguiría funcionando unos meses más la junta técnica creada en Bur­gos, pero en enero de 1938 se constituyó el primer gobierno del nuevo Estado.

A partir de ese momento, el poder en todos sus aspectos radicaría en el cuartel general del Generalísimo.

El primer gobierno de Franco constituía un agregado de las fuerzas con­servadoras, compuestas por tradicionalistas, falangistas y, sobre todo, militares.

Como remate del proceso de legitimación de la guerra, el episcopado español se dirigía en julio de 1937 a los católicos del mundo con una carta colectiva, escrita por el cardenal Gomá, en la que explicaba la na­turaleza religiosa de la guerra. Quería desautorizar, a petición de Fran­co, a un sector de la intelectualidad católica extranjera que, sobrecogido por la represión ejercida por los nacionales sobre algunos grupos de militancia católica, se empeñaba en desvelar motivaciones menos con­fesables de la contienda. A pesar de su opción por el Movimiento Nacional, la pastoral no significaba un cheque en blanco; al contrario, per­mitía entrever los recelos de la Iglesia ante la estructuración totalitaria del nuevo Estado conforme al modelo de sus amigos, las potencias fas­cistas de Europa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto extraído del manual de Historia de España de 2º de bachillerato de la editorial Anaya. Toledo 2001.